Ha sido una bendición escuchar de amigos y familiares a lo largo de Norteamérica cuyas iglesias están empezando a reunirse de nuevo después del período de separación forzada. Ha sido fascinante (aunque un poco extraño) ver fotografías de los asientos separados, las mascarillas, el distanciamiento deliberado, las omnipresentes botellas de desinfectante de manos. Aunque calculo que va a pasar algún tiempo antes de que obtengamos el privilegio en Ontario, Canadá, yo espero el día en que nosotros también podamos volver a adorar juntos como congregación.

Confiados en que el día llegará, los ancianos de la Iglesia de la Fraternidad de la Gracia (Grace Fellowship Church) han iniciado la elaboración de planes. Como no sabemos cuáles serán los parámetros específicos (por ejemplo, no más de 50 personas, no más de un tercio en capacidad, etc.) hemos considerado varias posibilidades. No llegamos muy lejos en la planificación cuando nos dimos cuenta de la tentación de hacer planes que se basaban en la juventud y la salud, los planes no tenían en cuenta a los que corren mayor riesgo de contraer COVID-19. Nosotros pudimos haber enviado mensajes como, “Si eres persona de la tercera edad o de alto riesgo, por favor quédate en casa por el momento”. Y aunque eso podría ser el paso seguro, ¿no se supone que la iglesia es el lugar donde deliberada y específicamente se le da la bienvenida a los débiles? ¿No debería ser el elemento más vulnerable el más importante en nuestra planificación? ¿No ordena la Biblia tal consideración? “Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás; yo soy el Señor” (Lev. 19:32).

Un reciente artículo de James Jeffrey demuestra cómo los mensajes sobre el regreso a la normalidad tienden a dividir a los jóvenes de los acianos y a los sanos de los enfermos. “Un tema común entre los diversos programas propuestos para facilitar la apertura del cierre, incluyendo las directrices del gobierno para reabrir Norteamérica, es que las personas vulnerables deben permanecer socialmente distanciadas mientras los jóvenes y sanos vuelven a sus vidas normales.  “Ya le damos una gran importancia a la juventud y al vigor en la sociedad, y esta distinción artificial forzada entre los ancianos y enfermos y los jóvenes y sanos probablemente golpeará muy duro a algunas personas”, dice Stuart Wolf, presidente asociado de integración clínica y operaciones en la escuela médica Dell en Austin, Texas.” ¿Cuánto más difícil si tienen que seguir alejados de la iglesia local?

Siempre ha sido importante para los pastores de Fraternidad de la Gracia (Grace Fellowship Church) que nuestra iglesia represente el lugar más seguro para los más débiles. Aunque comúnmente hemos pensado en la seguridad y la debilidad en categorías espirituales, ahora esta pandemia nos ha dado la oportunidad de pensar en ello en la categoría de salud. Por esa razón hemos empezado a priorizar esta pregunta: ¿Cómo podemos acoger a los débiles? En lugar de asumir que los débiles no deben ser un factor en nuestros planes, nos preguntamos cómo podrían ser un elemento primario en nuestros planes.

Por supuesto, es posible que hacer que nuestros miembros de la tercera edad y los más débiles asistan a las reuniones de la iglesia sea demasiado arriesgado para ellos. Es posible que vaya en contra de los consejos o incluso de los reglamentos de las autoridades sanitarias locales. Y puede ser que los más ancianos y débiles quieran seguir en casa por lo menos un tiempo, una decisión comprensible que con gusto honraremos. Sin embargo, seguimos comprometidos a hacer todo lo posible para elaborar planes que al menos les den la oportunidad de formar parte de nuestros servicios si así lo desean.

¿Qué podría implicar esto? Ciertamente implicará encontrar maneras de practicar esto; “Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano” (Lev.19:32). Esto puede requerir que se dé prioridad a sus preocupaciones antes que a las de quienes son más jóvenes y saludables. Puede requerir enfatizar las medidas que los hacen sentir más a gusto. Puede requerir pedir y esperar que los más fuertes dejen de lado sus preferencias por amor a los más débiles. Si Pablo esperaba que los cristianos romanos de fuerte conciencia dejaran a un lado el comer carne por amor a sus hermanos de débil conciencia, seguramente podemos pedir a nuestros miembros de fuerte conciencia que adopten algunos hábitos temporales por amor a sus hermanos de débil conciencia (Romanos 14:1-15:7).

La realidad es que la Iglesia de la Fraternidad de la Gracia no será realmente la Iglesia de la Fraternidad de la Gracia si ninguno de nuestros miembros más ancianos y vulnerables no puede asistir. Sentiríamos su ausencia y lamentaríamos su pérdida. Por esta razón haremos todo lo que podamos por su bien. Acoger a los débiles requerirá ciertamente que “con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo” y “no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás” (Fil.2:3-4). Pero estamos convencidos de que el evangelio le da a cada cristiano las categorías necesarias para pensar bien en esto y el corazón renovado para hacerlo con gusto. Frecuentemente nos recordamos a nosotros mismos que “los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles, son los más necesarios” (1 Cor. 12:22). Anhelamos demostrar esto y esperamos poder demostrarlo en los días venideros.