En 1914, mientras las tormentas de una “Guerra Mundial” comenzaban a soplar a lo largo de Europa y, millones de hombres corrían a enlistarse. Ivor Novello y Lena Ford escribían un patriótico himno para las mujeres que fueron dejadas atrás.

“Que las lágrimas no agreguen a su tristeza

A medida que los soldados marchan…

Mantengan las llamas del hogar ardiendo

Mientras sus corazones anhelan

Aunque los hombres están muy lejos

Ellos sueñan con su hogar”.

El sentimiento público de la época asumía que las mujeres tenían un rol en la guerra, aunque no estuvieran peleando y muriendo. Los hombres iban a pelear en los frentes. Las mujeres se aseguraban de que hubiera algo en casa por qué pelear.

Nosotros los cristianos aún estamos en guerra. Nuestra guerra ha continuado por miles de años y durará hasta que Cristo venga a terminarla. La diferencia es que en esta guerra, la guerra espiritual, el hogar se sitúa en el centro de la batalla y, nosotras las madres tenemos el rol de combatir.

Por qué Satanás Apunta hacia las Madres

Nuestros enemigos en la maternidad no son la carne y sangre; luchamos contra “…principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales” (Ef 6:12). Nuestro enemigo no está en Europa; él viene de “recorrer la tierra y de andar por ella” (Job 1:7). Él anda “al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pe 5:8).

La guerra de Satanás sobre la mujer  y su cimiento no es un proyecto minúsculo. Es una gran parte de su estrategia. Para Satanás, las madres representan la constante multiplicación de las odiadas imágenes humanas del odiado Dios-hombre que vendrá pronto a terminar su reino de maldad. Las madres son las administradoras de la casa, superintendentes de la preciosa edad llamada niñez, donde Satanás espera realizar sus peores obras, y a veces ve sus peores derrotas.

“Las madres son las administradoras de la casa, donde Satanás espera realizar sus peores obras, y a veces ve sus peores derrotas”.

La inocencia, el crecimiento, el gozo, la productividad, la gratitud, el servicio sumiso, el asombro, y la exasperante capacidad física, tienen un lugar especial en un hogar con niños. Y Satanás se opone violentamente a todos ellos.

Cómo Satanás Apunta Hacia las Madres

Satanás y los de su calaña buscan lugares estratégicos para atacar, áreas de vulnerabilidad. Muchos de sus lugares favoritos son comunes a toda la humanidad, pero hay algunas formas de ataque que son particularmente exitosas con madres cristianas.

1. Satanás hace del sufrimiento una excusa para pecar

La salud espiritual de una mujer durante los agotadores años de maternidad depende en parte de su habilidad para ver la diferencia entre su espíritu y su cuerpo. Ella debe aprender a habitar su cuerpo femenino caído con humildad y sabiduría.

Agotamiento sin descanso o malestar matutino pueden traer confusión acerca de con qué tipo de enfermedad lidiamos. Se siente espiritual, porque afecta nuestro humor y, a veces, afecta nuestra habilidad para hacer las cosas y servir como lo hacemos usualmente. Hay una tentación espiritual real que viene con sufrimiento físico, pero la presencia de sufrimiento físico no significa que ya hayamos perdido la batalla.

Satanás, por supuesto, puede desmoralizarnos con el sufrimiento. Pero él también puede utilizar el sufrimiento para hacernos pecar. Él preferiría que no supiéramos que es en realidad posible sufrir físicamente sin pecar en ira, autocompasión, o desesperanza. Satanás nos haría creer que uno implica la presencia del otro, o que necesariamente conlleva al otro. Hay muchas formas de pecar en nuestra debilidad, pero la debilidad física en sí misma no es el pecado. Debemos aprender (y reaprender) la diferencia.

Lo mismo aplica a otras enfermedades y cambios hormonales a través de la vida. Nuestros cuerpos son femeninos, y están bajo una forma particular de la maldición. La maternidad será difícil físicamente en formas inusuales. Pero nuestro estado físico no debe ser el calibre o el volante para nuestro estado de ánimo. Satanás no amaría nada más que mantenernos en confusión acerca de lo que nos aflige.

2. Él Susurra, “¿Conque Dios os ha dicho…?”

Mujeres, desde el principio han sido el objetivo principal de un patrón específico de engaño. Satanás aún utiliza la pregunta que hizo a Eva caer: “¿Conque Dios os ha dicho…?

Una de sus formas favoritas de sembrar esta destructiva pregunta en nuestro día es a través de las redes sociales y los podcasts. El Internet es un camino nuevo al que las mujeres, aún aquellas trabajando en casa, pueden acceder regularmente por consejos, solicitados o no. Nuestros amigos nos ofrecen consejos sobre cómo lidiar con nuestros esposos e hijos. Imágenes, shows y libros ofrecen servicios sobre lo que es bueno y bello, lo que se debe esperar (o demandar) de la vida. Las mujeres que amamos dar y buscar consejo tienen que hacer una elección diaria acerca de qué consejos buscamos, qué escuchamos, y qué voces influencian nuestras decisiones diarias.

Los susurros están en todos lados si los escuchamos: “¿Conque Dios ha dicho, ‘Más bienaventurado es dar que recibir’ (Hch 20:35)? Parece como si toda esta bondad fuera a matarte”. “¿Conque Dios ha dicho: ‘Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor’” (Ef 5:22)? Eso parece imposible, o probablemente poco saludable”. “¿Conque Dios os ha dicho: ‘Justos, alegraos en el Señor, y alabad su santo nombre’” (Sal 97:12)? Parece obvio que dar gracias cuando no te sientes agradecida sería poco auténtico. ¿Y qué de las mujeres a tu alrededor que no tienen nada por que estar agradecidas? ¿Cómo las haría sentir?”

Algunas de las mejores obras de Satanás se cumplen cuando las mujeres les hablan a las mujeres en el mundo de almas fuera de sí en el internet. Cada mujer cristiana que crece en sabiduría perseguiría activamente la sana doctrina (Tito 2:1), dejando a la palabra de Cristo obrar en ella abundantemente (Col 3:16), meditando diariamente en lo que es verdad, honorable, justo, puro, amable, y digno de alabanza (Fil 4:8).

Tal vez una de las mejores formas en que podemos cuidar de nuestra atención y nuestros corazones es dejando algunas formas de intercambio de consejos en línea, y en su lugar buscar relaciones de carne y hueso formadas en base a pasajes como Tito 2. Una mujer que sabe que está siendo discipulada por alguien (o algo) en todo momento, es una mujer que puede ver su necesidad de buenos discipulados, y puede humillarse para pedirlos en la iglesia local.

Empapándonos en la Palabra de Dios, aprendiendo de cristianos maduros y orando fervientemente, son las formas en que nos oponemos a los planes de Satanás cuando susurra: “¿Conque Dios ha dicho…?” Esperar que la verdad nos encuentre no es suficiente; debemos resistir activamente sus mentiras mediante la alimentación propia de lo que Dios ha dicho.

3. Nos ciega a nuestro enemigo más cercano

A Satanás no le importa que estemos vigilantes acerca de las amenazas externas. La mayoría de las madres lo están. Pero él tiene un gran interés en evitar que estemos activas con la amenaza más cercana al hogar: nuestra propia carne. El mundo, la carne y el mal están en contra de nosotras en esta guerra. Nosotras no podemos luchar efectivamente contra ninguno de ellos a menos que deseemos pelear con todos ellos.

 

“Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne”, dice Pablo. “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis”. Esto simplemente significa que a medida que avanzamos en los años de maternidad, deberíamos practicar rondas de arrepentimiento: a Dios, a nuestros esposos, a nuestros hijos. No nos debería sorprender o desanimar el hecho de que esta parte es nuestra guerra. Deberíamos verlo como una parte normal de la vida cristiana.

Debemos esperar crecimiento con el tiempo a medida que nuestras relaciones se desarrollan. Con el paso de los años, nuestra obediencia debería verse más y más como el disfrute agradecido en la vida normal, llevado a cabo de forma amorosa, gozosa, en paz, pacientemente, amablemente, con fe, y con auto control (Gál 5:22). Éstos son los frutos naturales del Espíritu.

¿Qué Amenaza a Satanás?

Nuestras vidas no son principalmente una guerra en contra de las amenazas en el mundo que atentan contra nuestros niños. Nuestros hijos, como nosotras, son concebidos en iniquidad  y nacidos en pecado (Sal 51:5). El enemigo de los corazones de nuestros hijos ya está aquí, ya está en el campamento.

Nuestros hijos tendrán el mayor beneficio, no de nuestras afirmaciones públicas acerca de lo que nos molesta moralmente, sino de nuestras almas siendo lavadas por la palabra de Dios, y nuestros corazones siendo llenos de deseo por Cristo mismo. No cometamos ningún error; nuestros niños, sin importar lo que nos escuchen decir, sabrán lo que nuestros corazones realmente aman. Satanás quiere que nunca sepamos lo que nuestro corazón realmente ama. Él quiere que el evangelio que predicamos a nuestros niños nunca alcance nuestras relaciones, nuestro pecado, nuestros deseos.

No cometamos ningún error; nuestros niños, sin importar lo que nos escuchen decir, sabrán lo que nuestros corazones realmente aman.

¿Qué amenaza a Satanás? El alma de una madre que sobreabunda en Cristo, un alma en el banquete que él ha puesto ante nosotras:

“Todos los sedientos, venid a las aguas…

¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan,

y vuestro salario en lo que no sacia?

Escuchadme atentamente, y comed lo que es bueno,

y se deleitará vuestra alma en la abundancia”.

Isaías 55:1-2.