“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento” (Mt. 22:36-38).

El Señor ha sido muy claro. En Su Palabra nos deja ver la importancia de amarle a ÉL primero y en segundo lugar  al prójimo. Podemos ver grandemente la profundidad que estos dos mandamientos tienen.

En ocasiones, El Señor va a cumplir estos mandamientos por medio del sufrimiento y dolor que algo te puede causar o que puede producir un quebrantarse ante el desierto que Dios permite, por ende, cuando ves a otro pasar por algo que se asemeja a tu desierto, entonces intercedes, comprendes, te dueles, porque te identificas con el prójimo.

Él nos consuela para consolar

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2Cor. 1:3-4).

Hoy estamos enfrentando la pandemia del Coronavirus que ha paralizado al mundo, y aunque no ha sido la única en la historia de la humanidad, sí es la primera que muchos experimentamos.

Aquí es donde el Señor nos permite crecer en sabiduría por el desierto que estemos pasando. Nadie lo puede hacer por nosotros, en algún momento de nuestras vidas la prueba llegará. Hoy nos tocó a nosotros esta pandemia que sacude y prueba nuestra fe.

El Señor permite cosas que en su momento no las entendemos, pero debemos confiar en que obrará para bien (Ro. 8:28).

Todo ayuda a bien

Hace alrededor de 5 meses mi salud se comenzó afectarse cada día más, cada vez que salía, mi cuerpo estaba propenso a tomar algún virus que alguien pudiera tener en los lugares donde me encontraba. Comencé a comprar tapabocas, a no abrazar, ni besar a mis hermanas, a usar gel cada vez que le daba la mano a alguien hasta el punto tal que por primera vez en 25 años de cristiana no pude congregarme durante dos meses, con mucho dolor en mi corazón.

Comencé a orar al Señor que me enviara una a una a hermanas para discipularlas en casa y grupos pequeños, El Señor me lo concedió y a las que vivían lejos lo hacía por Zoom o Skype y escuchaba la transmisión de los servicios del domingo por internet.

Lejos estaba de mi mente que El Señor me estaba preparando en medio de ese desierto para descubrir sabiduría para lo que venía con la pandemia y así, consolar y animar a otras para seguir sirviendo al Señor. La iglesia continúa, hacemos uso de los medios que tenemos a nuestro alcance porque Su Palabra no está presa.

“Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio; por el cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor; pero la palabra de Dios no está presa” (2Tim. 2:8-9).

Recomendaciones en medio de la pandemia

Recordarnos y predicar el Evangelio

En medio de esta crisis lo que nos diferencia de los que no tienen al Señor, es que tenemos el evangelio, y por lo tanto, el amar al prójimo como a sí mismo debe ser evidente.  Es necesario compartir el evangelio, amarlos y orar para que en medio de esta pandemia ellos puedan conocer las buenas noticias de salvación que es lo más importante, incluso más importante que sanarse del virus.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

El sufrimiento de esta pandemia del coronavirus es el resultado del pecado del mundo. Esto comenzó desde el momento en que Adán y Eva pecaron, como nos lo dice Génesis 3, así que, todos  nacemos con el pecado y nos rebelamos contra Dios. Por lo tanto, el pecado no solo nos afectó a la humanidad espiritualmente, sino físicamente, mentalmente y también a la tierra.

Esto quiere decir que la pandemia es el resultado directo del pecado en el mundo, y también hay enfermedades que vienen de nuestro propio pecado. La humanidad se aparta de su  creador y sufre las consecuencias.

“Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido” (Ro. 1:21).

 Un día terminará esta Pandemia del Coronavirus

Sin saber el tiempo que va a durar en cada región, esta pandemia un día terminará.      Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y conocemos a Cristo como Salvador y Señor de nuestras vidas, Su luz resplandece en nuestros corazones.

Él derrotó al pecado, es decir, a la oscuridad eterna; este tiempo de pandemia del Coronavirus que es una oscuridad presente en nuestra vida, pasará, ya que la luz vence a las tinieblas.

“Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” (2Cor. 4:6).

Su poder en medio de la Pandemia del Coronavirus

Hemos visto países, potencias mundiales con debilidad y vulnerabilidad de sus grandes hospitales; hemos visto países y ciudades cerradas por completo cada día que pasa.

Es en este momento que el mundo puede ver  que en medio de esta pandemia, nosotros que somos vasos de barro, inservibles en este mundo, El Señor puede usarnos para mostrar Su poder y cumplir Sus propósitos. En medio de este sufrimiento sea que contraigamos la enfermedad, nos quedemos sin trabajo o estemos lejos de nuestra familia,  tenemos la esperanza y el consuelo de que estamos en Él y eso es suficiente.

Y dada la extraordinaria grandeza de las revelaciones, por esta razón, para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca. Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte (2Cor. 12:7-10).

Amar al prójimo en medio del Coronavirus

El ser humano es creado a imagen de Dios, por lo tanto, cualquier persona que está luchando en medio de esta enfermedad, sea físicamente o económicamente, debemos amarlos. Pudiéramos preguntarnos ¿cómo podríamos hacerlo? bueno, olvidándonos de nuestros deseos y siendo sensibles a los que pueden estar en alto riesgo de contraer la enfermedad como las personas de la tercera edad, o tienen problemas de salud y también con los que han quedado sin trabajo o negocio.

Miremos a las personas como aquellas creadas a la imagen de Dios. “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás” (Fil. 2:3-4).

Conclusión

Amadas hermanas, este es un tiempo que El Señor en Su soberanía ha permitido que los hombres de todo el mundo vean que es Dios quien está en control. Los campos están listos para que Su Palabra sea expandida de diferentes formas. Aprovechemos para humillarnos y arrepentirnos de nuestros pecados como Su pueblo y que Él escuche nuestras oraciones para que aquellos que han sido escogidos puedan llegar al arrepentimiento en este tiempo.

Recordemos las palabras de Juan el Bautista y que esa sea nuestra oración: “Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya” (Jn. 3:30).