El rey David dijo: «Un día transmite el mensaje al otro día,
y una noche a la otra noche revela sabiduría» (Sal 19:2). Y claro, entendemos lo que nos dice: Dios despliega una y otra vez Su gloria, día tras día. Sin embargo, a nosotros, al mirar el calendario y ver «1 de enero» nos parece que algo distinto va a ocurrir. Es como si la hoja del inventario comenzara de nuevo con nuevas oportunidades y renovadas expectativas. Imaginamos que hay un nuevo inicio para todo a pesar de que el sol saldrá igual que lo hizo el 31 de diciembre. En un sentido, puede ser verdad, quizá porque mentalmente nos parece que se presentarán nuevas oportunidades. Sin embargo, no lo es a la luz de la realidad tanto natural como física: la vida sigue su curso normal, los dolores, los problemas, los desafíos, etc.

Cristo, nuestra esperanza

¿Hay entonces algo que pudiera generar en el corazón una verdadera y valiosa «vuelta de página» del calendario? Claro que sí. La respuesta es una persona: Jesucristo. El no tiene «principio de días ni fin de vida» (He 7:3), y ha prometido estar con aquellos que creen en Él todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28:20). El apóstol Pablo dijo que «Cristo Jesús [es] nuestra esperanza» (1 Ti 1:1), por lo que la mejor manera de iniciar un nuevo año es considerándolo a Él como el valor más supremo y la posesión más preciada.

Comenzar el año con esperanza en Cristo no significa que hacemos una decisión mental de nombrarlo el primer día de enero y continuar así hasta el último día de diciembre. No. Lo que significa es que santificamos a Cristo como Señor de nuestros corazones (1 Pe 3:15), es decir, somos templos vivos donde Él es el motivo de adoración continua. Cada decisión, cada elección, cada conflicto y cada alegría atraviesan el filtro de la verdadera esperanza que no se basa en circunstancias, sino en Cristo. ¿Cómo lo hacemos? Por supuesto: con la Biblia; porque es ella la que nos instruirá y es el instrumento que el Espíritu Santo utilizará para fortalecer nuestra confianza en esa esperanza gloriosa.

Cristo revelado en la Biblia

Entonces ¿qué es lo que debemos buscar en Su Palabra? ¿Mera información? ¿Acumular récords de lecturas? Claro que no; pero lo que sí hay que hacer es redescubrir a diario la persona de Cristo en cada porción de lectura, día tras día, comenzando el primer día del año y hasta el último. ¿Qué tal tu visión de Cristo? Recuerda que Isaías dijo que «se llamará Su nombre Admirable» (Is 9:6).

Cristo y solamente Cristo es digno de nuestra admiración y nos hará bien examinarnos para saber si de verdad nos maravillamos de Su persona, el Hijo de Dios que nació para morir y vive para interceder por Su pueblo (Ro 8:33). Es muy recurrente el hecho de que al haber transcurrido algunas cuantas semanas de las cincuenta y dos que tiene el año, que perdamos la capacidad de contemplar a Jesús en toda Su hermosura, y, por ende, la esperanza se nuble y el corazón se turbe. ¿Qué haremos?

Cristo es ¡maravilloso!

El pastor Adrián Rogers cuenta de un predicador que iba en un tren, y notó a un hombre que miraba por la ventana. Y, aun cuando ya habían pasado por el paisaje el hombre seguía diciendo, «¡maravilloso! ¡Maravilloso!». Se detenía y miraba un rato, se secaba las lágrimas de los ojos y decía: «¡Maravilloso!». Esto despertó la curiosidad del predicador, que se acercó y se sentó junto a aquel hombre. Y le dijo: «Nunca he visto a nadie disfrutar tanto de un viaje en tren. ¿Puede decirme por qué es tan maravilloso?». Él dijo: «Señor, usted no entiende. Me acaban de operar. Llevo años y años sin poder ver, y ahora veo cosas que hacía tiempo que había olvidado. Había olvidado lo azul que era el cielo, lo verde que era la hierba, lo hermosos que eran los árboles, lo brillantes que eran las flores». Me dijo: «¡Es maravilloso! ¡Es maravilloso!»  ¿Qué puedes decir de esto?

¿Qué mayor prioridad tenemos que no sea volver a sorprendernos de Jesús, el Cristo? ¿Te estás maravillando de Él? Que tu primero de enero te encuentre con un corazón admirado y tu próximo treinta y uno de diciembre sea tan similar a ese momento, que tu alma pueda continuar disfrutando del Cristo que es nuestra esperanza.

Oración

Padre santo, ¡qué fácil es iniciar el año haciendo pronósticos y prometiendo fidelidad y solidez del alma! Pero la realidad es que nos hace falta comenzar por maravillarnos de Cristo y continuar las semanas restantes disfrutando de Su persona y alimentando el corazón con la verdadera esperanza que no se desvanece. Enséñanos a contar los días de tal manera que podamos traer sabiduría al corazón (Sal 90:12) y no desmayar en nuestro esfuerzo por enfocarnos, quien es la Esperanza que vivió, murió y resucitó por nosotros. Amén.

Artículo anteriorDevocional de navidad: El Rey que regresará
Artículo siguienteLos pastores enseñan
Ricardo es pastor en la iglesia de la Unión de Centros Bíblicos en la ciudad de Villa Regina, Río Negro - Patagonia Argentina. Casado con Silvina, tiene tres hijos, Carolina, Lucas y Micaela. Sirvió al Señor como pastor en Uruguay, en la ciudad de Salto durante dieciséis años. Desde el año 2008 pastorea la iglesia local en Villa Regina. La filosofía de enseñanza bíblica es "La Biblia, versículo por versículo", la predicación expositiva secuencial de la Palabra de Dios.