Cuando pensamos en la navidad, pensamos en la imagen del pesebre, de un Jesús recién nacido, rodeado por Sus padres, los pastores y los ángeles que anuncian el milagro de ese nacimiento.

Como hemos leído en estos días, el niño que nace en el pesebre es un niño que tiene una misión definida, la de morir en lugar de nosotros, los pecadores. Esa misión fue cumplida, y el cierre glorioso del plan de Dios, determinado en la eternidad será un día precioso en que ese mismo niño, que nació, vivió entre nosotros manifestando un amor inigualable, entregó Su vida en nuestro lugar en la cruz, resucitó venciendo a la muerte y ascendió a los cielos en gloria, regresará a buscarnos, conforme a Su promesa.

La historia de la navidad estaría incompleta sin considerar que ese mismo niño regresará un día, lleno de gloria y majestad. Vendrá a buscar a Su pueblo, vendrá a juzgar, vendrá a proclamar la derrota definitiva y final de la maldad.

Un Rey victorioso

El regreso de nuestro Señor se anuncia y describe en varios pasajes de la Escritura, pero un pasaje donde esto se hace de una manera que quisiera que miremos juntos es Apocalipsis 19:11-21.

La imagen de Jesús que vemos ahí es sobrecogedora. Montado en un caballo blanco. Rodeado de los ejércitos celestiales. Sus ropas manchadas de sangre luego de haber aniquilado a Sus enemigos. Él es el Fiel y Verdadero, el Rey de reyes y Señor de señores. Jesús se nos muestra, en este pasaje, como el Rey guerrero cuya victoria sobre las huestes del mal es inevitable.

Cuando pensemos en la navidad, cuando pensemos en por qué nació el Señor en medio nuestro, debemos recordar que Él vino a vencer sobre el pecado y la muerte. Un enemigo que nosotros no podíamos siquiera enfrentar. Jesús es el Rey victorioso. Él venció al nacer, Él venció al morir, Él venció al resucitar y sellará esa victoria el día de Su regreso final.

La celebración del nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros es la celebración del plan de Dios para salvarnos, es la celebración del cumplimiento de Sus promesas y es la celebración de la certeza de que Dios es soberano sobre nuestras vidas y sobre la historia. Y es la celebración de una victoria que sabemos nuestra, y que sabemos cierta. El mismo Jesús que una vez vino como niño es el mismo Jesús que volverá como Rey victorioso.

Un Rey que traerá juicio e ira

Y en Su victoria, lo que este Rey traerá es justicia. Todo pecado será juzgado. Y no hay pecado en el mundo que no vaya a recibir su castigo.

La buena noticia de la navidad es que este mismo Rey vino a llevar sobre sí mismo el pecado de todos aquellos que creen en Él y le siguen. Si estás en Cristo, Él ya dio cuenta y ya pagó por tus faltas. Si no estás en Cristo, el juicio está sobre ti.

La navidad se trata, precisamente, de Jesús, el Hijo de Dios, viniendo a este mundo a sufrir el juicio por nuestra maldad. Si Cristo no hubiera venido, estaríamos condenados, porque todos nosotros, sin excepción, somos pecadores. La buena noticia de la navidad es que Él vino a tomar nuestro lugar.

Pero debemos saber y recordar que el hecho de que Jesús se hiciera hombre era absolutamente necesario, porque solo Él podía hacer lo que para cualquier otro ser humano era imposible. La única esperanza para todo hombre es poner su fe en Cristo. El Cristo que nació en un humilde pesebre, el Cristo que murió en una cruenta cruz, el Cristo que regresará como Rey victorioso a juzgar la maldad.

Sin la cruz, el mensaje de la navidad está incompleto. Sin el regreso victorioso del Señor, el mensaje de la navidad está incompleto.

Oración

Señor, ayúdanos a recordar que un día viniste a este mundo para llevar sobre Ti el pecado de cada uno de nosotros. Ayúdanos a recordar que has prometido regresar por nosotros, y lo harás. Ayúdanos a recordar que vendrás como un Rey victorioso, a despojar para siempre a las huestes de las tinieblas y liberarnos de manera definitiva del pecado. Que la certeza de Tu regreso en gloria nos sostenga y fortalezca en todo momento. Amén.