El padre sabio nos deja con una instrucción final. Nos ha advertido que el pecado sexual mata, así que debemos prestar atención, evitar a la mujer extraña y abrazar a nuestras esposas. Concluye Proverbios 5 con un llamado a que temamos a Dios.

Teme a Dios, Él te ve

En el versículo 21 dice, “Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del Señor, y Él observa todos sus senderos”. Deberíamos temer a Dios porque Él lo ve todo.

¿Cómo viviríamos si en realidad creyéramos esto? ¿Has notado lo autocontrolados que podemos ser cuando los ojos de los demás están sobre nosotros? La presencia de un niño pequeño con nosotros puede cambiar de manera radical nuestro comportamiento. En realidad, es bastante cómico pensar en lo mucho que nos transforma el ojo de un niño y lo poco que hace el ojo de Dios. Él es mucho más observador que un niño. Nos ve a cada momento.

Puede ser que tengamos que confesar que no le hemos temido como deberíamos y pedirle que nos ayude a temerle más. Pídele a Dios que te haga más consciente de Su presencia contigo. Cuando llegue la tentación sexual, será mucho mejor que sepas que el Señor está contigo con los ojos bien abiertos.

Teme a Dios, el pecado esclaviza

También deberíamos temer a Dios porque el pecado esclaviza. ¿Ves eso en el versículo 22? Las iniquidades de los malvados lo atrapan. ¿Cuánta gente se engaña a sí misma pensando que tiene control sobre su pecado cuando en realidad su pecado tiene control sobre ellos? El pecado es un amo desagradable.

Los judíos respondieron a Cristo diciendo que ¡nunca habían sido esclavos de nadie! Sin embargo, Jesús les dice en Juan 8:34 que cualquiera que peque es esclavo del pecado. La forma de escapar de la trampa del pecado es temer a Dios.

Teme a Dios, no seas necio

Finalmente, debemos temer a Dios porque la necedad lleva a la muerte. Sólo hay dos opciones ante nosotros. Muchos quieren afirmar que hay muchos caminos, tal vez un camino intermedio. Pero las Escrituras y la razón humana dejan claro que la elección es el temor de Dios o la necedad. Si elegimos lo último, el resultado es la muerte. Ser necio no sólo te molestará, sino que te matará. No te dejará simplemente encadenado, sino que acabará con tu propia vida. Si temes a Dios, no eres necio. Pero, si eres necio entonces no temes a Dios.

Aquí está el amoroso consejo del sabio padre: El pecado sexual mata, así que teme a Dios, hijo mío.