Si queremos ser personas que aman, también debemos ser personas que odian. Si hemos de amar lo que bendice a las personas, debemos odiar lo que las perjudica. Cuando amamos y odiamos de esta manera, imitamos a Dios, quien ama y odia. Dios se reserva palabras como “odio”, “abominación” y “desprecio” para describir los pecados por los que tiene mayor repulsión. Ya hemos visto que Dios odia la idolatría, la inmoralidad sexual, la injusticia y la hipocresía. En este artículo veremos el odio de Dios por el engaño.

Dios odia el engaño

La Biblia no deja duda que Dios odia el engaño. Tres veces en el libro de proverbios Él lo afirma sin rodeos. En proverbios 6 leemos una lista de “Seis cosas hay que odia el Señor, y siete son abominación para Él” (16), y dos de ellos se relacionan con el engaño: “…una lengua mentirosa…” y “…un testigo falso que dice mentiras…”, (17,19). Proverbios 12:22 hace eco al tema: “Los labios mentirosos son abominación al Señor, pero los que obran fielmente son Su deleite”.

Zacarías añade que Dios odia el tipo de engaño que toma forma en los juramentos falsos, al decir, «…no traméis en vuestro corazón el mal uno contra otro, ni améis el juramento falso; porque todas estas cosas son las que odio» —declara el Señor”. (Zacarías 8:17). Mientras reunimos la evidencia, viene a ser claro: Dios odia cualquier encubrimiento de la verdad, cualquier negación de la verdad o cualquier tergiversación de la verdad.

Por qué Dios odia el engaño

Dios odia el engaño porque Él valora demasiado la verdad. Él valora mucho la verdad porque Él mismo es la fuente de toda la verdad. “Santifícalos en la verdad”, oró Jesús, “Tú Palabra es verdad” (Juan 17:17). La verdad refleja el carácter santo de Dios, Su corazón puro. La revelación de Dios es completa y perfectamente verdadera porque Él mismo es completo y perfectamente verdadero.

Las mentiras, sin embargo, tienen una fuente muy diferente, pues como dijo Jesús a las autoridades religiosas de su tiempo, “Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira” (Juan 8:44). Dios es el Padre de la verdad, Satanás es el padre de la mentira. Entonces, no es de extrañar que Dios odie el engaño y a los engañadores.

En otra parte aprendemos que el engaño es la condición natural de aquellos cuyos corazones están en rebelión contra Dios: “Desde la matriz están desviados los impíos; Desde su nacimiento se descarrían los que hablan mentiras” (Salmo 58:3). Así, el engaño es un signo seguro de nuestra depravación. Como seres humanos alejados de Dios, inmediatamente empezamos a decir mentiras, usando mal nuestra habilidad de comunicarnos para engañarnos unos a otros. Cuando Pablo describe la depravación humana en Romanos 3, él nos muestra qué tan rápido se manifiesta esa depravación a través del engaño.

“No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, No hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta, Engañan de continuo con su lengua. Veneno de serpientes hay bajo sus labios”. (10-13).

Cuando hablamos de forma engañosa, hablamos de forma satánica. Nuestras palabras reflejan un corazón que se ha sometido a Satanás y no a Dios. Jesús dijo, “Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre» (Mateo 15:18-20). Las palabras falsas revelan un corazón en rebelión contra Dios. Las palabras contaminadas provienen de un corazón contaminado.

El juicio de Dios sobre el engaño

En Romanos 3, inmediatamente antes de describir la decepción de la depravación humana, Pablo dice que todos los seres humanos están “bajo pecado”, (9). Esto significa que todos los seres humanos están bajo el dominio del pecado. No estamos sometidos a Dios, sino sometidos a satanás. No somos amigos de Dios, sino enemigos.

Porque estamos bajo el dominio del pecado, estamos bajo la maldición del pecado. Hemos venido a ser objetos de la ira justa de Dios. Engañamos porque somos pecadores y nuestro engaño simplemente potencia nuestra depravación. Tratamos de engañar a Dios, como lo hicieron Adán y Eva. Tratamos de engañar a los demás, para beneficiarnos a nosotros mismos perjudicándolos. Incluso tratamos de engañarnos a nosotros mismos, convenciéndonos de que somos menos pecadores de lo que en realidad somos. Y a través de todo ello invocamos el juicio de Dios.

Esperanza para el engañador

Pero aún hay esperanza para los engañadores. En Efesios 4:22, Pablo nos dice que debemos “despojarnos” de nuestro viejo hombre. Debemos dejar de ser quienes y lo que una vez fuimos cuando estábamos bajo el dominio de Satanás. Él continúa, “Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros” (25). Aquellos que una vez engañaron, ahora pueden hablar de manera recta. ¿Cómo puede llevarse a cabo una transformación como esa? Por el evangelio de Jesucristo. “Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (7). Jesucristo nos ofrece perdón por cada pecado, aún el pecado del engaño. Y, aquellos que han sido perdonados, ahora anhelan hacer lo que es recto, lo que trae gloria a Su Nombre.

Así Pedro puede decir a los cristianos, “desechando toda malicia, y todo engaño, hipocresías, y envidias y toda difamación”, (1 Pedro 2:1). En cambio, aprende a imitar a Jesús, “el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca”, (1 Pedro 2:22). A través del evangelio y por el evangelio, podemos hacerlo. El evangelio es suficiente para perdonar y transformar incluso al más engañador.

Versículos clave

He aquí algunos versículos claves para continuar con tu estudio del engaño.

  • Dios odia la lengua mentirosa (Proverbios 6:17).
  • Dios odia los labios mentirosos (Proverbios 12:22).
  • Dios odia los juramentos falsos (Zacarías 8:17).
  • Dios odia a los falsos testigos que hablan mentiras (Proverbios 6:19).
  • Dios nos dice que nos despojemos de decir mentira y nos vistamos de hablar la verdad (Efesios 4:22-25).
  • Dios nos dice que dejemos todo engaño e imitemos a Cristo en su perfección. (1 Pedro 2:1, 2:22).