Me encuentro en medio de una serie de artículos sobre los siete concilios ecuménicos de la Iglesia primitiva. Estos concilios comenzaron con el Primer Concilio de Nicea en el año 325 y concluyeron con el Segundo Concilio de Nicea en el año 787. Entre estos dos eventos hubo cinco más, los cuales trataron de comprender y establecer una teología cristiana unificada.

En esta serie estamos examinando brevemente cada uno de los siete concilios.  En cada uno de ellos, estamos considerando el trasfondo y el propósito, los personajes principales, la naturaleza del conflicto, y luego los resultados y la importancia en el tiempo. Hoy continuamos con el Concilio de Calcedonia. Puedes leer aquí sobre el Primer Concilio de Nicea, Primer Concilio de Constantinopla, y Concilio de Efeso.

Trasfondo y propósito

En el año 449 se convocó el Segundo Concilio de Éfeso a causa de la excomunión de un monje llamado Eutiquio, que enseñaba que Cristo, tras su encarnación, tenía una sola naturaleza. El propio concilio se convirtió en un drama cuando los que apoyaban a Eutiquio, dirigidos por Dióscoro y apoyados por el emperador romano Teodosio II, hicieron valer su doctrina de forma unilateral y contundente frente a los que sostenían la opinión ortodoxa de que Cristo tiene dos naturalezas una plenamente humana y otra plenamente divina —que existen en hipóstasis en una sola persona. Cuando las noticias del concilio llegaron a Roma, el Papa León lo calificó inmediatamente como fraudulento (un “concilio de ladrones”).

Cuando Marciano, un cristiano ortodoxo, se convirtió en emperador, quiso convocar otro concilio para resolver el alboroto que había suscitado el Segundo Concilio de Éfeso. Ese concilio se reunió del 8 de octubre al 1 de noviembre del año 451 en Calcedonia, al día de hoy un distrito de la actual Estambul. Se celebró aquí, en lugar de en Italia, debido a la acuciante amenaza para el Imperio Romano de Atila y sus hunos.

Personajes principales y conflicto

De los 350 a 500 obispos presentes, se destacan dos como personajes principales: Eutiquio y Dióscoro. Eutiquio era un anciano e influyente monje de Constantinopla. Debido a sus enseñanzas poco ortodoxas sobre Cristo, ya había sido condenado como hereje en el año 448 por un sínodo local de Constantinopla. Dióscoro se convirtió en obispo de Alejandría tras la muerte de Cirilo en el año 444. Cuando Eutiquio fue inicialmente excomulgado, Dióscoro salió en su defensa. Finalmente, presidió el Segundo Concilio de Éfeso, en el que obligó a la asamblea a restaurar a Eutiquio y a deponer a los que lo habían excomulgado.

El conflicto

La doctrina de Eutiquio parecía ser una sobrecorrección a la herejía de Nestorio (ver El Concilio de Éfeso). Leo Davis dice: “Como era un pensador confuso y desordenado, su doctrina distaba mucho de ser clara y coherente”. Sin embargo, enseñaba esencialmente que Cristo tenía dos naturalezas antes de la encarnación  —una humana y otra divina— y que en la encarnación estas dos naturalezas se convirtieron en una. “Odiaba la idea de que hubiera dos naturalezas en Cristo después de la encarnación, porque entendía que el concepto de naturaleza implicaba una existencia concreta. Afirmar la idea de dos naturalezas era para él afirmar dos existencias concretas, dos hipóstasis, dos personas en Cristo”.

El Concilio de Calcedonia se vio obligado a enmendar el desastre causado por el Segundo Concilio de Éfeso y lo hicieron reafirmando los credos de los concilios ecuménicos anteriores y otras expresiones de fe que se habían considerado ortodoxas (como la segunda carta de Cirilo a Nestorio y un tomo del Papa León que resumía la cristología de Occidente). También juzgaron ante el concilio a Dióscoro y a cualquier otro obispo que hubiera apoyado las decisiones del Segundo Concilio de Éfeso.

Finalmente, desarrollaron un credo que ratificaría la ortodoxia para una nueva generación y la clarificaría frente a los puntos de vista alternativos que se habían combatido hasta ese momento (arrianismo, nestorianismo y ahora eutiquianismo).

El resultado

Dióscoro fue juzgado, declarado culpable de abusar de su autoridad sacerdotal (más concretamente en el Segundo Concilio de Éfeso) y expulsado. El concilio preparó y ratificó una confesión que negaba una única naturaleza de Cristo y reafirmaba que tiene dos naturalezas —una humana y otra divina— que coexisten en hipóstasis en Su única persona:

Siguiendo, pues, a los santos padres, todos enseñamos unánimemente que nuestro Señor Jesucristo es para nosotros Uno y el mismo Hijo, el mismo perfecto en la Divinidad, el mismo perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre; uno mismo de alma y cuerpo racionales; de la misma esencia con el Padre según la Divinidad, uno mismo unido en esencia con nosotros según la humanidad; semejante a nosotros en todo, salvo en el pecado; engendrado por el Padre antes de los siglos en cuanto a la Divinidad, pero en los últimos días, uno mismo, por nosotros y para nuestra salvación (nacido) de María la Virgen Theotokos en cuanto a la humanidad; uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito; reconocido en dos naturalezas de manera inconfundible, inmutable, indivisible, inseparable; la diferencia de las naturalezas no desaparece por la unión, sino que se conservan las propiedades de cada naturaleza, y (ambas) concurren en una sola persona y una sola hipóstasis; no como si estuviera dividido en dos personas, sino como si fuera el mismo Hijo y Unigénito Dios, el Verbo, el Señor, Jesucristo; tal como desde el principio los profetas han enseñado acerca de Él, y como el mismo Señor Jesucristo nos ha enseñado, y como el símbolo de los Padres nos ha transmitido. El consejo también emitió 28 cánones sobre la disciplina y la administración de la iglesia.

Importancia perdurable

Aunque, en efecto, el concilio tuvo cierta importancia duradera, Leo Davis señala que “al igual que el Credo de Nicea, ciento veinticinco años antes, la definición de Calcedonia no fue el final sino la intensificación de la controversia”. La intensificación de esta controversia llevaría a nuevos desacuerdos y posturas opuestas, de modo que para el año 484 Félix III, Papa de Roma en ese momento, decretaría que Acacio, el arzobispo de Constantinopla, “por una sentencia pronunciada desde el cielo… fuera expulsado del oficio sacerdotal”. Acacio respondería borrando el nombre de Félix del díptico de la Iglesia, simbolizando así la ruptura de la comunión con él. En treinta y tres años, debido a las decisiones de estos concilios, se produciría una división total entre las iglesias de Oriente y Occidente.

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.