A veces hacemos la vida cristiana más complicada de lo necesario y más complicada de lo que debería ser. Porque al fin y al cabo, Dios nos llama a la obediencia, nada más y nada menos. Lo único que realmente importa en cualquier contexto o circunstancia es la obediencia a la voluntad de Dios tal como se revela en Su Palabra. Por lo tanto, siempre es necesario y nunca está de más, escudriñar la Biblia para conocer la mente de Dios. Por consiguiente, siempre es correcto y nunca está mal orar: “Señor, enséñame a obedecerte en esto”.

Si Dios nos llama a poseer grandes riquezas, entonces nos llama a vivir con gran generosidad hacia los demás y a ser cuidadosos con el estado de nuestras propias almas, sabiendo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. Debemos orar para ser obedientes y fieles con nuestras riquezas.

Si Dios nos llama a tener escasez, entonces nos llama a vivir obedientemente confiados en Él y en Su provisión, sabiendo que el Dios que viste la hierba del campo, mucho más, y con toda certeza,  vestirá a aquellos que ama. Debemos orar para ser obedientes y fieles en nuestra pobreza.

Si Dios nos llama a experimentar tiempos de gran alegría, nos llama a disfrutarlos, a gozarnos en ellos, a reconocerlos como una bendición de Su mano, a comer y beber y a deleitarnos con las cosas buenas de este mundo y con los buenos momentos de la vida, sabiendo que todo esto es un regalo de Dios. Debemos orar para ser obedientes y fieles en nuestra alegría.

Si Dios nos llama a pasar por momentos de dolorosa pérdida, debemos aceptarlos, levantar las manos en adoración en lugar de los puños en rebeldía; lamentar nuestras penas, pero nunca acusar a Dios de la más mínima injusticia. Hemos de orar por nuestros anhelos y temores, nuestras penas y aflicciones, pero en última instancia, decir como Jesús: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Debemos orar para ser obedientes y fieles en nuestro dolor.

Si Dios nos llama a experimentar una gran fortaleza física, debemos usar esa fortaleza para amar y apoyar a los demás, para soportar sus cargas, para usar nuestra fortaleza a fin de apoyarlos en su fragilidad. Debemos orar para ser obedientes y fieles en nuestra fortaleza.

Si Dios nos llama a sufrir debilidad, entonces debemos emprender el tipo de ministerio que la debilidad permite e invita: oración, ánimo, amor, apoyo. No debemos ver nuestra debilidad como el fin de nuestra utilidad para Dios, sino como la puerta de entrada a un nuevo tipo de utilidad. Debemos orar para ser obedientes y fieles en nuestra debilidad.

No hay ninguna circunstancia en la que Dios no tenga algo que nosotros podemos hacer, ninguna situación en la que no podamos ser fieles a Su llamado en nuestras vidas. Él no llama a ninguno de nosotros a la inutilidad y no llama a ninguno de nosotros a la vida o al ministerio de otro hombre. Nos llama a cada uno de nosotros a ser obedientes en el contexto que ha decretado para nosotros. Porque el fin del asunto, cuando todo lo demás ha sido escuchado, es simplemente que debemos temer a Dios y guardar Sus mandamientos, pues éste es el deber sagrado de todo hombre, la buena expectativa de un Dios amoroso.

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Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.