Recuerdo con un poco de nostalgia lo diferente que se veían los blogs de hace una década. Rincones en internet donde mujeres escribían desde sus hogares las peripecias del día a día. Mujeres que contaban con astucia y audacia la forma en la que iban creciendo en la fe, pero también, la forma en que estaban viviendo el evangelio en sus hogares, en sus iglesias, en sus comunidades y te llevaban a asombrarte de la obra de Dios en ellas.

Blogs donde las escritoras eran —por así decirlo— “reales”; las sentías cercanas, podías identificarte con ellas y aprendías un poco acerca de cómo aplicar la Palabra de Dios en tu vida; porque, sí, ellas también tenían luchas que compartían de forma tal que no se llevaban la atención, ni la gloria, sino que, en su vulnerabilidad apuntaban a Cristo.

No obstante, con el paso del tiempo y el auge de las redes sociales, los blogs fueron migrando de un pequeño rincón en internet con 1,250 palabras, a pequeñas publicaciones de 370 palabras en Instagram y después a videos en vivo, para posteriormente economizar tiempo y palabras, en breves “reels”.

Todo eso significa un desafío enorme para los escritores que aman dejar correr la tinta mientras sus ideas van hilando frases, líneas, párrafos, historias que difícilmente serán leídas en la rapidez que se desplazan las redes sociales.

Debido a esto, los escritores “de la vieja escuela” podrían ser atraídos a entrar en esa marea incesante de las redes sociales aun cuando corren el riesgo de ahogarse porque, no son generadores de contenido como lo hacen los influencers, ni son maestros en línea. Son escritores que, podrían estar siendo desplazados por el dinamismo efímero de las redes sociales.

Fidelidad en lo poco

Probablemente hay mujeres que están escribiendo desde un blog en la inmensidad del internet, quienes anhelan escribir un libro y consolidarse como escritoras, pero han decidido incursionar en las redes sociales para ser más visibles.

Los que saben de redes sociales quizá les sugieran que escriban de cierta manera que compita con las que ya tienen miles de seguidoras o, quizá les sugieran que hagan conexiones con aquellas que puedan generarle seguidores de la noche a la mañana para que su plataforma crezca. Incluso, pudieran sugerirles que dejen de escribir de la manera como escriben y comiencen a hacer videos breves, no importa si son ridículos, solo para atraer visitantes a su perfil.

Sin embargo, los escritores, escriben. Esto no quiere decir que no deban o puedan hacer videos y compartir en redes sociales; sino que su fin no debería ser el hacer lo mismo que hacen los demás solo para ser visibles y conocidas. Mucho menos dejar su esencia, cambiar su voz y su identidad como escritor para obtener un sitio de renombre en un mundo tan efímero como lo es las redes sociales.

Una red social o una cuenta de instagram podrá ser eliminada para siempre; dentro de diez años esas mismas cuentas tal vez ya no existan o serán suplidas por algún otro sitio, por una cuenta más dinámica o una nueva aplicación. No lo sabemos.

Pero el ejercicio de la escritura diaria en un blog personal, en un cuaderno en casa de manera fiel, dará mucho más fruto en la vida de quien escribe, crecerá y madurará para seguir escribiendo donde lo hace ahora, o quizá en algún momento publicar (si así Dios lo permite) un libro que permanecerá y será un legado para el mismo autor y para aquellos que lean la obra que ha sido estructurada poco a poco, de manera que las palabras escritas en él, primero han hecho huella y han transformado a su autor.

Escribe desde el asombro por Dios

Hay un sinnúmero de perfiles, cuentas en las redes sociales, así como blogs a los que podemos acudir día a día y que son de bendición y edificación a la iglesia de Cristo. Muchos de los que están en el top de los más buscados tienen algo en común entre ellos: Todos son instructivos, de cierta forma. Es como si de pronto se hubiera puesto de moda enseñar doctrina, teología, psicología, consejería bíblica, vida cristiana…

Sin duda son buenos temas, pero hay un gran número de maestras enseñando cómo es que se debe pensar, cómo es que se debe ver la maternidad, cómo se vive en comunidad, cómo debes aconsejar, cómo debes escuchar, cómo debes estudiar la Biblia, cómo debes hacer iglesia, cómo debes ser amiga, cómo sacar de tu vida a los tóxicos, cómo debes actuar en el mundo secular, cómo debe lucir tu hogar, cómo debes ser y cómo no debes ser que, posiblemente poco a poco han opacado aquellos sitios donde se escribe acerca de lo asombroso que es Dios y de cómo obra en lo ordinario de la vida.

Sabiendo que las redes y los blogs están presentes en la inmensa mayoría de los dispositivos móviles, volvamos al asombro. Volvamos a leer y a escribir acerca de lo maravilloso que es Dios, de lo glorioso que es vivir la vida buscando Su rostro. Animemos a las mujeres a ir directamente a su Biblia porque, lo glamoroso y deslumbrante de las redes sociales no debería ser lo primero que se lee al despertar, ni donde se permanece durante el día, ni en lo que se medita antes de dormir.

La finalidad debería ser animar a otras a ir a la Biblia, primeramente; a sus iglesias, a permanecer fieles leyendo la Palabra y discipulando a sus hijos y compartir el evangelio en su entorno inmediato antes de animarlas a consumir más y más contenido en los sitios de internet.

Seamos intencionales en escribir y leer acerca de lo glorioso que es estar inmersas en la Palabra, en el deleite y privilegio de la oración; y, de vez en cuando, acerca de las luchas y las victorias de hombres y mujeres que están caminando con Dios y que, desde sus rincones, comparten con otros lo asombroso que es saberse amados por el Dios del universo.

Pero para hablar desde el asombro por Dios, debemos vivir asombradas por Dios. Hablemos, escribamos de Él para Su gloria. Que esa sea nuestra razón de escribir.

“Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos, La luna y las estrellas que Tú has establecido, Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, Y el hijo del hombre para que lo cuides?” (Sal. 8:3-4).

Si Dios nos ha dado la gracia para escribir acerca de Él, ya sea en un blog, en un cuaderno que leerán nuestros hijos, o en un libro; magnifiquemos la obra de Dios, para que quienes nos lean se maravillen de Él, se asombren de Él, no de nosotras.

Dios nos ayude, nos encuentre fieles y quiera usarnos para Su gloria.

 

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Karla de Fernandez
Karla de Fernández está casada con Jorge Carlos y es madre de Daniel, Santiago y Matías. Radican en Querétaro, México y son miembros de iglesia Lumina. Karla ama discipular a sus hijos, es defensora del hogar y de la suficiencia de las Escrituras para dignificar el rol de la mujer en el hogar, como esposa, madre y hacedora de discípulos. Puedes encontrarla en Twitter (https://twitter.com/karlowsky) e Instagram (https://instagram.com/kardefernandez)