¿Alguna vez has escuchado sobre la escalera de la abstracción? Mientras más arriba de la escalera, más abstracto es un concepto. Mientras más abajo, más concreto se vuelve.

Por ejemplo, el concepto de resistencia estaría en la parte de arriba de la escalera, porque es bastante abstracto. En la parte de abajo de la escalera estaría algo como el triatlón Ironman, donde se recorren 3.8 kilómetros nadando, 180 kilómetros en bicicleta y se termina corriendo 42.2 kilómetros. Un triatlón Ironman es un ejemplo particular y concreto de resistencia.

En la parte de arriba de la escalera, podríamos preguntar: “¿Qué concepto general estamos tratando?” (resistencia). En la parte de abajo, podríamos preguntar: “¿Cómo se ejemplifica este concepto en particular?” (un triatlón Ironman).[1]

¿Por qué menciono esto? Porque, hasta ahora, muchas de las estrategias que he compartido son conceptos de la parte de arriba de la escalera (p. ej., “luchar por los gozos mayores” y “cultivar la humidad”). Ahora es tiempo de descender de la escalera y discutir las estrategias concretas, prácticas para luchar contra la lujuria.

Deja de masturbarte (¡D-E-T-E-N-T-E!)

Sí, lo he dicho. En este tema, estoy de acuerdo con el Dr. Switzer en la escena de Mad TV que mencioné en la introducción. Solo detente.

Tomando en cuenta la universalidad de esta lucha, me sorprende un poco lo reacios que somos para discutir el tema de la masturbación. Solo para ser claro, cuando menciono masturbación no me refiero al acto de tocarse sensualmente en la presencia y con la aprobación del cónyuge. Eso es diferente. Estoy hablando sobre el acto de tocarse sensualmente en presencia de nadie más (el hecho de llegar o no al clímax es irrelevante).

Como con el huevo y la gallina, no estoy totalmente seguro de qué viene primero, si la lujuria o la masturbación. Con certeza están conectadas y ciertamente parecen alimentarse la una de la otra. La dopamina, el químico producido por el cerebro durante actividades placenteras, puede funcionar como la nicotina; un poco hace que desees más. Así que, en moderación y cuando es provocada por actividades saludables, la dopamina es algo bueno. Pero demasiada dopamina muchas veces crea una dependencia y posiblemente una adicción.

La lujuria y la masturbación forman una pareja que hace que sea más difícil detenerse. Pero no dejes que esto te impida intentarlo. Debes tomar la decisión de dejarte de masturbar aun si sabes que no podrás hacerlo inmediata y consistentemente. Traza una línea sobre el cemento fresco y deja que el tiempo la endurezca. A largo plazo, no se gana nada con masturbarse. De hecho, todo lo contrario: la masturbación no te entrena para el tipo de autocontrol necesario para una vida que honra a Dios. Y, siendo sinceros, la masturbación destruye el vigor necesario para agradar a tu esposa en la cama. Gary Wilson escribe en su libro Your Brain on Porn [Tu cerebro cuando miras pornografía]:

Pasar años antes de tu primer beso inclinado sobre una pantalla con diez pestañas abiertas dominando los dudosos talentos de masturbarte con la mano izquierda y buscar actos sexuales que ni tu padre imaginó no te prepara para […] hacer el amor satisfactoriamente.[2]

William Struthers, en su libro sobre cómo la pornografía secuestra el cerebro masculino, también resalta problemas de salud asociados con masturbarse compulsivamente más de dos a tres veces por semana. La lista es extraordinaria: depresión, problemas de memoria y de concentración, menos erecciones, eyaculación precoz y dolor pélvico o testicular.[3]

Y se pone peor. C. S. Lewis escribe: “Para mí, la verdadera maldad de la masturbación es que toma un apetito que, usado correctamente, lleva al individuo fuera de sí mismo a completar (y corregir) su propia personalidad en la de otro (y finalmente en hijos e incluso nietos) y le da un giro: devuelve al hombre hacia la prisión del egocentrismo para construir allí un harén de concubinas imaginarias”. Lewis continúa:

Y este harén, una vez admitido, trabaja en contra de poder salir y unirse verdaderamente con una mujer real. Porque el harén es siempre accesible, siempre servil, no demanda sacrificios ni ajustes y puede ser dotado de atracciones eróticas y psicológicas que ninguna mujer real puede igualar. Entre esas concubinas sombrías, él se encuentra siempre adorado, es siempre el amante perfecto: no se le pide desinterés, su vanidad no sufre mortificación alguna. Al final, se vuelven el medio a través del cual su autoadoración crece […] Y no solo es la facultad de amar la que resulta esterilizada, forzada a girar sobre sí misma, sino también la facultad de la imaginación.[4]

Previamente comenté que estaba de acuerdo con el consejo del Dr. Switzer de simplemente dejar de hacerlo, pero, en un sentido, no estoy de acuerdo con él. El humor mismo que conduce la escena es nuestra inhabilidad para detenernos, sin importar qué tan fuertes son nuestras intenciones o las amonestaciones externas. La paciente de Switzer no puede solo dejar de preocuparse por el futuro, así como nosotros no podemos simplemente dejar de masturbarnos y de mirar con lujuria.

Así que, ¿cuál es la solución? ¿Podemos simplemente escoger detenernos?

Parece que la respuesta es sí y no. Podemos escoger no masturbarnos. Sin embargo, la elección no es aislada; es una elección entrelazada con nuestra respuesta a un montón de otras preguntas. Una analogía sería la pregunta: ¿la elección de correr un maratón es una sola elección? Bueno, sí y no. Claro que es una elección, pero no está aislada de otras elecciones como comer adecuadamente, dormir, entrenar y descansar. No puedes correr un maratón comiendo solamente Cheetos en el desayuno, en la comida y en la cena y durmiendo cuatro horas en las noches. Si eliges estas cosas, también estás escogiendo no correr el maratón.

Considera cómo funciona esto con un pecado diferente como la ira. La elección de no ser una persona iracunda se entrelaza con otras. Es posible que un padre iracundo no pueda detener su enojo porque su ego está avivado. Es posible que un chico que siente que debe usar las redes sociales para combatir la maldad no pueda detener su enojo por muchas razones diversas. Tal vez no cree en el juicio final de Dios. Tal vez está inseguro sobre su propia posición delante de Dios o no cree en la visión bíblica de la depravación humana. Vencer la ira no es simplemente la elección de aguantar el agravio, sino una elección holística de buscar una vida saturada por el evangelio.

Es lo mismo con la elección de dejar de masturbarte. Busca una vida saturada por el evangelio. Trabaja en esta lucha directa e indirectamente; atácala por el frente y por el flanco. Si sacas provecho de todas las demás estrategias en este libro, entonces, por la gracia de Dios, el deseo por masturbarte debe disminuir; por supuesto, no de manera perfecta, pero sí detectable.

Preguntas de diagnóstico

  1. Para algunos, aun mencionar la palabra masturbación es casi imposible. ¿Puedes hablar de este tema en tu rendición de cuentas o con algún amigo confiable?
  2. En 1 Corintios 7:4b, Pablo escribe: “El marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer”. ¿Cuáles son las implicaciones de esto para la masturbación y el matrimonio (ya sea un matrimonio futuro o actual)?
  3. La elección de dejar de masturbarse se entrelaza con otras. ¿Qué otras decisiones están impidiendo que dejes de hacerlo?

[1] Estoy adaptando estas preguntas del libro de Peter Roy Clark, Writing Tools: 50 Essential Strategies for Every Writer [Herramientas de escritura: 50 estrategias esenciales para cada escritor] (New York: Little, Brown and Company: 2006), 111.

[2] Gary Wilson, Your Brain on Porn: Internet Pornography and the Emerging Science of Addiction [Tu cerebro cuando miras pornografía: la pornografía en internet y la ciencia emergente de la adicción] (United Kingdom: Commonwealth Publishing, 2014), 71.

[3] Struthers, Wired for Intimacy [Cableados para la intimidad], 169.

[4] C. S. Lewis, The Collected Letters of C. S. Lewis, Volume 3: Narnia, Cambridge, and Joy, 1950–1963 [La correspondencia de C. S. Lewis, Volumen 3: Narnia, Cambridge y el gozo, 1950–1963], ed. Walter Hooper (New York: HarperCollins, 2007), 758–759.

 

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Benjamin Vrbicek
Benjamin Vrbicek y su esposa Brooke tienen seis hijos. Posee una licenciatura en ingeniería mecánica y aeroespacial por la Universidad de Missouri y una maestría en divinidad del seminario Covenant Theological Seminary en St. Louis, Missouri. Es pastor de enseñanza en la iglesia Community Evangelical Free Church en Harrisburg, Pennsylvania. Es autor y coautor de varios libros y blogs.