En el artículo anterior escribí sobre los cristianos y los anticonceptivos. Antes de continuar con esta corta serie, creo que es importante señalar que no abordo el tema desde el punto de vista de un médico ni un teólogo profesional. Más bien, simplemente ofrezco mis reflexiones basadas en lectura de libros, discusiones con otros creyentes y estudio de la Biblia. Mi propósito es principalmente estimular el pensamiento y la discusión. Por eso, no responderé a todas las preguntas que puedan surgir, ni consideraré todos los ángulos posibles. Sencillamente proporcionaré la perspectiva de un creyente (¡yo!) que ha tratado de pensar en esto.

Concluí el primer artículo con la pregunta de si el uso de anticonceptivos cae dentro del ámbito de la libertad cristiana. En otras palabras: ¿nos da Dios el privilegio y la responsabilidad de elegir si queremos limitar el tamaño de nuestras familias, o espera que evitemos usar anticonceptivos y le permitamos a Él establecer los límites?

Estoy convencido de que tenemos libertad en esta área. Digo esto basándome en lo que entiendo como una ausencia de cualquier mandato contrario. La Biblia no contiene ninguna guía explícita sobre los anticonceptivos y no estoy convencido de que lo que la Biblia dice sobre la sexualidad y los niños sea suficiente para indicarnos otra dirección que no sea la libertad cristiana. Sin embargo, reconozco que es un tema difícil y la gente de un lado de la línea divisoria a menudo tiene muchos problemas para entender cómo los del otro lado podrían llegar a sus conclusiones. Es un tema que debe ser abordado con cuidado.

Aunque la Biblia dice claramente que los niños son una bendición y que debemos ser fructíferos y multiplicarnos, simplemente no creo que podamos probar a partir de las Escrituras que esto significa que todos debemos ser tan fructíferos y tener tantos hijos como podamos. Creo que Dios nos ha creado a cada uno de manera diferente; nos ha dado a todos dones diferentes. No creo que haya una respuesta única para todos. Necesitamos ejercer sabiduría en el tema de la planificación familiar como en cualquier otra área de la vida.

Creo que los cristianos deben ser muy cuidadosos con su razonamiento acerca de por qué deciden limitar el tamaño de la familia y deben ser muy cuidadosos acerca de cómo limitan el tamaño de su familia. Como todo en la vida, el tema de los anticonceptivos tiene una dimensión teológica y vale la pena considerarla. Pero, a menos que infiera de las Escrituras lo que no está allí, no puedo ver en la Biblia que no debamos usar anticonceptivos. Tampoco veo que debamos usarlos. Así que he llegado a la conclusión de que esta es una de esas áreas en las que podemos elegir. Aquellos que decidan evitar los anticonceptivos y procurar familias numerosas pueden estar seguros de la bendición de Dios. Del mismo modo, aquellos que decidan limitar el tamaño de sus familias y lo hagan por razones legítimas también pueden esperar el favor de Dios.

Creo que hay razones tanto legítimas como ilegítimas para usar anticonceptivos. Esto plantea la pregunta de qué constituye una mala razón para evitar tener hijos. Aquí hay algunas:

Mala razón #1: miedo a no poder proveer.

La Biblia nos dice repetidamente que Dios proveerá para nosotros. Por lo tanto, tenemos pocas razones para temer que terminaremos en la indigencia y no podremos proveer para nuestros hijos, incluso si elegimos tener una familia numerosa.

Mala razón #2: desagrado por los niños.

La Biblia es clara en cuanto a que los niños son una bendición y deben ser considerados como tal. La gente a la que no le gustan los niños debería examinar sus corazones y buscar las razones por las que considerarían las bendiciones de Dios como cualquier cosa menos un privilegio.

Mala razón #3: egoísmo.

Hay un sinnúmero de razones que podrían caer en esta categoría. Algunas personas simplemente no quieren tener niños que interfieran en sus vidas. Algunos no desean que sus carreras se vean alteradas o trastornadas por una familia. No importa la razón específica, el egoísmo no es una razón válida para evitar tener hijos.

Mala razón #4: miedo a la sobrepoblación.

Hay muy pocas pruebas de que la sobrepoblación humana sea un problema inminente o de que alguna vez llegue a serlo. Dios creó este mundo para albergarnos y sostenernos y no nos dio ninguna razón para preocuparnos por la sobrepoblación.

Podría seguir. No sería difícil escribir una larga lista de razones realmente malas para evitar tener hijos. Cualquier razón que contradiga un mandamiento de las Escrituras o que niegue la capacidad de Dios para proveer y sostener sería una mala razón.

Así como hay malas razones para usar anticonceptivos, hay malos métodos anticonceptivos. Los describí en el artículo anterior, pero no haría daño repasarlos.

Método incorrecto #1: el aborto.

La Biblia deja claro que la vida humana comienza en el vientre y que inicia en el momento de la concepción. También está claro que no tenemos derecho a terminar el derecho humano en el vientre. Por lo tanto, el aborto como un anticonceptivo nunca es una opción para el cristiano.

Método incorrecto #2: abstinencia.

La Biblia deja claro que los cónyuges deben tener relaciones sexuales regularmente y nunca deben abstenerse por largos períodos de tiempo. El rechazo a tener relaciones sexuales basado en el miedo al embarazo no es un método anticonceptivo válido. Muchas parejas utilizan períodos breves de abstinencia como parte del “método del ritmo” como anticonceptivo. Dependiendo de la duración de la abstinencia, este puede o no ser un método válido. Sugeriría que si uno o ambos miembros luchan continuamente con la lujuria durante estos tiempos, este puede no ser un método válido para ellos.

Método incorrecto #3: ciertos anticonceptivos.

Ciertos dispositivos anticonceptivos, en lugar de bloquear o prevenir la concepción, destruyen o interrumpen el embarazo. Si creemos que la vida inicia en la concepción, también debemos creer que estos métodos anticonceptivos causan abortos y la muerte de un ser humano. Por lo tanto, deben ser evitados.

Si bien existe una gran variedad de métodos anticonceptivos disponibles, la mayoría cae en uno de dos campos: los que evitan el embarazo bloqueando la concepción (preservativos y otros dispositivos de bloqueo) y los que impiden la ovulación (píldoras, parches, etc.). Si estás de acuerdo conmigo en que los cristianos tienen libertad de elegir si van a usar o no anticonceptivos, probablemente estarás de acuerdo en que el primer grupo, los dispositivos de bloqueo, son opciones aceptables para el cristiano. El segundo grupo introduce un poco de dificultad. Dedicaré un poco de tiempo a este tema porque sé que es de gran preocupación para muchos cristianos. Y una vez más, me doy cuenta de que mis conocimientos médicos no van más allá de la prevención de sangrados de nariz (“¡Hijo, saca tu dedo de ahí!”), así que lo que presento aquí es simplemente el fruto de mi investigación. Dependo de la experiencia de otros.

La píldora es un método anticonceptivo atractivo por varias razones:

● Facilidad de uso – Sin desorden, sin alboroto. Una mujer solo necesita tomar una píldora una vez al día para tener una protección casi perfecta contra el embarazo.

● Efectividad – La píldora es muy eficaz. Cuando se usa perfectamente, las posibilidades de quedar embarazada son minúsculas.

● Conveniencia – Cualquier pareja que haya tanteado con los condones u otros métodos anticonceptivos similares puede dar testimonio de su inconveniencia. La píldora también aumenta la espontaneidad (¡lo que esas mismas parejas admitirán como algo bueno!)

En comparación con otros anticonceptivos, la píldora es muy deseable. Ofrece más facilidad, eficacia y conveniencia que otros métodos. Es fácil entender por qué se ha extendido tanto su uso, incluso entre los cristianos.

La píldora previene el embarazo al engañar al cuerpo de la mujer haciéndole creer que está embarazada. Hay dos tipos principales de píldoras anticonceptivas. La primera es un anticonceptivo oral combinado que contiene dos hormonas: estrógeno y progestina. El estrógeno ayuda a prevenir la ovulación suprimiendo las hormonas que harían que el ovario libere un óvulo. La progestina espesa el moco cervical, lo que dificulta que los espermatozoides puedan viajar por las trompas de falopio. También puede impedir que el recubrimiento del útero se desarrolle normalmente, lo que significa que si un óvulo fuera fertilizado, no podría implantarse. El segundo tipo de píldora se conoce como minipíldora y no contiene estrógeno, por lo que si bien no impide la ovulación, sí inhibe la capacidad de los espermatozoides para fertilizar el óvulo (tanto al espesar la mucosidad como al suprimir su capacidad para unirse al óvulo) y, en caso de que se produzca la fertilización, la probabilidad de implantación.

Es interesante observar que la “píldora del día después”, una píldora que puede tomarse hasta 72 horas después de tener relaciones sexuales sin protección para reducir el riesgo de embarazo, es en realidad simplemente una píldora anticonceptiva oral combinada que contiene tanto estrógeno como progestina. La píldora del día después, diseñada para prevenir o interrumpir un embarazo, es simplemente una dosis mayor de la píldora anticonceptiva diseñada para prevenir el embarazo.

Una búsqueda de recursos orientados principalmente a la salud de la mujer muestra que la mayoría de los médicos afirman que los anticonceptivos no causan abortos. Sin embargo, muchas de estas personas no afirmarían la enseñanza bíblica de cuándo comienza la vida. Si la vida inicia en la concepción, y creemos que así es, entonces evitar la implantación ya está causando un aborto. La píldora no causará, aparentemente, un aborto en un feto implantado. Sin embargo, habiendo leído las advertencias que vienen con la píldora, las compañías no garantizan que la píldora no afectará adversamente al feto. Es posible que defectos de nacimiento y otros problemas de salud estén relacionados con la píldora.

Algunos cristianos calificados han abordado este tema recientemente. Son personas que tienen conocimientos médicos y que afirman que la vida es inherentemente preciosa desde el momento de la concepción. Tales personas tienen para mí una credibilidad que excede la de los médicos que escriben recetas para anticonceptivos el lunes y abortan niños en una clínica el martes. Curiosamente, muchos de estos expertos parecen respaldar las afirmaciones de sus colegas, diciendo que no hay pruebas sólidas de que la píldora anticonceptiva pueda causar abortos. Un amigo me envió un par de declaraciones interesantes, una de “Enfoque a la Familia” y otra del Dr. Michael Frields, un experto médico de Grace Community Church, donde pastorea John MacArthur. El Dr. Frields cree que la píldora anticonceptiva no es de ninguna manera un método anticonceptivo abortivo. La mayoría de los expertos con los que habló James Dobson “sienten que la píldora no tiene un efecto abortivo”. Una minoría de los médicos cree que cuando la concepción ocurre con la píldora, hay suficiente posibilidad de un efecto abortivo, aunque sea remoto, para justificar que se informe a las mujeres sobre ello”. Así que aunque parece que la evidencia indica cada vez más que hay pocas probabilidades de causar un aborto por tomar la píldora, todavía no se ha llegado a un acuerdo. Supongo que esto deja a los cristianos la obligación de evaluar las pruebas por su cuenta y tratar de examinar los hechos. Como nota personal, mi esposa y yo hemos decidido no usar la píldora. Hasta no estar convencidos de que no hay ninguna posibilidad de que la píldora provoque abortos, no podemos usar la píldora con una conciencia limpia. Y para ser honesto (y completamente abierto), tengo problemas para entender cómo los cristianos pueden llegar a la posición de que la píldora es absolutamente 100% segura.

Hay mucho más que podría decirse. No deseo arrastrar esta serie a un tercer día, así que me detendré aquí. Al final, parece prudente señalar que el tema de los anticonceptivos es conveniente porque es un asunto del corazón. Nuestra actitud en este punto revelará mucho sobre lo que está dentro de nosotros. Revelará nuestra actitud hacia los niños, nuestra actitud hacia la providencia de Dios y nuestra capacidad de confiar en Dios y obedecerle. Estoy convencido de que los hombres y mujeres de ambos lados de este debate pueden amar y valorar a los niños, vivir con plena seguridad de la providencia de Dios y confiar en y obedecer a Dios. Estoy convencido de que Dios nos da la libertad de usar anticonceptivos o decidir no usarlos. Estoy convencido de que lo que más importa son los motivos y el deseo de vivir para Su gloria.