En nuestra cultura, las personas buscan a su cónyuge principalmente por medio del noviazgo. Este fenómeno histórico relativamente reciente se define como “una parte del proceso de emparejamiento humano a través del cual dos personas comparten tiempo juntos, más allá del nivel de la amistad, o con el propósito de evaluar la idoneidad del otro como compañero o compañera en una relación íntima o de matrimonio”. Aunque para nosotros el noviazgo es muy normal, en realidad los matrimonios arreglados han sido lo más común en la mayoría de culturas a lo largo de la historia. En años recientes, muchos cristianos que reconocen los peligros del noviazgo como se practica en nuestra cultura, han comenzado a promover la idea del cortejo —“el periodo en una relación de pareja que precede su compromiso y matrimonio, o el establecimiento de una relación acordada de un carácter más duradero”. Varios cristianos abogan por un estricto control parental durante el proceso del cortejo, afirmando que siguen las prácticas que se encuentran en la Escritura. ¿Realmente existe un respaldo bíblico de alguna de estas prácticas por encima de la otra?

La Biblia no enseña explícitamente ni el noviazgo ni el cortejo

La Escritura enseña principios que los solteros deben considerar en su búsqueda de un compañero o compañera, pero no prescribe explícitamente ni el noviazgo ni el cortejo. Aunque tenemos ejemplos de cómo se daban los matrimonios en los tiempos bíblicos —Isaac con Rebeca (Gn 24), Jacob con Raquel y Lea (Gn 29), Booz con Rut (Rut 4) y José con María (Mt 1:18)— nunca se nos dice que los imitemos. La provisión de Rebeca para Isaac fue un evento particular en la historia de la redención —el hijo de la promesa tenía que casarse y tener un hijo para que la descendencia santa pudiera continuar. Dios guió al siervo de Abraham de una forma sobrenatural, pero nunca se nos dice que debemos esperar una intervención sobrenatural como esta en nuestra época. Que Jacob se casara con Raquel y Lea también fue una parte crucial de la historia de Israel, pero el engaño de Labán y la poligamia de Jacob no son ejemplos a imitar. Rut y Booz se casaron bajo una provisión de la ley del antiguo pacto, en la que un familiar cercano de un hombre que moría tenía la responsabilidad de tener hijos con la viuda, para que el nombre no se perdiera y su herencia en la tierra se pudiera quedar en la familia. Debido a que ya no estamos bajo el antiguo pacto, la disposición sobre tales matrimonios ya no está vigente. Aunque José y María estaban comprometidos, el proceso de compromiso no se describe en detalle en la Escritura ni es un mandato. Luego de examinar todos estos casos, es claro que no están diseñados para convertirse en un modelo de la forma en que los cristianos deben buscar a su cónyuge.

Principios generales

Aunque la Escritura no prescribe ninguna metodología específica de cortejo o noviazgo, hay principios importantes que son aplicables mientras se busca un cónyuge. Uno de esos principios es que las relaciones sexuales se deben disfrutar solamente dentro del pacto matrimonial. En cualquier método que sigan las personas para encontrar un cónyuge, deben tener cuidado de mantener la pureza moral de su relación. La fornicación (el sexo entre dos personas que no están casadas) es pecado y está bajo el juicio de Dios (Heb 13:4). El pecado sexual no se limita simplemente al coito. Dios diseñó todos los aspectos de la intimidad sexual entre un hombre y una mujer para que se disfruten solamente dentro del matrimonio. Usar el cuerpo de alguien para el placer sexual trastorna lo que Dios destinó solamente para un cónyuge. 1 Corintios 7:3-4 dice que tu cuerpo le pertenece a tu cónyuge y que el cuerpo de tu cónyuge te pertenece a ti. Si no estás casado, le perteneces al cónyuge que Dios te dará algún día. Cuando era soltero, un amigo sabio me dijo: “Cuando te cases, desearás nunca haber besado a nadie más que a tu esposa”. Y también dijo: “Trata a la chica con quien salgas como si un día ella se fuera a casar con tu mejor amigo. O trátala de la forma en que esperas que el chico que esté saliendo con tu futura esposa la trate”.

Existen otros peligros al involucrarse físicamente durante el noviazgo o el cortejo. Cuando se despierta el deseo sexual, es bastante difícil de controlar (Stg 1:15). He aconsejado a muchos jóvenes que nunca quisieron “ir hasta el final”, y me cuentan lo mucho que se sorprendieron cuando cayeron en fornicación. Otro problema es que involucrarse físicamente de forma prematura agita las emociones y los deseos de las personas de tal manera que es muy difícil evaluar objetivamente si la otra persona tiene el carácter piadoso para ser un buen cónyuge. Si alguien te está llevando al pecado carnal, es probable que este sea un indicador de que esa persona no está lista para el matrimonio.

Otro peligro potencial de las relaciones románticas es que se forman apegos emocionales fuertes de forma prematura —es decir, antes de que una pareja esté lista para el compromiso matrimonial. Esta es la razón por la que muchos cristianos se oponen al noviazgo como se practica en nuestra cultura. Un hombre y una mujer en una relación de noviazgo se convierten en una pareja sin ninguna intención de buscar el matrimonio. Esta pareja crea lo que en efecto es un pequeño matrimonio, en el que se alejan de sus familias (los dejan), se acercan emocionalmente (unión) y tienen cierto contacto físico (una carne). En cambio, el diseño de Dios es que un hombre y una mujer hagan un pacto matrimonial primero, antes de dejar, unirse y ser una carne (Gn 2:24; Mt 19:5). Por lo general, las relaciones de noviazgo exclusivas, que en efecto son pequeños matrimonios, terminan en pequeños divorcios que causan heridas y remordimiento, especialmente en los jóvenes cristianos.

Es mucho mejor posponer el romance para el momento en el que estés listo para el matrimonio. La lujuria demanda lo que quiere ahora mismo y no está dispuesta a posponer la gratificación. El amor piadoso está más interesado en agradar a Dios y confía en que Sus caminos son mejores, incluyendo el reservar la intimidad física y emocional para el matrimonio. Además, el amor piadoso busca lo que es mejor para los demás (Fil 2:3-4), siendo cuidadoso de no hacer lo que hiere a la otra persona y de no violar los derechos de un futuro cónyuge. El amor “no busca lo suyo” (1Co 13:5, NBLH).

Es sabio establecer normas antes de comenzar una relación de noviazgo o cortejo. Pablo advierte: “Huye de las malas pasiones de la juventud” (2Ti 2:22). El toque físico se debe mantener al mínimo, también reconociendo que lo que puede ser un abrazo amistoso para una persona, puede ser estimulación sexual o una expresión de un amor eterno para otra. Con el fin de mantener la pureza moral, evita situaciones de privacidad en las que sea posible el pecado si ambos son débiles. Para proteger sus corazones, es vital mantener una medida de reserva emocional. Evita la creación y expresión de un vínculo emocional fuerte antes de que los dos estén listos para hacer un compromiso con el otro. Además, mi amigo sabio me dijo: “Cuando te cases, desearás nunca haberle dicho ‘te amo’ a otra persona que no fuera tu esposa”. Y, de nuevo, tenía razón.

Matrimonio, divorcio y nuevo matrimonio

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Páginas 69-72

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