Los primeros 4 versículos del evangelio de Lucas, nos muestran el propósito de todo el libro. Allí vemos como Lucas amplia sus habilidades, pues siendo ya un médico, se convierte en un historiador, por cierto, uno muy bueno y digno de toda confianza.

Muchos habían querido escribir, de manera ordenada, los eventos que dieron lugar a la fe que ahora profesaban. Seguramente estos muchos habían fallado en su tarea, y eso fue lo que llevó a Lucas a tomar la ardua labor de investigar y escribir.

Aquellos que han hecho un poco de investigación de cualquier tema, ya sea por asignación de la escuela o por deseo propio, saben que, sin duda, es una ardua labor, implica muchas horas de trabajo, de no dormir, de no descansar, de mucho leer y de una gran cantidad de perseverancia y paciencia.

La motivación de Lucas

Aunque el trabajo era difícil, había algo que motivaba a Lucas en esta tarea: la verdad. Su interés era que el «excelentísimo Teófilo» conociera de manera correcta el fundamento de su fe, «la verdad precisa acerca de las cosas que te han sido enseñadas».

Pero no solo Teófilo fue beneficiado con este escrito, también millones de cristianos a lo largo de la historia han leído el evangelio de Lucas, y con ello, han fortalecido su fe.

Pensar en todo el trabajo del médico Lucas, debe hacernos meditar un poco en lo hay en nuestro interior, es decir, en considerar si a fin de exponer la verdad de Cristo ante los demás somos esforzados o negligentes, perseverantes o perezosos.

Pensemos en todas las personas que están a nuestro alrededor, seguramente, para muchos de ellos somos un punto de referencia, somos a quien buscan para pedir consejo sobre algún aspecto de la fe cristiana. Los padres son los guías de sus hijos, los hermanos mayores de los hermanos menores, los abuelos y tíos de los nietos y sobrinos, los líderes de discipulado de los alumnos, etc.

¿Has pensado alguna vez el peso, la gran responsabilidad que tienes al ser quien muestra la verdad de Cristo a otros?  No estamos hablando de enseñar como cocinar, como asear la casa, como armar una silla o una mesa, como cambiar un bombillo, todo esto es muy bueno, pero su utilidad acabará el día que se muere. Enseñar sobre la verdad del evangelio de Cristo es algo que perdurará, es algo que se extenderá más allá de esta vida, es algo eterno.

Esfuérzate

Entonces, si es de tal magnitud la responsabilidad que tienes, ¿por qué no te esfuerzas en investigar, en aprender, en conocer?

Mostrar la verdad del evangelio de Cristo requiere esfuerzo, dedicación de tiempo en leer buenos libros, escuchar buenos sermones, conversar con creyentes que tienen mayor conocimiento. Además de esto, también implica ser fiel en congregarse cada día del Señor con la familia de la fe, para aprender bajo la autoridad de la Palabra leída y predicada, con la alta teología de los cantos congregacionales en la iglesia, al ver el evangelio mediante los sacramentos (bautismo y cena del Señor).

Puede haber muchas excusas para no ser diligentes en aprender más del Señor, falta de tiempo, mucho trabajo, enfermedad, falta de dinero, bueno, un sinfín de obstáculos se podrían enumerar; pero te aseguro que Lucas no hizo su investigación confiando en sus propias fuerzas, el Espíritu Santo lo guío y fortaleció. Del mismo modo, descansa en la fuerza que el Dios trino quiere y puede darte.

Queridos hermanos, es el deber de todo hijo de Dios el ser diligente en estudiar la verdad de Cristo. Piensa en como ese esfuerzo de Lucas estaba dirigido para bendecir a Teófilo, pero a lo largo de los años ha bendecido a otros. Del mismo modo, tu esfuerzo en ser un estudioso de la Palabra, pensando en bendecir a unas cuantas personas, podría resultar en una bendición de multitudes en el futuro. ¡Ánimo!

Oremos

Señor, muchas veces puedo ser negligente en mi labor de estudiar Tu Palabra, y, aunque puedo tener mil excusas, ninguna en verdad tendrá peso. Por eso te pido perdón. También te pido que el Espíritu Santo me ayude a tener la fuerza para aprender quien eres Tú y la verdad de Tu evangelio, de modo que tenga la preparación adecuada para compartir con los demás las maravillas de Cristo. Amén.

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Rudy Ordoñez es hondureño, es parte de la Iglesia Presbiteriana Gracia Soberana, en Tegucigalpa, Honduras, y está en proceso de ser ordenado como pastor gobernante. Además, sirve como Director Editorial en Soldados de Jesucristo. Apasionado de la iglesia local, historia de la iglesia y apologética, le gusta leer mucho y escribir un poco de todo. Trabaja en el sector bancario en el área de analítica y gobierno de datos. Rudy está casado con Ehiby y tienen dos hijos: Benjamín y Abigail.