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    El estado del Evangelicalismo en América y todo ese Blah Blah Blah

    Me he acostumbrado a oír hablar sobre el horrible estado del evangelicalismo en los Estados Unidos de América. El 500 aniversario de la Reforma Protestante parece añadir más leña al fuego, una nueva oportunidad para lamentar el deplorable estado de la Iglesia de hoy. Aparentemente, se ha convertido casi en un pasatiempo entre los cristianos conservadores —y quizás especialmente entre los cristianos calvinistas— lamentar lo que la Iglesia es, en lugar de lo que debería ser.

    He llegado a pensar que están siendo demasiado duros consigo mismos. En los últimos años he tenido la oportunidad de viajar por todas partes. He viajado a muchos países en la mayoría de los continentes. Y en casi todos los lugares en los que he estado, me he encontrado desafiado y alentado por los cristianos estadounidenses. ¿Es perfecto el evangelicalismo en América? Por supuesto que no. ¿Está honrando a Dios y llevando a cabo su misión? He visto que sí.

    He viajado a Escocia para ver el trabajo que se está haciendo allí para devolver la luz del evangelio a la que fue una de las principales naciones emisoras del mundo. ¿Sabes lo que encontré allí? Encontré gente estadounidense que se trasladó lejos de casa para llevar esperanza a lugares sin esperanza. Encontré iglesias y pastores que están sobreviviendo y prosperando en gran parte gracias a las asociaciones con creyentes estadounidenses. Vi ministerios dirigidos por escoceses, pero financiados en gran parte por los estadounidenses. El trabajo que vi allí simplemente no existiría ni tendría tanto éxito sin la generosidad y la implicación  de los cristianos estadounidenses.

    Otro viaje reciente me llevó a Roma, donde hice un recorrido por la ciudad con un estadounidense que se había mudado a Roma para encontrar un trabajo que le permitiera llegar a los niños y sus familias. Conocí a otros misioneros que décadas atrás habían empacado y dejado su propio país para dedicar su vida a uno extranjero. Conocí a familias estadounidenses que estaban de vacaciones en Roma, no sólo para recorrer la ciudad, sino para visitarla y establecer conexiones a través de las cuales pudieran servir y ministrar.

    En Alemania me pidieron que dirigiera un retiro para pastores que lideraban iglesias internacionales. La mayoría de esos pastores eran estadounidenses. Habían viajado a naciones de toda Europa para cumplir con la Gran Comisión, y allí habían experimentado el gozo de compartir el evangelio y ver a la gente responder a él.

    Una vez estaba parado junto a la cinta transportadora de equipajes en el aeropuerto de Nueva Delhi, India, cuando dos hombres me reconocieron y comenzaron a charlar. Me dijeron que habían volado desde Estados Unidos, como lo hacían al menos una vez al año, para enseñar y entrenar a pastores en esta nación necesitada del evangelio. Mientras un pastor local (que había sido invitado a Estados Unidos, se había capacitado  allí en uno de sus mejores seminarios, se le había dado la oportunidad de completar una pasantía en una de sus iglesias más sólidas, se le había dado apoyo financiero, y luego se le había enviado de vuelta a su país de origen para pastorear una iglesia) me mostraba los alrededores, me encontré con un centro de entrenamiento y educación dirigido clandestinamente por «Compassion International» (Compassion Internacional), con la mayoría de los niños patrocinados por familias estadounidenses. Recorrí iglesias y ministerios locales cuyos pastores y líderes dependían completa y gozosamente del apoyo de individuos y congregaciones estadounidenses.

    Muchas veces he estado en contacto con ministerios e iglesias en países cerrados de África y Asia y casi siempre descubrí que fueron fundados, dirigidos, dotados de personal o al menos subvencionados por los estadounidenses. Invariablemente, no existirían, o lucharían por existir, sin que los creyentes estadounidenses oraran, enviaran, fueran y dieran.

    Incluso en Canadá a menudo me contactan creyentes estadounidenses que están ansiosos por saber si hay necesidad de sus dones, sus pasiones y sus talentos aquí en el gran norte blanco. He visto iglesias que envían pastores, a los que siembran, equipos misioneros y fondos a esta nación. Por lo menos dos iglesias sólidas y prósperas en este área son pastoreadas por estadounidenses que vinieron aquí para aprender una nueva cultura y servir a un país extranjero.

    Como individuo he sido constantemente  bendecido y alentado por la generosidad estadounidense. Incluso en este pequeño y peculiar ministerio que llevo a cabo, es difícil imaginar que tenga éxito sin mis amigos y seguidores de nuestro gran vecino del sur.

    ¿Cuál es el estado del evangelicalismo en los Estados Unidos de América? Imperfecto, por supuesto, pero preocupado, involucrado, generoso y amable. Quizás el 500 aniversario de la Reforma debería hacer que los estadounidenses reflexionaran sobre algunas de las evidencias de la gracia de Dios que muestran, para luego devolverle a Él todo el agradecimiento y la alabanza.

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en

    https://www.challies.com/articles/the-state-of-evangelicalism-in-america-and-all-that-blah-blah-blah/