Nuestra cultura está gobernada por el sexo, obsesionada con el sexo y saturada de sexo. A veces, pareciera que a donde quiera que vayamos y miramos, somos confrontados con mensajes sobre la sexualidad. Mucho de estos mensajes son falsos, engañosos y francamente preocupantes. No obstante, un poco de perspectiva histórica puede ser útil, ya que, al mirar hacia atrás, podemos ver que la cultura en la época de la iglesia primitiva también estaba obsesionada y saturada de sexo. Por esta razón, los autores bíblicos tuvieron que abordarla, y lo hicieron muy bien. Aquellos autores nos dejaron pocas dudas sobre el sentido correcto, el más alto propósito y la expresión legítima de la sexualidad.

En esta serie titulada “Cuál es el propósito de…?”, ya hemos respondido ¿Cuál es el propósito del matrimonio?, también ¿Cuál es el propósito de los pastores? y ahora estamos preparados para responder ¿Cuál es el propósito del sexo? Comenzaremos por analizar tres comunes, pero falsas perspectivas del sexo.

Perspectivas comunes del sexo

A la primera perspectiva podríamos llamarla la del apetito. La perspectiva del apetito insiste en que el sexo es muy parecido a la comida en el sentido de que no es más que un apetito natural que nuestro cuerpo necesita. En este caso, somos libres de satisfacerlo como queramos. Aunque es común hoy en día, este punto de vista ha existido a lo largo de los años, e incluso encontramos que el apóstol Pablo lo refuta en su primera carta a los Corintios. Ellos usaron el slogan “los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos” para justificar que el sexo no tiene propósito mayor que satisfacer apetitos corporales y, por tanto, la expresión sexual de cualquier tipo no tiene mayor peso moral. Negar el sexo a quienes lo desean es un mal moral similar a negar la comida a un niño hambriento.

A la segunda perspectiva común podríamos llamarla afectiva. La perspectiva afectiva es meramente una expresión de afecto mutuo y, por tanto, los sentimientos son el motivo más legítimo para tener sexo, (y quizás los únicos motivos legítimos). A la luz de esta perspectiva, la fornicación, el adulterio, el homosexualismo o cualquier otra forma de sexualidad prohibida por Dios es aceptable mientras sea una expresión genuina de los sentimientos. Aquellos que se comprometen en estos actos “no podrían” evitar expresar su sexualidad de esta manera. Las personas que sostienen esta perspectiva a menudo llegan a afirmar que es incorrecto que una pareja casada siga junta una vez que se ha “desenamorado”, ya que los sentimientos son la base de una relación sexual.

A la tercera perspectiva la podemos llamarla de satisfacción. La perspectiva de la satisfacción ve el sexo como una forma de encontrarse a sí mismo y expresar quién es. Tim Keller lo resume de esta manera: “Este… punto de vista ve el sexo como una forma crítica de autoexpresión, una manera de ‘ser tú mismo’ y ‘encontrarte a ti mismo’.  En esta perspectiva, el individuo puede desear el uso del sexo dentro del matrimonio y para formar una familia, pero a su propio juicio. El sexo es, ante todo, para que el individuo se auto-realice, sea cual sea la forma en que lo desee”. Así, la moralidad de cualquier acto sexual depende únicamente de si produce felicidad y autorrealización para quienes lo practican. Con esto en mente, esta perspectiva hace que la castidad y la monogamia sean francamente inmorales, ya que son expresiones de abnegación en lugar de autorrealización.

Exponiendo el error

Estas perspectivas son atractivas porque cada una contiene elementos que son ciertos. Al exponer el error que las pervierte, actuamos sensatamente.

Nosotros, de hecho, tenemos un apetito natural por el sexo. Sin embargo, este apetito es dado por Dios y existe para ser usado en formas que se alinean con su diseño. La respuesta de Pablo a la iglesia en Corintio nos muestra que esta perspectiva es muy peligrosa. Pablo inicia citando sus palabras, pero luego, las contraargumenta: “los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos”- y Dios destruirá ambos. “el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo” (1 Corintios 6:13). Aunque es cierto que Dios nos ha hecho seres sexuales y nos ha dado un apetito natural por el sexo, debemos recordar que el sexo es un regalo de Dios y ha sido diseñado por Él. Como creador de nuestros cuerpos y autor del sexo, es Dios quien determina cómo debe expresarse el regalo del sexo, y cómo es a Él mismo a quien rendiremos cuentas por la forma en que lo utilizamos. Dios nos ha hecho para sí mismo, y no tenemos derecho a usar sus regalos para propósitos que lo deshonran.

El punto de vista del afecto capta adecuadamente el hecho de que el amor y el afecto son un componente esencial de la sexualidad sana. No obstante, se equivoca al asumir que nuestros deseos o sentimientos son moralmente buenos (o por lo menos, moralmente neutrales) y que el actuar basado en ellos va a generar el florecimiento del hombre. No obstante, la Biblia nos dice que, desde la caída, cuando los deseos de Adán y Eva los llevaron a pecar (Génesis 3:6), los deseos naturales del hombre los llevaron a la muerte, no a la vida. “Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte” (Santiago 1:14-15). Moralmente, estamos desordenados y en necesidad de dudar de nuestros deseos y someterlos a Dios. En nuestro estado pecaminoso, expresar nuestros deseos naturales nos lleva al pecado que conduce a la muerte. Aquellos que siguen sus corazones están siguiendo algo que es malo, engañoso y perverso (Jeremías 17:9).

El punto de vista del afecto captura la realidad de que el sexo es sexual y relacionalmente satisfactorio y que es también una forma de auto expresión. Además, eleva las dádivas sobre Dios, el dador, y, de hecho, socava nuestra satisfacción y nos aleja de quiénes realmente fuimos diseñados a ser. Este es exactamente el deslizamiento moral que Pablo describe en Romanos 1: “Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (21-23) Buscar satisfacción en el sexo por encima, y fuera de Dios, promete iluminación, pero lo que finalmente entrega es oscuridad.

¿Qué dice la Biblia sobre el sexo?

La Biblia tiene mucho para decir sobre el sexo y deja poca duda sobre su finalidad suprema: glorificar a Dios. Sabemos eso porque el propósito de todo es glorificar a Dios, y el sexo no es la excepción. “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén” (Romanos 11:36). Por lo tanto, el sexo como tal y todo lo que concierne a él fueron creados para glorificar a Dios. Denny Burk lo expresa así: “el sexo, el género, el matrimonio, la feminidad y la masculinidad, existen para la gloria de Dios. La gloria de Dios como fin último del sexo no es una mera deducción teológica. Es la enseñanza explícita de la Escritura”. Aunque el gran propósito del sexo es la gloria de Dios, lo consigue a través de tres propósitos subordinados: la intimidad, la descendencia y la gratitud.

El sexo es para la intimidad. El sexo glorifica a Dios al unirnos con nuestro cónyuge en conocimiento, intimidad, placer mutuo y de esta forma sirve para ilustrar el amor pactual de Cristo. ¡El sexo solamente existe cuando hay un pacto! El sexo fuera del matrimonio es destructivo porque el pacto del amor dentro del matrimonio es el fundamento para el sexo, y el sexo solamente es usado propiamente cuando es la expresión de ese amor pactual. Timothy Keller expresa: “El sexo es quizás la forma más poderosa creada por Dios para ayudarte a entregar todo tu ser a otro ser humano. El sexo es la forma que Dios ha designado para que dos personas se digan recíprocamente: “Te pertenezco completa, permanente y exclusivamente solo a ti”. Solo debes usar el sexo para eso, para nada menos. Entonces, de acuerdo a la Biblia, es necesario un pacto para el sexo. La unión pactual lograda a través del sexo glorifica a Dios porque apunta más allá de sí misma a la unión gozosa de Dios consigo mismo y a la unión de la iglesia con Cristo.

El sexo es para la descendencia. El sexo glorifica a Dios al producir una descendencia gloriosa que refleja su imagen, llena la tierra y da gloria a su nombre. Este propósito del sexo nos lleva al comienzo del mundo, cuando Dios le dio el mandato a la humanidad: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla;” (Genesis 1:28). Si este propósito parece inusual, es sólo porque los protestantes pudieron haber exagerado el énfasis del catolicismo en la procreación como el único propósito válido del sexo. Es posible que hayamos girado el péndulo demasiado hacia el otro lado y hayamos ignorado la necesidad de utilizar el don del sexo para tener hijos. Sin embargo, como señala Al Mohler, “el matrimonio, el sexo y los hijos son parte de un solo paquete. Negar cualquier parte de esta totalidad es rechazar la intención de Dios en la creación y su mandato revelado en la Biblia”. Uno de los propósitos buenos y que glorifica a Dios a través del sexo, es producir descendencia.

El sexo es para la gratitud. El sexo ha sido diseñado para glorificar a Dios al producir gratitud a Él. El sexo en el matrimonio es un buen regalo de Dios que no tiene que “espiritualizarse” para ser santo. Tom Gledhill dice ciertamente que “El descarado deleite de la criatura no debe ser limitado por la idea de que todo está de alguna manera por debajo de nuestra dignidad, y que estaríamos mejor orando que haciendo el amor. Porque esta es una falsa dicotomía que debe ser desterrada para siempre. No necesitamos santificar un acto totalmente natural teniendo simultáneamente pensamientos espirituales sobre Dios [mientras] estamos en los brazos de nuestro cónyuge”. Esto es absolutamente cierto, y al mismo tiempo debemos reconocer que Dios recibe grande gloria cuando le expresamos adoración y gratitud por el gozo del sexo. Ben Patterson dice “la gratitud puede ser el gozo más grande del sexo, y lo que trae la mayor gloria a Dios ya que el gozo es lo que experimentas cuando eres agradecido por la gracia que te ha sido dada”.

Conclusión

El sexo es un regalo de Dios diseñado para llevar a cabo los propósitos de Dios y darle gloria a Dios. El sexo no es meramente un apetito natural que debemos satisfacer a nuestro antojo, sino un buen regalo de Dios que existe para ser usado solamente como Él lo manda. El sexo no es meramente una expresión del afecto, sino una expresión del amor pactual cimentado en Cristo. El sexo no es meramente un medio para la satisfacción sino una oportunidad para darnos a nuestro conyugue en amor y gratitud a Dios. La finalidad del sexo es dar gloria al nombre de Dios.

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.