Me encuentro en medio de una serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en el año 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en el año 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, los cuales trataron de comprender y establecer una teología cristiana unificada.

En esta serie estamos examinando brevemente cada uno de los siete concilios. En cada uno de ellos estamos considerando el trasfondo y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto y luego, los resultados y la importancia en el tiempo. Hoy continuamos con el quinto concilio: el Segundo Concilio de Constantinopla. Puedes leer aquí sobre el Primer Concilio de Nicea, Primer Concilio de Constantinopla, Concilio de Efeso y Concilio de Calcedonia.

Trasfondo y Propósito

Al igual que el Primer Concilio de Constantinopla, el Segundo Concilio de Constantinopla se celebró en la actual Estambul, en Turquía. El concilio se reunió del 5 de mayo al 2 de junio del año 553 y fue convocado por el emperador Justiniano I en un intento de reconciliar a los que estuvieron de acuerdo con las decisiones de Calcedonia, cien años antes, y los monofisitas que no lo estaban.

Personajes Principales

Entre 151 y 168 obispos asistieron al concilio, la mayoría de ellos de la parte oriental de la Iglesia. Phillip Schaff dice: “Entre los presentes estaban los patriarcas, Eutiquio de Constantinopla, que presidía, Apolinario de Alejandría, Domno de Antioquía, tres obispos como representantes del patriarca Eustoquio de Jerusalén y otros 145 metropolitanos y obispos, de los cuales muchos vinieron también en lugar de sus colegas ausentes”. Los dos principales protagonistas fueron el emperador Justiniano I y el papa Vigilio, mientras que Eutiquio, patriarca de Constantinopla, fue quien lo presidió.

Los Procedimientos

Justiniano I fue un emperador piadoso que, en aras de preservar su imperio, vio la necesidad de preservar la integridad de la fe cristiana. Esto requería por lo menos intentar sanar el cisma que se había producido entre los monofisitas y los que se sometieron a las decisiones de Calcedonia cien años antes.

En un intento de hacer esto, Justiniano emitió un edicto en el año 543 condenando tres cosas: la persona y los escritos de Teodoro de Mopsuestia, los escritos de Teodoreto de Ciro contra Cirilo y la carta de Ibas de Edesa a Maris el Persa. Estos fueron condenados porque se entendía que apoyaban a Nestorio y su posición de que las naturalezas humana y divina de Cristo eran distintas y no estaban unidas (véase Concilio de Calcedonia).

Dado que los monofisitas se oponían al nestorianismo, el edicto de Justiniano que condenaba estos tres puntos (que pasarían a llamarse los Tres Capítulos) fue fácilmente aceptado en Oriente, donde predominaba la visión monofisita. Sin embargo, el edicto no fue aceptado tan fácilmente en Occidente, porque parecía poner en duda las acciones del Concilio de Calcedonia.

El papa Vigilio de Roma se trasladó a Constantinopla en el año 547 para escapar de la invasión ostrogoda de Italia. Aunque al principio se resistió al edicto de Justiniano y animó a otros obispos de Occidente a hacer lo mismo, durante el año siguiente, y tras convocar a varios obispos que también se habían resistido al edicto, llegó a aceptar con reservas los Tres Capítulos de Justiniano, en un documento llamado Judicatum. Este documento afirmaba su confianza en las decisiones del Concilio de Calcedonia; sin embargo, la conformidad del Papa con los Tres Capítulos contó con mucha oposición por parte de Occidente.

Para evitar más desavenencias en la Iglesia, el emperador animó a Vigilio a retractarse visiblemente del Judicatum y a convocar un concilio que revisara los razonamientos de los orientales, con la esperanza de que esto condujera a un acuerdo universal.

Mientras se hacían los preparativos para un concilio, Justiniano y Vigilio no se ponían de acuerdo sobre quién debía participar o dónde debía celebrarse. Vigilio no quería que se celebrara en Oriente y también quería que se invitara a más obispos occidentales. Esta es la razón de sus dudas al respecto y por la que, durante el concilio, se negó repetidamente a comparecer hasta la tercera semana de la asamblea.

Al final, el concilio aceptó las decisiones de los cuatro primeros concilios eclesiásticos. El 24 de mayo, Vigilio se presentó con un nuevo documento, su Constitutum I, en el que se negaba a condenar a los Tres Capítulos en conjunto porque decía que cada uno de estos hombres había muerto estando en comunión con la iglesia, y que la carta de Ibas ya había sido declarada ortodoxa en Calcedonia. Sin embargo, condenó rotundamente algunas proposiciones particulares de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio. El propio papa y varios de los obispos y clérigos asistentes firmaron el Constitutum I, pero el emperador rechazó su validez, diciendo que el concilio ya había condenado los Tres Capítulos.

El emperador respondió presentando pruebas de la decisión previa del Papa Vigilio de condenar los Tres Capítulos (expresada en su Judicatum) y su acuerdo de asistir al concilio (expresado en su correspondencia personal con Justiniano). Esto demostró la falta de integridad de Vigilio y su falta de voluntad para trabajar con el concilio para llegar a un consenso, lo que a su vez resultó en la decisión del concilio de romper la comunión con él, sin romper al mismo tiempo la comunión con la Santa Sede de Roma.

En la octava y última sesión, el concilio expuso su sentencia, que resumía su condena de los Tres Capítulos. En cuanto a la carta de Ibas, concluyeron que el Concilio de Calcedonia debía haber revisado y aprobado otra carta, supuestamente también de Ibas, ya que decían que la que habían revisado en este concilio estaba claramente en oposición a la doctrina de Calcedonia y no podía haber sido aprobada por ellos.

El Resultado

El concilio emitió una sentencia sobre los Tres Capítulos, a la vez que emitió catorce anatemas que sirvieron para establecer la regla de fe en cuanto a la naturaleza de Cristo, que había sido establecida y acordada en concilios anteriores. Otros quince anatemas relativos a las doctrinas de Orígenes se han asociado a este concilio, pero se discute si formaban parte de los procedimientos oficiales y si son realmente atribuibles a Orígenes. El concilio también citó y condenó las enseñanzas de todos los herejes hasta esa fecha.

Importancia Perdurable

Se pidió al papa Vigilio que regresara a Roma, pero Justiniano no se lo permitió hasta que se sometiera a las decisiones del concilio. Vigilio se rindió finalmente seis meses después, con la excusa de que había sido engañado por sus consejeros. Murió antes de llegar a Roma.

Schaff dice: “Pelagio I, que sucedió [a Vigilio] en la sede de Roma, también confirmó las Actas del Quinto Sínodo. Sin embargo, el concilio no fue recibido en todas las partes de Occidente, aunque había obtenido la aprobación del Papa. Fue rechazado vehementemente en todo el norte de Italia, Inglaterra, Francia y España, y también en África y Asia”. Sin embargo, hacia el año 700 “el Segundo Concilio de Constantinopla fue recibido en todo el mundo como el Quinto Concilio Ecuménico y fue plenamente reconocido como tal por el Sexto Concilio en el año 680” —el Tercer Concilio de Constantinopla.

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.