Llegamos al tercer mandamiento entregado por Dios a Moisés, donde el Señor habiendo ya dado directrices concernientes a Su exclusividad como Único Dios de Israel, y concerniente a la adoración espiritual que merece, ahora especifica el deber de Su pueblo escogido de honrar Su nombre, pues esta tercera ordenanza dice: “No tomaras el nombre del Señor tu Dios en vano; porque el Señor no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano”. Con este tercer mandamiento todavía estamos dentro de los mandamientos enfocados en la persona del Creador, pues recordemos que los primeros cuatro tienen que ver con la relación vertical del hombre hacia Dios, mientras que los seis restantes tienen que ver con la relación horizontal del hombre con su prójimo. Veamos que quiso el Creador decir con este mandamiento.

La ordenanza

Al buscar el significado del término tomaras, encontramos que significa elevar, alzar, levantar o dar [1]; mientras que el término vano significa algo vacío, algo sin propósito bueno, esta palabra tiene la connotación de hipocresía, mentira o falsedad [2]; por otro lado, cuando se habla del Nombre del Señor, se habla de Su identidad, se habla de Su naturaleza, de quien es Él, de Sus atributos, de todo cuanto es Dios. Aquí debemos recordar que en la antigüedad y específicamente para Israel el nombre de una persona llevaba mucho peso, pues mostraba gran parte de quien era.

Por tanto, podemos ver que en este punto el Creador de los cielos y la tierra está demandando que no se eleve o levante Su Nombre sin propósitos santos, o simplemente que no se le dé a Su Nombre usos vacíos, usos hipócritas o falsos; pues esto sería sinónimo de tratar a Dios de manera indigna, porque como ya se dijo, el nombre refleja quien es la persona, así que darle al nombre del Señor un trato vacío e indigno es igualmente darle al Creador un trato indigno y vacío.

Al respecto el comentario bíblico mundo hispano de forma directa y clara dice:

“El mandamiento tiene por lo menos cinco implicaciones: (1) No blasfemar; no maldecir utilizando el nombre divino, (2) no jurar falsamente en nombre de Dios, es decir, en perjurio, (3) no usar el Nombre de Dios para fines propios; no debe usarse el nombre de una manera manipulante, ni en encantamientos, brujería y magia, (4) el nombre de Dios no debe ser usado en vano; no debe pronunciarse el nombre de Dios livianamente en chistes ni en cantos: debe ser usado con reverencia; no debe rebajárselo al nivel humano, y (5) como creyente, no debe llevar el nombre de Dios con doblez; al profesar fidelidad a Dios y a su Reino y no vivir de acuerdo con Su voluntad revelada es tomar en vano el Nombre, la persona, de Jehovah” [3].

Es llamativo notar que el mandamiento implica, como se ha dicho, no tratar directamente a la persona del Señor de manera indigna, esto al usar Su nombre en promesas que en realidad no se piensan cumplir, o al usar Su Nombre con ligereza sin preocuparse que de quien se habla es del Único y Verdadero Dios Santo; pero también implica el no usar literalmente el Nombre del Señor para usos indignos como rituales o magia, esto porque al parecer esta era una práctica común de entonces [4], pues debemos recordar que el Señor a esta altura ya se les había dado a conocer como Jehová, en consecuencia no quería que Su Nombre fuese usado con propósitos místicos.

La verdad es que si razonamos un poco, y en sintonía con el mandamiento anterior de adorar correctamente al Señor al no hacer ídolos ni siquiera de Él, es posible que tomar el Nombre de Dios para usarlo místicamente es una especie de idolatría, pues al hacerlo así, aunque se utilice el Nombre, como por ejemplo Jehová, no se le estaría dando el correcto significado, no se estaría honrando correctamente a la persona detrás del Nombre y se podría estar confiando más en el uso del Nombre que en la persona misma que es el Verdadero Dios.

La razón

Otro punto más que señalar en este mandamiento, es que al igual que en el mandamiento anterior, el Señor nos da una razón para dicha ordenanza, pues el texto sigue diciendo “porque el Señor no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano”. Con lo cual quiere decir que de ninguna manera dejará impune o sin castigo a quien trate de forma inapropiada Su Nombre. El punto aquí es que Dios es Santo y celoso de Su santidad, por lo tanto, dará las consecuencias necesarias a todo aquel que profane Su santo Nombre. Si bien no nos dice como es específicamente este castigo, las Escrituras nos dicen que “¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).

Ahora bien, otra forma de comprender un mandamiento de negación, es ver como dicho mandamiento se puede expresar de forma positiva, y para expresarlo de forma positiva vemos que lo que Jehová estaba demandando de Su pueblo era que se honrara debidamente Su Nombre, y honrar es dar el respeto, honor y reconocimiento merecido, en este contexto es darle al Señor y en consecuencia a Su Nombre todo el respeto y honor que merece. Esto como bien siguiere James Montogomery nos debe llevar a la oración que hace Jesús cuando dice: “Santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9). Y es que tratando el nombre del Señor de manera santa y reverente lo estaremos honrando y en consecuencia no tomándolo en vano. Montogomery dice: “Deshonrar el nombre de Dios es deshonrar a Dios, y santificar su nombre es honrarlo” [5].

Conclusión

Hay varias formas en que podemos tomar el Nombre del Señor en vano en nuestras vidas, como por ejemplo usándolo en juramentos que no se cumplirán, usándolo livianamente al identificarnos con dicho Nombre, pero no viviendo de acuerdo a Sus estándares, usándolo simplemente por costumbre en conversaciones frívolas sin darle el respeto y reverencia requerido, o usándolo como cliché o mantra creyendo que tendremos algún poder místico para nuestro beneficio. En lugar de todo esto, que Dios nos ayude a santificar Su Nombre, a darle el honor que demanda, a reconocer la importancia, significado y reverencia que le merece, y de esta manera cumplir entonces con este tercer mandamiento de darle la correcta honra al nombre del Único y Verdadero Dios.


[1] Strong James. Diccionario Strong de palabras hebreas y arameas. Editorial Caribe, Nashville, TN, 2003, p 90.

[2] Strong James. Diccionario Strong de palabras hebreas y arameas. Editorial Caribe, Nashville, TN, 2003, p 130.

[3] Carro Daniel, Poe José Tomas y Zorzoli Rubén O. Comentario Bíblico Mundo Hispano, tomo 2, Éxodo. Editorial Mundo Hispano, El Paso, TX, 1997, p 176.

[4] Walton John, Matthews Victor y Chavalas Mark. Comentario del Contexto Cultural de la Biblia: Antiguo Testamento. Editorial Mundo Hispano, El Paso, TX, p 93.

[5] Montogomery James. Los Fundamentos de la Fe Cristiana. Editorial Unilit, Miami, FL, 1996, p 235.

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Douglas Torres
Graduado del seminario bíblico Río grande (Edinburg, Texas), en la actualidad cursa una maestría en teología en el seminario Teológico bautista de Venezuela. Es facilitador del Seminario Teológico Ministerial (SETEMI), prosefor del Centro de Capacitación bíblica para pastores y maestro de la iglesia bautista Nuevo Amanecer en Bocono Edo Trujillo. Está casado con Erika de Torres y juntos tienen dos hijos, Douglas Davet y Naryet Orel Torres.