La semana pasada compartí con ustedes la introducción a este tema. Hoy quiero continuar y concluir con algunas preguntas que espero te ayuden en tomar la decisión de dar o no escuela en casa.

¡No sé cómo enseñarle a un niño!

¿Estás segura? Piensa en tus hijos y contesta estas preguntas: ¿Quién les enseñó a comer solos? ¿Quién les enseñó a ir al baño? ¿Quién les enseñó a saludar, a decir gracias, a lavarse los dientes, a orar antes de comer? Todos los días estamos educando a nuestros hijos, desde que nacen.

Como madres, El Señor nos ha dado la capacidad de ser educadoras, está en nuestro diseño (Prov. 1:8). Piensa en todo lo que tu madre te ha enseñado, la mayoría podemos recordar enseñanzas más valiosas que solo el abecedario; todas esas cosas nos fueron enseñadas por amor.

Yo podría ser la persona más interesada en que mis hijos aprendan bien lo que deben saber, pues los amo, y ese amor me motiva a esforzarme. He tenido que venir delante de Dios con una nueva petición, no me siento capaz, pero Él está presto a ayudarnos siempre que lo solicitamos.

Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada (Stg. 1:5).

¿Y si a los niños no les gusta la educación en casa?

Este punto es algo delicado, y tal vez mi forma de pensar incomode a alguna lectora, pero es algo que El Espíritu Santo me ha llevado a comprender y a aceptar. En este tiempo donde queremos ser “amigas de nuestros hijos” y queremos incluir sus opiniones en nuestras decisiones para que ellos se sientan “importantes o incluidos”, es común que la idea de que al niño no le guste el método nos preocupe mucho.

Pero quiero regresarte al punto donde recordamos que son niños, no podemos dejar una decisión tan importante en manos de los sentimientos o gustos de un niño. Debemos recordar quién está a cargo y los únicos que deben estar de acuerdo en cómo educar a tus hijos deben ser tu esposo y tú, nadie más, ni siquiera tus hijos pues los niños desconocen muchas situaciones de fondo que nos empujan a tomar ciertas decisiones.

Cuando el niño ya ha asistido a una escuela regular puede ser que haya más resistencia, pero en la mayoría de los casos los que nos resistimos somos los padres, asumimos cosas por ellos y después vemos con sorpresa cómo nuestros hijos se adaptan rápido a todo y comienzan a descubrir las ventajas del sistema por ellos mismos, como desde poder estudiar en pijamas, hasta tener jornadas más cortas con tardes libres de tareas.

¿Y si no funciona?

Ese temor me paralizó por un tiempo, pero he aprendido a ser práctica. ¿Has conocido a alguien que se haya muerto o que haya fracasado en la vida por perder un año escolar? Yo no. Así que, si no funciona, regresamos a la escuela y se acabó el problema, no pasa nada.

Creo que la vida ya es bastante difícil y compleja como para que le agreguemos drama a algo que no lo amerita. Lo intentamos y no funcionó por las razones que sea; si te das cuenta que el homeschool, el educar en casa, no es para tu familia, está bien. Tu niño estará bien y tú al menos sabrás que lo intentaste. Te aseguro que, aunque creas que fracasaste, tu hijo habrá aprendido cosas nuevas ese año en casa, recuerda que todo ayuda para bien a los que amamos a Dios (Rom. 8:28).

¿Y la socialización?

Es increíble cómo limitamos en nuestra mente las diferentes formas en que nuestros hijos socializan y lo reducimos solo a la escuela, de hecho, si tus hijos solo socializan en la escuela creo que eso es un problema.

Los seres humanos socializamos en todo sitio a donde vamos y es en la casa donde se nos enseñan las reglas básicas de socialización. Cuando ves a un joven entrar a un lugar y no saludar ¿qué piensas? ¿Qué no se lo enseñaron en la escuela? No, pensamos ¿que no lo enseñaron modales en su casa? y efectivamente es así.

Nuestros hijos se relacionan con otros niños en muchos ambientes. En primer lugar, se relacionan en la familia, con sus hermanos, primos, amigos de los primos, etc. Luego en el vecindario, con los vecinos y amigos cercanos; en la iglesia con los hijos de nuestros hermanos en la fe, en clases extracurriculares que ahora la mayoría de los niños tienen y es una oportunidad que el homeschool da, pues, al no pagar una colegiatura cara, puedes pagar clases de arte o deporte para tus niños y darles nuevas experiencias de interacción.

Debemos ser intencionales y buscar oportunidades a nuestros hijos para que hagan relaciones interpersonales con otros niños, recordando que las habilidades para relacionarse con sus semejantes las enseñamos nosotros, además que cada niño trae su personalidad; algunos son muy extrovertidos, amigables, otros no tanto, y eso no depende de si están o no en la escuela.

¿Puedo trabajar y educar a mis hijos en casa?

A esto contestaré: “Depende”. Depende de muchos factores, como el grado en el que está tu niño, el trabajo que realizas fuera de casa, el tiempo de tu jornada laboral y la flexibilidad de tus horarios, por mencionarte algunos.

En lo particular te contaré que yo tengo un trabajo de medio tiempo donde mis horarios son flexibles. Eso me ha permitido organizarme de tal modo que por la mañana estoy con mis hijos en casa y trabajo por la tarde. Trato de agendar mis ocupaciones siempre después de la jornada escolar y aunque suena fácil no lo es para nada.

Muchas veces he querido renunciar a mi trabajo porque siento que no estoy poniendo el suficiente empeño en las clases de mi hijo, sin embargo, cuando lo pienso con cabeza fría y me organizo mejor, he visto que puedo hacer ambas cosas.

Sé que no todas podemos dejar de trabajar, cada hogar tiene su propia realidad. Si tu niño apenas va a iniciar la escuela, es esencial estar con él al menos los primeros 2 o 3 años. Cada año que pasa, ellos se van volviendo más independientes y eso te da libertad para dejar asignaciones para revisar y corregir a tu regreso a casa.

También existe la posibilidad de contratar un tutor si son varios niños, es probable que haciendo cuentas les sea más económico hacerlo así que pagar una escuela privada, más los gastos de movilización que eso implicaría. A decir verdad, no es imposible hacer ambas cosas si te sabes organizar y redimes el tiempo

Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos (Ef. 5:15-16).

Sé que muchas han tenido que asumir el educar en casa de golpe, por la pandemia, y han tenido que lidiar con estos temores sin tiempo para prepararse. Realmente es admirable ver cómo muchas madres debieron tomar la batuta de la educación de sus hijos en medio del teletrabajo o el desempleo, las compras de emergencia, el temor de enfermarse o incluso en medio de la enfermedad o la pérdida de un ser querido.

Sin dudas este año ha sido duro, pero El Señor no nos ha dejado ni nos ha dado una tarea que no podamos realizar. La incertidumbre por la pandemia de COVID19 continúa, muchas temen el regreso a la escuela y se preguntan qué otras opciones hay. El homeschooling, el educar en casa, es una opción que gracias a Dios para mi familia ha sido muy buena.

Pienso que el primer paso a dar en cualquier cosa que debas decidir en tu vida como hija de Dios, es orar y pedir que El Señor te guíe a hacer Su voluntad. Si la idea de educar a tus hijos en casa te llama la atención, pero también te aterra, ve al Padre, platícale tus temores y dudas, pídele que te muestre el camino a través de Su Palabra, te aseguro que con amor te llevará de la mano en cualquier cosa que emprendas.

Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros (1 Pe. 5:7).