Crecí en una familia rota. Al presente, esto no es novedad, pero en la década de los 80s-90s esto era algo que destacaba debido al bajo porcentaje de divorcios que aún había, por lo menos en mi círculo familiar cercano. Era una tragedia. Pero a medida que fue avanzando el tiempo, esta realidad no fue solo la mía, sino la de muchos. Con todo lo que conlleva vivir con una familia fracturada. Las fiestas de diciembre, por ejemplo, se convirtieron en un problema. Una pregunta recurrente en esos días: «¿Con quién pasar Navidad o Año Nuevo?». Entonces las fiestas, en lugar de ser una bendición, eran una odisea. Ya lo eran antes, cuando mis padres no estaban separados. Las fiestas eran caóticas porque eran reuniones familiares numerosas en donde siempre existía la posibilidad de que diferentes familiares se pelearan por motivos diversos. Eso pasaba. Y eso era lo normal.

Eso es lo normal en el mundo. Algunos pretenden tapar la realidad de la condición del corazón. Pablo manda a los creyentes de Éfeso con un claro imperativo cuando les indica, «quítese de vosotros… toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia» (Ef 4:31). Porque esto no es muestra de la fe genuina. ¿Qué relación tiene estas actitudes con el decir que Cristo es una bendición para las familias? Bueno, mi hermano, si el Señor ha obrado arrepentimiento y fe en este momento, entonces sabes que ahora eres hijo de Dios, por consiguiente, no puedes dejar de considerar que ha sido una bendición, has recibido tu regeneración, que es esta nueva vida en Cristo. Esta nueva vida te hace vivir de una nueva forma en tu entorno familiar, ya no vives con los principios familiares del mundo, tu forma de pensar ha sido redimida.

Nuestra relación con el pecado

Esta nueva vida también ha causado que tu relación con el pecado ha cambiado: Tu relación con tu propio pecado, tu relación con el pecado de otros y tu relación con este mundo caído del cual sufrimos embates y crisis, diversas pruebas como lo dice Pedro (1P.1:6). Y, de hecho, la respuesta bíblica a estas tres relaciones con el pecado es fundamental, no solamente para vivirla con tu familia en esta época de navidad, sino para compartirla y trasmitirla a todos esos hermanos que, de alguna manera, compartirán estas festividades con amigos y familiares incrédulos.

En primer lugar, la relación con nuestro propio pecado ha cambiado porque ya no le servimos como sus esclavos (Ro 6:17-19), sino que servimos a Cristo y los afectos de nuestro corazón han cambiado por el obrar de Dios. Esto no niega la realidad de los resabios de pecado en uno y la necesidad permanente de identificar esas cosas que necesitamos hacer morir en nosotros, con arrepentimiento, con confesión o rendición de cuentas y con el reemplazo por cosas piadosas para crecer en la Gracia (Col 3:1-17).

En segundo lugar, la relación con el pecado de los demás ha cambiado. El ejemplo de Cristo es, sobre todo, lo más claro que tenemos. Nació en aquel pesebre de Belén para ser inmediatamente rechazado por Sus criaturas, perseguido hasta morir en la Cruz. ¿Qué hizo Cristo con el pecado de los demás y qué tenemos que hacer nosotros en imitación? Perdonar (Ef 4:32; Lc 23:34; Col 2:13; 3:13). Es algo fuera de lo común en los incrédulos, imposible en aquellos que no tienen la bendición de haber nacido de Dios.

Por último, ¿cómo me relaciono con el pecado de este mundo caído? Creemos en nuestro Dios que es Soberano. Lo contamos, lo escribimos, lo tenemos grabado en nuestras confesiones de fe y en los estatutos de cada iglesia local ¿Cómo se aplica entonces? Confiando en el Señor. Más allá de las circunstancias, el cristiano confía en el Señor, y en Su poder preservando a cada creyente (1P 1:3-9). Guardados por el poder de Dios. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con el título de este devocional?

Cristo, una bendición familiar

¿Acaso Cristo no es una verdadera bendición, un tremendo tesoro, al considerar como ahora nuestro pecado personal, el pecado de otros y este mundo caído ya no nos puede afectar como antes? Sin duda es una bendición para las familias, porque la luz de Cristo puede alumbrar, sin duda, si en estas fiestas puedes considerar la venida de Cristo, Su Encarnación, como el climax de la historia en donde muchas familias hoy pueden ser alumbradas por creyentes que ya no sirven al pecado, sino que sus afectos y sus vidas sirven al Señor que se entregó por ellos, como ministros de reconciliación, en medio de nuestras familias (2 Co 5:14; 17-21).

Oración

Oh, mi Dios, cuanto necesito tratar con mi propio pecado en primer lugar y considerar semejante bendición que es esta gracia que has aplicado a mi vida, a fin de ser luz en medio de mi familia. Posiblemente sea el único medio que, por Tu providencia, has puesto en la mesa de Navidad o Año Nuevo, para dar a conocer el evangelio a mis cercanos, para mostrar la bendición para las familias, incluso para aquellas en donde el pecado ha afectado profundamente. Mi Señor, que pueda considerar con compasión la condición de quienes me rodean, sin olvidar Tu gracia sobre mi vida y así ser un reconciliador en mi familia. Ayúdame. En Cristo. Amén.

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Germán sirve al Señor en la Patagonia como pastor de la Iglesia Bíblica Junín de los Andes, bajo el consejo de iglesias de la zona de la Patagonia Argentina (Villa Regina y Bariloche). Está casado con Carolina desde 2004, tiene dos hijos, Elías y Matías. Colabora con Soldados de Jesucristo desde 2017 en diferentes áreas y realiza ministerio bivocacional, ya que se desempeña como empleado bancario en su ciudad. Puedes seguirlo en Instagram (@ger.salcedo) o Facebook (facebook.com/salcedo.german).