“Hijo del hombre” aparece casi 100 veces en el Nuevo Testamento, este era uno de los términos que Jesús usaba para referirse a sí mismo. Jesucristo es el Dios eterno, la segunda persona de la Trinidad, Aquel que creó y sustenta todo con el poder de Su palabra. Él es omnipotente, omnisciente, omnipresente y eterno. Comparte la misma esencia con el Padre y el Espíritu, pero Él decidió en Su plan perfecto identificarse plenamente con la raza humana haciéndose humano. Él es completamente Dios y completamente hombre.

Este término “Hijo del hombre” es el cumplimiento de una profecía dada en Daniel 7:13-14

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

Pero al mismo tiempo, cuando hablamos de la Navidad, principalmente nos estamos refiriendo al término “hijo del hombre”, que presenta a Jesús como un ser humano verdaderamente. Él se hizo hombre al nacer de una mujer virgen, este es el glorioso misterio:  Que Dios un día se encarnó, no es un ser creado como todos nosotros, sino que Él siendo el Dios eterno, añadió “carne”, es decir, añadió humanidad a Su divinidad.

A continuación, me gustaría que reflexionemos sobre 6 razones por las cuales Jesús se hizo hombre.

  1. Para ser el sacrificio perfecto

Ningún hombre ha podido cumplir los estándares de Dios. Romanos 3 nos enseña que no hay justo, no hay quien busque a Dios, no hay quien haga el bien.

Y ya que era imprescindible un sacrificio perfecto que pagara por los pecados de los seres humanos, debido a nuestra incapacidad para cumplir con este requisito, Dios decidió hacerse hombre para venir y rescatarnos.

  1. Para poder rescatar a seres humanos

Los ángeles también pecaron, pero no hay nadie que los redima. 1 Pedro 1:12 nos dice que los ángeles se admiran del evangelio ofrecido a los seres humanos. Para ellos no hay un salvador, no hay un mesías, no hay un “hijo de ángel”.

Jesucristo tenía que hacerse verdaderamente hombre para poder morir por verdaderamente hombres. Él no fue más o menos hombre, tampoco una mezcla entre Dios y hombre. ¡No! Él es completamente Dios y completamente hombre. Una sola persona con dos naturalezas, una divina y una humana.

Su cuerpo era humano, estuvo en el vientre de una mujer y nació con un parto humano regular. Tuvo hambre, tuvo sed, estuvo cansado, durmió y lloró. Nuestro salvador se hizo hombre verdaderamente para poder rescatarnos.

Si Él se hubiera hecho parcialmente hombre, sólo podría redimir a parcialmente hombres, lo cual hubiera hecho inútil Su encarnación. Como nos enseña Su palabra:

“Tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo” Hebreos 2:17.

  1. Para ser nuestro sumo sacerdote e intercesor

Hebreos 4:15 dice “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado”.

La tarea del sacerdote en el Antiguo Pacto era hablar de parte del pueblo a Dios, esto implicaba presentar sacrificios y solicitar la bendición de Dios para el pueblo. Sin embargo, estos sacerdotes eran limitados en su tarea ya que ellos mismos necesitaban purificarse puesto que ellos mismos no eran perfectos. Los sacerdotes del Antiguo Pacto no solo presentaban sacrificios por el pueblo sino por ellos mismos, porque también eran pecadores.

Jesús es un sacerdote del orden de Melquisedec. Puro, santo y perfecto, no necesita presentar sacrificio por Sí mismo, pues Él es un perfecto mediador.

Y aunque posee Su santidad divina, puede ser un fiel intercesor que nos comprende en nuestra debilidad y se compadece de nosotros al ser un hombre que experimentó todas nuestras tentaciones y aflicciones. Se convierte en el perfecto mediador, Dios y hombre.

Una verdad hermosa que cabe destacar es que ese rol de mediador e intercesor sigue vigente. Jesús es el Dios y Hombre que intercede en este momento por aquellos que son Suyos ante el Padre celestial.

¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. Romanos 8:34

¡Que verdad más reconfortante! Cuando nos sentimos abandonados, cuando nuestra culpa nos agobia, podemos recordar que hay Uno a la diestra del Padre recordando perpetuamente: “Ellos son Míos, yo entregué Mi vida en la cruz por ellos”.

  1. Para morir y pagar el pecado, por nuestros pecados

La paga del pecado es muerte y la condena de nuestros pecados fue sobre Él. El Eterno solo podía morir en la cruz si se hacía hombre para morir la muerte que nosotros merecíamos. El misterio de la encarnación es tan grande y glorioso que solo nos queda dar gracias y adorar.

  1. Para imputarnos Su justicia

El evangelio no es solo el perdón de los pecados y el pago de la deuda ante Dios. Cuando Cristo vino a este mundo vino como un hombre que vivió de manera perfecta cumpliendo con la ley de Dios. No pecó ni en un solo punto y obedeció perfectamente al Padre.

Ahora todos aquellos que se arrepienten de sus pecados y ponen su fe en Cristo, reciben la justicia de Cristo y obediencia a su favor. ¿Qué quiere decir esto? Que el Padre ve a los que están en Cristo como si hubieran vivido la vida perfecta que Cristo vivió. ¡Gloria a Dios, bendito evangelio!

El Padre ve a un indigno pecador, perfecto, por medio de los méritos y obediencia de Cristo. Estas son buenas noticias, este es el evangelio de la gracia. Donde está Cristo, ahí están los creyentes sentados con Él.  La unión indestructible del cristiano con su Salvador.

2 Cor 5:21: Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.

  1. Para darnos ejemplo de cómo vivir para la gloria de Dios.

Una última razón de la encarnación es que Jesucristo se hizo hombre para darnos ejemplo sobre cómo debía vivir el ser humano verdaderamente para la gloria de Dios. No tenemos otro referente de moral y obediencia a Dios más allá del testimonio perfecto que vemos en la imagen del Dios invisible. Nos llamamos cristianos porque queremos conocerle y vivir siendo imitadores de Él.

1 Pedro 2:21: Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas.

La encarnación y todas sus implicaciones son el verdadero significado de la Navidad. Comparte estas verdades con tus familiares, amigos y que hoy Cristo reine en cada corazón.

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Santiago Armel (M.Div.) Colombiano, hijo de Dios y profesional en comunicación. Vive en Los Ángeles, California con su esposa Juliana y su hijo Santiago. Actualmente realiza un Th.M. en The Master's Seminary y trabaja en la organización de la Conferencia Expositores. Sirve como maestro en Estudios Bíblicos en Grace Community Church. Puedes seguirlo en Twitter.