“Sobre esta roca edificaré Mi iglesia” (Mt 16:18). Si bien sobre esta afirmación se realizaron diferentes interpretaciones que llevaron a desarrollar lo que en el catolicismo se conoce como el sistema papal, sin duda no fue Pedro esa roca sobre la cual iba a edificarse la iglesia. Pedro, de hecho, demostró en el registro del Nuevo Testamento ser ejemplo de cómo la Gracia de Dios por medio de Cristo actuó, sin tener Pedro méritos, dones o habilidades para fundar, sostener y hacer crecer a la iglesia.

Cristo es la roca

Lamentablemente, a lo largo de los siglos, si bien el protestantismo se ha separado de esta idea papal, inconscientemente ha formado diferentes sistemas en pro de sostener instituciones. Nos hemos vuelto, como decimos en Argentina, “más papistas que el Papa” y nos hemos olvidado lo que representan aquellas palabras del Señor en Mateo 16. La roca sobre la que se edifica la iglesia es la confesión que Pedro hace de nuestro Señor Jesucristo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

Cristo, y solamente Cristo es el designado por Dios para ser el sacrificio perfecto, destinado y designado desde antes de la fundación del mundo (1P 1:20), en cumplimiento del perfecto plan de Dios, “de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Ef 1:10). El Hijo del Dios viviente. Esa es La Roca. Es interesante que esta afirmación no fue confusa para Pedro. De hecho, él mismo va a decir en su primera carta (2:4-8): “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, ‘La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo’; y: ‘Piedra de tropiezo, y roca que hace caer’, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”.

La bendición para la iglesia

Esta es la bendición para la Iglesia, este es el fundamento. Desde aquel pesebre de Belén, pero mucho más atrás, desde antes de que todo fuese creado por la Trinidad, el plan de Dios se estaba desarrollando, para manifestarse en un determinado tiempo señalado por Dios, para que se encarnara en ese pesebre, para que viviera y sufriera las limitaciones del cuerpo y el tiempo, para que fuera rechazado, crucificado, sepultado, entregado por Dios y resucitado para nuestra justificación (Ro 4:25). Ahora, entronizado y reinando, es la cabeza de la iglesia, quien tiene primacía en todo (Col 1:15-21).

Seguir buscando bendiciones de Dios, aparte de Cristo es sencillamente una blasfemia a las verdades del evangelio. Considerarnos insatisfechos o en la búsqueda de “algo más” de parte de Dios es olvidar que estamos completos en Él (Col 2:10) y, que en Cristo, Dios nos ha dado todo lo que pertenece a la vida y a la piedad (2P 1:3). Que la iglesia se reúna cada domingo, celebre festividades como la Navidad, sin considerar la roca fundacional y fundamental de su existencia, es emular a la iglesia de Éfeso, la que fue advertida por el Señor en Apocalipsis 2: “has olvidado tu primer amor”. Acercarnos a alabar congregacionalmente, orar juntos como iglesia, leer la Biblia y exponerla en cada reunión sin considerar por medio de Quién podemos hacer todo esto, es jugar a algo que no es la iglesia. Por lo tanto, Jesucristo es, sin duda, la causa, es el “autor y consumador de la fe” (Heb 12:2), y la razón de todo, no solamente una bendición de Dios, sino el motivo para no precisar de ninguna otra bendición.

Que a la iglesia le falte todo, que le falte grupo de alabanza, que le falte un lindo púlpito, que le falten programas que cubran las necesidades, que le falte llenar las sillas vacías, pero que nunca le falte Cristo y los medios de gracia que nos ha dejado para crecer en el conocimiento de Aquel que da razón a la existencia de un pueblo llamado iglesia.

Oración

Señor, como iglesia, no permitas que nuestros corazones vayan detrás de cosas que nada tienen que ver contigo y con el consejo dado en Tu Palabra. La razón de nuestra existencia y de nuestro accionar, tienen que ver contigo y la proclamación de Tu evangelio, ayudamos a permanecer fieles al propósito para el cual nos has hecho testigos Tuyos, hasta el fin del mundo, hasta que Tú vuelvas. En Tu Nombre. Amén”.

Artículo anterior¿De dónde viene la familia?
Artículo siguienteDevocional de navidad: El Rey que regresará
Germán sirve al Señor en la Patagonia como pastor de la Iglesia Bíblica Junín de los Andes, bajo el consejo de iglesias de la zona de la Patagonia Argentina (Villa Regina y Bariloche). Está casado con Carolina desde 2004, tiene dos hijos, Elías y Matías. Colabora con Soldados de Jesucristo desde 2017 en diferentes áreas y realiza ministerio bivocacional, ya que se desempeña como empleado bancario en su ciudad. Puedes seguirlo en Instagram (@ger.salcedo) o Facebook (facebook.com/salcedo.german).