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    El poder sobre las publicaciones cristianas que le hemos dado a Amazon

    Dentro de unos días, o tal vez unos meses, o incluso un año, Amazon retirará un libro de su portal. Un día estará disponible para su compra con todos los demás, y al día siguiente habrá desaparecido. Un día la gente podrá pedirlo y recibirlo en su casa, y al día siguiente habrá dejado de existir, al menos en lo que respecta a Amazon. Será inevitablemente un libro que los cristianos han abrazado como ortodoxo, pero que la cultura ha rechazado como herético. Y, por supuesto, la gran “herejía” del día se relaciona con la sexualidad —especialmente la homosexualidad y el transgenerismo. La gran “herejía” es que Dios creó y define nuestra sexualidad y que, como criaturas suyas, somos responsables de vivir de acuerdo con sus caminos. Me parece probable que el primer libro que salga sea sobre este mismo tema. Tal vez sea el libro de Kevin DeYoung o el de Denny Burk o alguno de Rosaria Butterfield o Christopher Yuan. Y aunque no soy profeta, creo que ese día no está muy lejos.

    Cuando suceda, no debería ser una gran sorpresa. Amazon no es una empresa fundada por cristianos ni dirigida según principios cristianos. Al contrario, es una empresa fundada por gente del mundo y dirigida según principios del mundo. No podemos escandalizarnos cuando los no cristianos se sienten ofendidos por ideas genuinamente cristianas. No podemos exigir a los no cristianos —así como no lo hacemos a los cristianos— que violen su conciencia para vender materiales que consideran repugnantes. Por lo tanto, seguramente el día que he predicho no debe estar muy lejos.

    El gran problema aquí es que los cristianos hemos dado a Amazon un inmenso poder sobre nosotros. A medida que Amazon ha crecido en su dominio de la venta al por menor, primero en Estados Unidos y luego en el resto del mundo, se ha convertido en la librería de referencia —y, en realidad, en la tienda de referencia de todo— para cristianos y no cristianos por igual. Si miramos hacia atrás, solo 10 o 15 años, podemos ver que había un mercado cristiano mucho más diverso para los libros. Había muchos más minoristas en tiendas físicas y también había más minoristas en línea. Lamentablemente, muy pocos han sido capaces de seguir el ritmo del gigante que es Amazon. Amazon ganó esta batalla porque nos atrajo con una amplia selección y envío gratuito y Prime Video y todo tipo de grandes beneficios que los otros minoristas simplemente no podían igualar.

    Pero a medida que Amazon fue creciendo y otras tiendas cerraron, sin querer le dimos a Amazon un casi monopolio en la venta de libros cristianos. Lo hicimos con la suposición de buena fe de que seguirían vendiendo todo lo que publicáramos. Sin embargo, los tiempos han cambiado y están cambiando y parece cada vez más improbable que Amazon siga vendiendo todo. Parece cada vez más probable que ceda a la presión cultural —presión que existe tanto dentro como fuera de la empresa— y comience a reducir su oferta. ¿Y entonces qué? No es que estos libros no puedan ser vendidos por los minoristas cristianos que quedan. Pero, ¿estarán las editoriales dispuestas o podrán publicarlas si no se pueden vender en el mayor mercado del mundo? ¿Podremos usted y yo si quiera enterarnos de ellos si Amazon no nos los recomienda? ¿Y estaremos dispuestos a pagar una prima para que nos los envíen minoristas más pequeños con precios más altos y sin capacidad de ofrecer envíos gratuitos?

    Me parece claro que nos hemos colocado en una posición peligrosa justo en el punto en el que más necesitamos la orientación bíblica de los buenos libros. Precisamente en el punto en el que la cultura está atacando, es donde posiblemente hemos debilitado nuestra capacidad de entender y responder.

    (Por supuesto, la historia del cambio a Amazon no es tan simple como la he hecho. Muchos minoristas cristianos estaban y siguen estando demasiado dispuestos a vender libros «cristianos» que en realidad son increíblemente sediciosos y destructivos para la verdadera fe. Una falta general de discernimiento espiritual ha impregnado la industria durante demasiado tiempo. Y en ese sentido, creo que muchos compradores cristianos con discernimiento dejaron deliberadamente de apoyar a la clase de tiendas que tan gustosamente declaraban a los enemigos del evangelio como sus mejores amigos).

    A menudo he hablado de mi decisión de apostar por la lectura digital, y especialmente la decisión de centrarme más en Kindle que en los libros impresos. En aquel momento, la decisión tenía mucho sentido, aunque solo fuera porque tengo una casa muy pequeña sin espacio para estanterías de pared a pared. Pero cuando tomé la decisión, parecía reflejar poco más que una preferencia entre los medios de comunicación —papel o electrónico—. En retrospectiva, veo que tuvo consecuencias mucho más profundas. No se trataba solo de elegir quién recibiría mi dinero, sino quién sería el guardián de las publicaciones cristianas. No se trataba solo de elegir a un minorista en lugar de otro, sino de quién podría determinar en última instancia, por su dominio de la venta al por menor, qué libros se imprimirían y cuáles no. Y para que no pienses mal de mí, probablemente hayas provocado la misma consecuencia incluso si te quedas con los libros en papel pero eliges comprarlos a través de Amazon.

    El resultado es que, como cristianos, hemos dado mucho poder sobre las publicaciones cristianas a la claramente no cristiana Amazon. ¿Qué podemos hacer al respecto? Para ser honesto, no estoy muy seguro. Puede que sea demasiado tarde. Obviamente, podemos y debemos optar por apoyar a los buenos vendedores de libros cristianos, y estar dispuestos a pagar al menos una pequeña prima para comprar en ellos. Esta prima no es solo por ser buenos cristianos, sino que es una forma de mostrar que queremos que sigan teniendo cierta influencia en la escritura, publicación y distribución de recursos valiosos basados en la Biblia. Más allá de esto, creo que tenemos que pensar y orar colectivamente sobre las formas de recuperar al menos una buena parte del poder de una empresa que no merece tenerlo. Estoy ansioso por escuchar sus ideas.