En las últimas semanas he estado examinando lo que Dios odia. Lo he hecho buscando en la Biblia aquellas cosas que Dios enfáticamente dice odiar o que describe como “despreciables” o “abominables”. Hemos visto que Dios odia la idolatría, la inmoralidad sexual, la injusticia, el engaño, el orgullo y los malos pensamientos. Hoy concluiremos considerando el odio de Dios hacia los malos.

Dios odia a los malos

El Salmo 11:5 lo expresa claramente: Dios odia a los malvados. “El Señor prueba al justo y al impío, y su alma aborrece al que ama la violencia” (Salmo 11:5). Él odia a los malos desde su alma, desde lo más profundo de su ser. Dios odia sus caminos (Proverbios 15:9), sus pensamientos (Proverbios 15:26), su adoración (Proverbios 15:8), sus acciones (Proverbios 6:18) y sus malas obras (Salmo 5:5). Señala como objeto especial de su odio las acciones blasfemas de los nicolaítas, aquellos que sedujeron al pueblo de Dios con la idolatría y la inmoralidad sexual. “Sin embargo tienes esto: que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco” (Apocalipsis 2:6).

Evidentemente Dios odia los pensamientos, las acciones y los deseos de los malos. Pero, además, en cierto modo, Él odia a las personas malas en sí mismas. Su alma reacciona ante ellos con una justa repugnancia mientras su brazo se extiende hacia ellos con una ira santa. Pero ¿quiénes son los malos? Todos nosotros. Todos somos malos, “por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios” (Romanos 3:23). “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron” (Romanos 5:12).

¿Por qué Dios aborrece a los malos?

¿Por qué alberga Dios tal odio hacia los malos? Dios odia a los malos porque su maldad es, en primer lugar, una marca de la más profunda rebeldía contra Él y contra su gobierno. Dios creó a la humanidad para que fuera perfecta y sin pecado, para que viviera en gozosa sumisión a Él, para que le ofreciera una adoración pura. Pero la humanidad se rebeló y su deslealtad se muestra al actuar en contra de Dios. Dios aborrece a los que expresan su odio hacia Él.

Dios también odia a los malos porque su maldad se manifiesta en formas que hacen daño a las personas que Él ha creado a Su imagen. Ya que los pecadores no pueden violentar las puertas del cielo para destronar y destruir al mismo Dios, se vuelven contra lo que le es más querido y más cercano a su imagen. Y así llevan a cabo su maldad contra otras personas. Los hieren, los dañan, los mutilan, los matan.

Finalmente, Dios odia a los malos porque su maldad se manifiesta, de manera particular, contra los elegidos de Dios. Los malos dirigen su furia contra el pueblo de Dios, burlándose de ellos, persiguiéndolos, dándoles muerte.

El juicio de Dios sobre los malos

Dios debe juzgar a los malos por su rebeldía. Debe juzgarlos por sus malos pensamientos, sus malas acciones e incluso sus malos deseos. Y lo hará.

Dios es juez justo, y un Dios que se indigna cada día contra el impío. Y si el impío no se arrepiente, Él afilará su espada; tensado y preparado está su arco. Ha preparado también sus armas de muerte; hace de sus flechas saetas ardientes. He aquí, con la maldad sufre dolores, y concibe la iniquidad y da a luz el engaño. Ha cavado una fosa y la ha ahondado, y ha caído en el hoyo que hizo. Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su violencia descenderá sobre su coronilla. (Salmo 7:11-16)

Dicho de forma más concisa: “El Señor guarda a todos los que le aman, pero a todos los impíos destruirá” (Salmo 145:20). El Salmo 1:5 promete que “no se sostendrán los impíos en el juicio”. De hecho, en Lucas 13 encontramos a Jesús hablando de ese juicio final. Él dice que en ese día algunos esperarán ser acogidos por Dios en su reino, pero lo único que escucharán será esta aterradora sentencia: “Apartaos de mí, todos los que hacéis iniquidad” (Lucas 13:27). Serán enviados para siempre a un lugar donde “será el llanto y el crujir de dientes” (28). Dios juzgará a los malos y les dará el castigo apropiado por su maldad.

Esperanza para los malos

Sin embargo, hay esperanza para los malos, es decir, hay esperanza para todos nosotros. “Así pues, tal como por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres, así también por un acto de justicia resultó la justificación de vida para todos los hombres. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:18-19).

Todos nos enfrentaremos al juicio y todos nos acercaremos a ese juicio con un largo historial de pensamientos y actos perversos. Pero algunos seremos recibidos por Dios en su reino eterno. Esto no será sobre la base de la justicia que hayamos ganado, sino solamente sobre la base de la justicia de Jesucristo. Hay esperanza para los malos si tan sólo se vuelven a Cristo en arrepentimiento y fe.

Versículos claves

Si quisieras dedicarte a un estudio más profundo, aquí tienes los versículos clave acerca del odio de Dios hacia los malvados.

  • Dios odia a los que hacen iniquidad (Salmo 5:5)
  • Dios odia a los malvados (Salmo 11:5)
  • Dios odia los sacrificios de los impíos (Proverbios 15:8)
  • Dios odia los caminos de los impíos (Proverbios 15:9)
  • Dios odia los pensamientos de los impíos (Proverbios 15:26)
  • Dios odia los pies que se apresuran a correr hacia el mal (Proverbios 6:18)
  • Dios aborreció a Esaú (Malaquías 1:1-3; Romanos 9:13)
  • Dios aborrece las obras de los nicolaítas (Apocalipsis 2:6)