Leyendo la Biblia sin provecho

¿Nunca has leído la Biblia durante semanas o meses y apenas si tu alma se alimenta? En lo personal, se lo que eso. He tenido temporadas de sequía espiritual. La identificación del asunto se presta para un profundo análisis. Pero muchas veces nuestro problema está en leer la Biblia con las intenciones equivocadas.  Por ejemplo, algunos van a la Escritura para conocer sobre la doctrina calvinista o los eventos futuros. Otros estudian sobre el tiempo antiguo y la historia de la humanidad. Algunas personas vienen al Libro de Dios para rascar su comezón intelectual o curiosidad religiosa.

Por otro lado, en ocasiones nuestro problema está en leer la Biblia con una trama equivocada en mente. Por ejemplo, a lo largo de mi vida como cristiano he podido conversar sobre la Biblia con varias personas. Una vez un judío me dijo que el Antiguo Testamento solo trataba sobre el pueblo de Israel. En otra ocasión alguien me dijo que el Antiguo Testamento explicaba el origen de las religiones humanas.

Este problema se extiende incluso hasta en la predicación de los ministros. Por ejemplo, recuerdo una ocasión en la que asistí a una reunión de presentación de niños. El pastor que predicó en aquella ocasión eligió el pasaje de 1 Samuel 1. El sermón se trataba de Ana y su devota vida de oración. Durante una hora el ministro predicó sobre las excelencias de Ana. La aplicación final era para las madres: “mamá sé espiritual como Ana. Mamá ora como Ana. Mamá se buena madre y sigue el ejemplo de Ana”. ¿Con qué concepto de la Escritura salió de ese templo la gente? Es probable que la mayoría de las personas pensaron: “Debo esforzarme más por seguir los ejemplos morales del Antiguo Testamento”. Quizás alguien oró: “Señor soy mala madre, forma en mí la imagen de Ana”.

¿Te das cuenta lo que ocurrió? No creo que ese pastor tenga malas intenciones, pero sin saberlo inculcó en las personas que Ana es la heroína en esa historia de la Biblia. El predicador esa noche presentó el Antiguo Testamento como una buena colección de historias morales que los cristianos podemos imitar si nos esforzamos.

Como podemos ver, si venimos a la Biblia desenfócanos de su tema central, el problema será que nos sentiremos distantes de su Autor. Quizás leemos la Biblia hace un año, cinco, o diez, pero aún continuamos sin conocer las verdaderas intenciones de su Autor. No comprender la Escritura como Dios quiere que lo hagamos nos traerá grandes conflictos espirituales. Robará nuestro sentido de comunión con Dios.

Para evitar el estancamiento en nuestros corazones, Jesucristo dio una regla de interpretación para el Antiguo Testamento: “Entonces Jesús les dijo: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria? Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras” (Lc 24:25-27).

Una lección divina aprendida a través Las crónicas de Narnia

De seguro muchos lectores hayan leído las novelas de C. S. Lewis tituladas Las crónicas de Narnia. O quizás han visto alguna de sus películas. Hace muchos años un querido hermano me recomendó leerlas. Y eso hice. Leí algunos tomos. Todos ellos preciosos y edificantes. Sin embargo, con el tiempo comprendí que los leía mal. Muy mal, de hecho. Cuando leía Las crónicas de Narnia sacaba lecciones morales sobre las historias de los personajes.

Pero la verdad, es que nunca leía los libros de C. S Lewis a la luz del propósito original que el autor tenía en mente. Lewis no escribió esos libros de cuentos infantiles para que nosotros hagamos ilustraciones morales. Él tenía en mente algo mucho más grandioso. Algo que un lector despistado como yo había pasado por alto.

El autor de Las crónicas de Narnia quiere destacar tomo tras tomo al héroe de la historia: Aslan. Lewis quiere que nos centremos en este personaje por sobre todos los demás. Porque este es el personaje principal. Aslan es un león todopoderoso. Es el rey de Narnia. Su gobierno es soberano; su dominio eterno. El reinado de Aslan es uno de justicia y paz. Obvio que el libro también tiene personajes secundarios como los hijos de Adán o la archienemiga la Bruja.

Los estudiosos del pensamiento de C. S. Lewis, nos enseñan que, como el gran apologista que era, tenía profundas intenciones espirituales detrás de todos esos libros. Él quería hablarnos de Jesucristo. En realidad, Lewis inventó a Aslan como una representación de Cristo. Cuando uno aprende a leer estas novelas teniendo la intención del autor en mente, pronto se enfocará en Aslan, y, por ende, la lectura se centrará en una modesta tipología de Cristo de principio a fin. Cuando entendí esto, fue como una lección divina aprendida a través de Las crónicas de Narnia.

La Biblia es un libro con un Autor que trata sobre un Tema

¿Por qué llamo a mi fracaso con los escritos de Lewis una lección divina? Bueno, porque sucede que con la Palabra de Dios no es diferente. La Biblia también es un libro, con un Autor, que trata sobre un Tema. Y el asunto es que puede que nos esté pasando algo similar a mi primera experiencia con las fábulas de Lewis. Quizás hace mucho venimos leyendo la Biblia sin considerar la intención original que el Autor tenía en mente.

A veces olvidamos que en la Biblia hay diversidad y unidad al mismo tiempo. La Escritura es una colección de 66 libros compilados a lo largo de miles de años, pero es un tomo único e indivisible. Las Sagradas Escrituras poseen muchos autores humanos, pero un solo Autor divino. La Escritura tiene muchos géneros literarios: como narraciones, poesías, profecías e historias. Cada libro tiene su género y su trama, pero en realidad narra una sola y gloriosa historia: la historia de la Redención. Las Escrituras tienen muchos personajes secundarios, como Adán, Noe, Abraham, el pueblo de Israel y el rey David. También tiene un archienemigo malvado que es Satanás. Pero cuenta con un solo Personaje principal: el Señor Jesucristo. Él es el Héroe de cada historia.

A veces cometemos el error de usar la Biblia para sacar buenos ejemplos morales a fin de aplicarlos a nuestra vida. Estudiamos Génesis para imitar al patriarca Abraham. Meditamos 1 y 2 Samuel para seguir los buenos caminos de David y evitar sus malos pasos. Nos gustan los Salmos porque nos hacen sentir vivos espiritualmente, y los Proverbios de Salomón porque nos hacen sentir sabios en la vida diaria.

El problema es que, cuando termina el año, sin saberlo, hemos leído mucho de la Biblia y jamás hemos pensado un solo día en el Personaje principal de su historia. Hemos aplicado principios de sabiduría y hemos seleccionado ejemplos morales para seguir, pero nunca hemos tenido contacto directo con el Héroe de la Historia de la Redención. Es como pasarte la vida leyendo Las crónicas de Narnia y aún no saber quién es Aslan y cuál es su papel en la historia de los narnianos.

En realidad, Dios es el Autor de la Biblia y Su propósito al escribirla no era darnos buenos ejemplos a seguir y malos ejemplos a evitar. El Señor tenía una meta mucho más alta y gloriosa cuando se propuso escribir Su divina Palabra. Él quiere mostrarnos a Su Hijo. Su intención es que veamos a Cristo en cada página inspirada de las Sagradas Escrituras. Y, de hecho, Él reveló a Jesús de principio a fin en Su Palabra, para que lo encontremos desde Génesis hasta Apocalipsis.

¿La Biblia debe interpretarse solo de manera literal?

Como les pasa a todos, llegó un punto en mi vida en el que me hice esta pregunta de forma profunda. Claro, a simple vista la respuesta parece fácil: Sí, la Biblia debe interpretarse de manera literal. Pero hay que evitar el simplismo en esa afirmación. Porque la Biblia posee algunos géneros literarios que no deben entenderse de forma literal, como el apocalíptico o la poesía. Además, muchos escritores utilizan metáforas o figuras retóricas para explicar sus pensamientos.

Este tema ha traído problemas en la historia de la iglesia. Por ejemplo, sabemos que los primeros padres de la iglesia interpretaban el Antiguo Testamento de manera alegórica. De ese modo, ellos esquivaban los pasajes difíciles de la Biblia y a su vez sacaban del texto bíblico las lecciones espirituales que se les antojaba. Así fue como algunos podían ir a Génesis capítulo 1 y decir que Cristo era el sol de la creación, la luna era la Iglesia que refleja Su gloria y las estrellas las familias convertidas que llenaban toda la tierra.

Sin embargo, cuando llegó la Reforma, el método de interpretación alegórico fue rechazado. En su lugar se inauguró otro método de interpretación bíblica: el Cristológico. Según los reformadores este es el método apostólico. Para los puritanos, todo pasaje de la Escritura debe entenderse de forma literal en su contexto, pero no queda ahí, sino que para comprender su significado pleno debe interpretarse a la luz del Personaje principal en toda la metanarrativa, es decir, nuestro Señor Jesucristo. Su deidad, carácter, encarnación, muerte, sepultura, resurrección y ascensión.

Porque si Cristo es el Héroe en la historia de la Biblia, entonces, cada página de la misma debe estar saturada de Cristo y centrada en Él. Cada porción de la Biblia debe ser entendida a la luz de Su persona y Su obra.

Sobre esto, consideremos una reflexión hecha por el puritano J. C. Ryle:

“Entendamos que ‘Cristo es el todo’ en los libros inspirados que componen la Biblia. Encontramos a Cristo en todas partes de ambos testamentos. Al principio lo vemos sutil e indistintamente. En el medio, lo encontramos más clara y llanamente. Y lo vemos total y completamente, al final. Cristo es el todo en toda la Biblia de una manera real y sustancial. El sacrificio y muerte de Cristo por los pecadores, el reino de Cristo y Su futura gloria, son la luz que tenemos que buscar en cualquier libro de las Escrituras que leamos. La cruz de Cristo y Su corona son la clave a la que debemos aferrarnos si hemos de encontrar nuestro camino cuando enfrentamos alguna dificultad en nuestra lectura bíblica.

Cristo es la única llave que abrirá muchos de los lugares, aparentemente oscuros, de la Palabra. Algunos se quejan de que no entienden la Biblia. Y la razón es muy simple: No utilizan la clave. Para esas personas, la Biblia es como los jeroglíficos en Egipto. Es un misterio y lo es, simplemente porque no conocen ni emplean la clave”.

Como podemos ver, en el pensamiento puritano, Cristo es la clave de toda la Biblia.

El evangelio que Dios reveló en Cristo

Sería útil considerar cómo podemos encontrarnos con Cristo a lo largo de nuestra lectura de la Biblia. Porque al fin de cuentas, lo más importante es poner en práctica todos estos pensamientos. En este punto vino a mi ayuda el catecismo de Heidelberg. La pregunta número 19 de este me permitió entender cómo debo leer la Biblia con los ojos puestos en Jesus de principio a fin. Dice así:

“P. ¿De dónde sabes todo esto?

R. Del santo evangelio, del cual Dios reveló primeramente en el paraíso y después lo anunció por los santos patriarcas y profetas, y lo hizo representar por los sacrificios y las demás ceremonias de la Ley: y al fin lo cumplió por su Hijo unigénito.”

No tenemos espacio para citar todas las referencias que el catecismo nos da. El punto principal que quiero remarcar aquí es que los reformadores entendían que el tema central de todas las Escrituras es lo que ellos llamaron “el santo evangelio”. Para ellos “el santo evangelio” es la revelación del Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, desde Génesis hasta Apocalipsis.

Notemos que el catecismo dice que Dios lo reveló primeramente en el paraíso, después lo anunció por los santos patriarcas y profetas, luego lo hizo representar por los sacrificios y las ceremonias de la Ley, y al final lo cumplió en la persona de Su propio Hijo unigénito. En otras palabras, Cristo es el centro de toda la Biblia, es la clave para entender la Torá, los Salmos, los profetas, todas las historias en Jueces, Samuel, Reyes y así de libro en libro hasta el Apocalipsis. El evangelio debería ser los anteojos que el cristiano se coloca sobre su mente renovada para leer a diario las páginas del Libro de Dios.

Conclusión

Entonces, cuando leemos la Biblia y encontramos alguna promesa debemos preguntarnos: ¿Cómo se cumple esta promesa en Cristo? Cuando encontramos alguna ceremonia judía —como la Pascua— tenemos que preguntarnos: ¿Cómo simboliza esto a Cristo? Cuando entramos en una serie de historias sobre ciertos personajes hay que preguntarnos: ¿Cómo tipifica esto a Cristo?

Por lo tanto, sugiero cinco preguntas clásicas que podemos hacerle todos los días al texto bíblico:

  1. ¿Cuál fue la intención del escritor para sus lectores originales?
    1. ¿Qué nos enseña el pasaje sobre perfecciones de Dios?
    1. ¿De qué manera señala el texto algo acerca de Jesus?
    1. ¿De qué manera señala el texto algo acerca del evangelio?
    1. ¿Cómo aplico esta porción de la Escritura a mi vida?

Empecemos a trabajar con estas cinco preguntas. Lo importante es encontrarnos con Cristo diariamente. Dicho todo esto, querido lector, te despido con dos consejos:

  • Primero, medita en lo que dice tu Biblia con la intención del Autor en mente. No leas las Escrituras como un pergamino mágico que soluciona tus problemas actuales. Interpreta la Biblia a la luz de su metanarrativa.
  • Segundo, estudia tu Biblia utilizando la clave. Nunca la leas pensando en otra persona que no sea Cristo. Recuerda que Cristo es la clave (no tú o alguna doctrina cristiana). Jesucristo es la llave maestra que habré todas a las promesas de Dios. Es el cofre en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría de Dios. Cristo es el Héroe en esta historia de redención, y nosotros tenemos parte en ella por Su inagotable amor.
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Diego Louis
Diego Louis, está casado con Sofia y tiene dos hijos. Luisiana y Simon. Vive en Buenos. Aires, Argentina y se congrega en la Unión de Centros Bíblicos en la localidad de Ezeiza.