Desde que soy un hijo de Dios le he dedicado muchos años de mi vida a meditar en la raíz que mueve los afectos religiosos: el deleite en Dios. Este es un tema fascinante. Por eso, me pareció bien compartir contigo dos verdades fundamentales que marcaron para siempre mi existencia en esta tierra: Dios es en Sí mismo, y para todo ser humano, el Gozo Soberano y Sumo Bien del universo.

Conoce a Dios como el Gozo Soberano

“Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan al SEÑOR.” (1Cro. 16:10).

Para comenzar a encaminar nuestros pensamientos hacia el tema, señalo que David nos llama a vivir una experiencia dulce y satisfactoria en la comunión con Dios: “Alégrese el corazón de los que buscan al Señor”. Podríamos entender este versículo a la luz de la siguiente declaración: El fin principal del hombre es glorificar a Dios por medio de gozarse en Él por siempre.

El fin principal del hombre

Este ha sido un tema liberador para mi alma. He recibido asistencia de muchos libros, pero fueron unas líneas de J. Piper las que me ayudaron a comprender las implicaciones de estas verdades. Por ejemplo, si tomamos su libro los peligros del deleite hallaremos:

 “A Dios no sólo se lo glorifica mostrando Su gloria, sino gozándose en ella. Cuando los que la ven se deleitan en ella, Dios se glorifica más que si lo único que hacen es verla. Entonces, toda el alma recibe su gloria, tanto a travez del entendimiento como del corazón… Edwards tiene toda la razón cuando dice que: si no nos gozamos en Dios, no lo glorificamos…Dios se glorifica más en nosotros cuando estamos más satisfechos en él…antes de ver estas cosas en la Biblia C. S. Lewis me atrapó sin que yo lo anduviera buscando, él dijo: “la alabanza no sólo expresa el placer, sino que lo completa“. Buscar el gozo en Dios y alabar a Dios no son actos separados. La adoración es valoración de Dios. Y cuando esta valoración es intensa, es gozo en Dios…Por eso la esencia  de la adoración es deleite en Dios”. 

Por lo tanto, debemos decir que los afectos del alma son muy importantes. El cristiano es la criatura ideal para dejar un legado de gozo sin igual al rededor de la tierra. Para entender esto, recibí socorro del antiguo teólogo inglés J. Edwards. Él escribió en su tratado la verdadera experiencia cristiana lo siguiente: “La verdadera religión consiste principalmente en emociones santas”. 

Los afectos religiosos son cruciales en el cristianismo, esenciales en un corazón transformado por la gracia. La Escritura nos manda a liberarnos de un corazón duro para experimentar profundas emociones en Dios, Cristo y para con los santos. Por ejemplo:

  • Amar misericordia.
  • Dar con alegría.
  • Hospedar con amor. 
  • Ser de corazón manso, humilde y perdonador.
  • Ser de espíritu ferviente.
  • Servir con gozo al Señor.
  • Expresar amor fraternal por los santos.
  • Gozarnos en la verdad.

La conclusión de todo esto es que Dios nos creó para que estemos satisfechos en Él. Esto sucede cuando, por medio del conocimiento de Sus perfecciones, el alma se conmueve con la Majestad de Dios, entonces el amor despierta emociones santas (como el gozo) y se crea en nosotros esa sensación placentera en la comunión con Dios. Esto sucede a tal punto que la voluntad se mueve para responder con alabanzas, cantos espirituales, sonrisas y acciones de gracias.

¿Qué significa el título «Gozo Soberano» aplicado a Dios?

Por lo cual, David quiere comunicarnos algo al escribir: “alégrese el corazón de los que buscan a Jehová”. De algún modo, desea que experimentemos en Dios un gozo sin igual en comparación a todo lo demás.

Para contextualizarnos digo que este título fue escrito cerca del año 400 d. C, por un obispo llamado San Agustín en su famoso libro Confesiones. Allí el teólogo se dirige a Dios en oraciones escritas, y también lo llama “Máximo deleite”, “Riqueza mía” y “Dulzura mía”. Creo que estos títulos aplicados a Dios encierran en sí mismos el meollo del cristianismo. 

Por eso entiendo que la idea que trasmite nuestro título es sencilla pero profunda. Primero, Dios es el Gozo para el cristiano. Es único, diferente e inextinguible. No un gozo entre otros goces de la vida. Segundo, Dios es el Gozo del creyente. Es la fuente misma de su alegría, el motor de su felicidad, la cuña de sus regocijos, la Primera Causa y el Fin Supremo de todos sus deleites y satisfacciones. Por ultimo, Dios es el Gozo Soberano para Su pueblo. Es grandioso, inigualable y todo suficiente.

Para la Iglesia de Cristo, Dios es el Gozo sobre todo gozo, placer, y felicidad que el mundo o el pecado puedan ofrecer en Su comparación (Sal. 16:11; 17:15; 73:26).

Conoce a Dios como el Sumo Bien 

“Dad gracias al SEÑOR, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia.” (1Cro 16:34).

Ahora pasamos al segundo tema de este articulo. En este texto notaremos que David apela al gran atributo divino para despertar en los creyentes un sentido de alabanza con acciones de gracias al Señor (Sal. 4:6; 34:8; 118:1). Antes de explicar cómo el título «Sumo Bien» se aplica a Dios, debemos definir lo que entendemos por bondad y hermosura en Él.

La bondad de Dios

Dios es intrínsecamente Bueno. Su naturaleza santa hermosea la bondad de Su ser. Todo lo que Dios es y hace siempre es bueno. El sol no tiene sombra alguna porque en sí mismo es todo luz, algo similar ocurre con Dios: no tiene sombra de maldad porque es bondad purísima, todo en Su ser es santo.

Una forma de comprobar la estrecha relación que existe en todo lo que Dios es y todo lo que hace sería uniendo Su bondad con las obras de misericordia que opera de continuo, como hace David en nuestro texto. Todo lo que hace Dios nos llega bañado con las misericordias divinas porque Él es bueno Sus criaturas. Sabiendo esto, podemos afirmar que nada corrupto puede proceder de un Dios incorruptible, así como un árbol bueno no puede dar frutos malos.

La hermosura de Dios

En la actualidad muchas personas relacionan la belleza con algo referido a lo exterior. Pero esa es una manera superficial y limitada de definir la belleza. De manera personal, también sufrí serios problemas con esto. Desde los comienzos de mi cristianismo me costaba entender algunos términos adjudicados a Dios por escritores pasados. Ellos hablaban de “la belleza de Dios”. Es más, los escritores inspirados dicen cosas como: “la hermosura de la santidad de Dios”. A mí me constaba comprender cómo podría sentirme atraído por la belleza de Dios. Pero la solución llegó poco a poco cuando aprendí que la Biblia asocia la hermosura con la justicia y la belleza con la santidad.

 Por esta razón, encontramos en la Palabra de Dios que si algo es santo, es bueno. Si algo proviene de una naturaleza santa, hace bien, y por eso, es bello. Porque la belleza bíblica se describe en relación a la virtud, y la hermosura se define por la piedad interior (Prov 31:29-30; Ef 5:26-27; 1Pd 3:3-5).

¿Qué significa el título «Sumo Bien» aplicado a Dios?

Para comprender mejor esta verdad, fue el teólogo Tomás de Aquino quien alumbró mi entendimiento en su Suma de teología. 

Nosotros sabemos que existen mediciones para la bondad. Diferenciamos algo bueno de algo mejor, y lo mejor de algo excelente. Por lo tanto, debemos realizarnos una pregunta un tanto filosófica: ¿Existe un ser en el universo que, en sí mismo, pueda encerrar la medida perfecta de toda bondad y belleza? De existir, tal ser debe ser reconocido como el Sumo (supremo) Bien.

Por consiguiente, cuando aplicamos este título a Dios, significa que es imposible encontrar expresión o manifestación más grande de la bondad perfecta que exista fuera de o aparte de Él. Dios es la máxima expresión de toda bondad en Sí mismo. Él contiene y refleja todo lo bueno. De Él procede todo don perfecto.

Así es como podemos concluir que Dios es el Sumo Bien. Por estas razones, debemos  valorar Su persona como el Tesoro incomparable, disfrutarlo como el Máximo deleite y apreciarlo como la Dulzura del alma, la Belleza misma del universo.

En resumen: el Dador supera la dádiva, el Sumo Bien a todo lo bueno y el Gozo Soberano a todos los placer que el mundo pueda ofrecer. Dios es el Bien del hombre, y por ende, su verdadera felicidad.

Fuimos creados para ser felices por medio de glorificar a Dios. Él es la medida exacta de ese hueco que posee nuestra alma inmortal ¡la felicidad eterna del hombre y la gloria de Dios no son opuestos! Cuanto más disfrutemos de Sus perfecciones, más felices seremos; cuanto más disfrutemos Sus perfecciones, más engrandecemos el valor de Su Gloria.

Amado lector, considera bien lo que digo, porque si tengo razón el propósito de tu existencia está en juego, así como el destino final hacia el que te diriges. Si todas las cosas buenas provienen de Dios como Primera Causa, entonces, todas las cosas deben terminar en Dios como Fin Supremo. Si Dios es la Fuente de toda buena dádiva, entonces, es digno de toda nuestra admiración, valoración, amor y adoración por siempre. Si nada bueno puede existir sin Dios, entonces, toda acción de gracias le corresponde a Dios. Finalmente, si ningún bien o placer pueden superar Su Majestad, entonces, todo atesoramiento y disfrute del que sea capaz el alma debe rendirse por completo solo a Él.