“Sabemos que la creación entera a una gime  y sufre dolores de parto hasta ahora” (Ro. 8:22). 

El mundo fue creado de manera perfecta, y si no fuera porque Adán y Eva eligieron rechazar a Dios y seguir al padre de las mentiras (Jn. 8:44), todo hubiese funcionado como fue creado.   

Sin embargo, como ellos y luego todas nosotras, hemos decidido vivir en rebeldía a nuestro creador, entonces el orden del mundo se trastornó y continúa deteriorándose porque no estamos siguiendo nuestro manual de instrucciones.   

En un mundo que Dios al crearlo lo declaró bueno en gran manera (Gn. 1:31), todo funcionaría a la perfección; no habría dolor, angustia, miedo, heridas, incertidumbre ni dificultades. Pero como el padre de las mentiras también es un homicida (Jn. 8:44), él no solamente instigó la muerte física cuando tentó a Adán y Eva y ellos decidieron rechazar a Dios y seguirle, sino que el buen funcionamiento de todo fue también destruido y desde entonces vivimos en medio de paradojas. 

Desde que la pandemia de Covid19 comenzó, hemos visto una disminución en la polución ambiental y a pesar de que el aire esta menos contaminado, debemos usar mascarillas.  Nosotras trabajábamos anhelando la llegada de los fines de semana y de las vacaciones, pero la cuarentena ha producido que todos los lunes el corazón anhele ir a la oficina y los fines de semana parecen interminables.   

Los amigos tienen más tiempo para compartir, pero no podemos reunirnos y aunque las carreteras están vacías, no podemos hacer largos viajes. Aunque tenemos el tiempo disponible, no podemos hacer realidad nuestros sueños y anhelos.  

Aquellos que tienen dinero no tienen forma de gastarlo y los que no lo tienen no tienen forma de ganarlo. Y, aunque estamos desinfectando todo y nuestras manos están más limpias que nunca, no debemos estrecharlas unos con otros. 

Todo esto causado por un virus que puede estar en todas partes, pero no lo podemos ver.  Esta es la forma de vivir bajo el príncipe de este mundo. Su meta es destruir lo que Dios creó. Pero Dios, en Su misericordia y bondad vino a “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19:10). 

Mientras medito sobre los acontecimientos de este último año, lo que resalta en mi mente es lo que Isaías nos dijo en el capítulo 55 y lo que hemos vivido, realmente confirma que ¡sus pensamientos y sus caminos son más altos que los nuestros. 

¿Quién pensaría que un Dios de amor (1 Jn. 4:8), un Dios soberano (Job 42:2) dejaría que todo se convirtiera en un caos para demostrar Su amor incondicional y Su poder? ¿Si la caída nunca hubiese ocurrido podríamos entender la profundidad de Su amor?  

Si no pasáramos por acontecimientos como el Covid19 donde sabemos que realmente nos aplastaría, si no lo viéramos a Él venir a nuestro socorro, ¿entenderíamos Su poder y Su bondad?  

Aunque quisiera decir que sí, esto sería mi corazón engañoso hablando (Jer. 17:9), un engaño producido por la misma caída; estoy segura que nunca nos daríamos cuenta de Su grandeza para darle la gloria que Él merece.  

Son los mismos sufrimientos que nos ayudan “al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Co. 4:18). 

Confiemos que a través de lo que está ocurriendo, Él nos cambiara para que nos parezcamos más a Jesucristo. Ninguno de nuestros sufrimientos, incluyendo el Covid19 será en vano, Él los utilizará para nuestro bien (Ro. 8:28). 

Dios es tan sabio que Él sabe que, si no pasáramos por las tribulaciones, nunca evaluaríamos nuestros corazones y no estaríamos preparadas para trabajar en su obra aquí y tampoco recibir la gloriosa herencia que Él ha preparado para nosotras.   

Mi corazón y mente se une al corazón de Pablo cuando dijo “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Ro. 11:33).  

En este tiempo de pandemia tenemos más tiempo para meditar. ¿Estamos meditando en Él y en Su Palabra? ¿Estamos examinando nuestras reacciones y sentimientos para evaluar dónde nos falta unirlos a Dios? ¿Estamos preparándonos para que cuando salgamos seamos mejores soldados en el ejército de Dios?  

No podemos perder este tiempo que es invaluable para progresar en nuestra santificación. Nada escapa de Dios y aunque nuestra mente nos engaña al pensar que estamos perdiendo tiempo, la realidad es que este tiempo es crucial en la vida de cada una de nosotras y Dios está utilizándolo para acercarnos más a Él.  

Quiero terminar orando como el salmista: “Me acuerdo de los días antiguos, en todas tus obras medito, reflexiono en la obra de tus manos. A ti extiendo mis manos; mi alma te anhela como la tierra sedienta (Sal. 143:5-6). 

Espero que la gloria de nuestro Dios brille a través de cada una de nosotras para que la oscuridad se espante y Su luz llegue a cada rincón de esta tierra.