Los reformadores enarbolaron cinco banderas principales durante su protesta. Estos cinco postulados son conocidos como las cinco solas de la Reforma protestante, las cuales fueron frases en latín que resumían las doctrinas cardinales que los reformadores defendieron en una época donde la cristiandad se sumía en la más grande corrupción. Estos cinco estandartes son: 1. Sola scriptura (solo por medio de la Escritura), 2. Sola fide (solo por la fe Dios salva), 3. Sola gratia (solo por la gracia somos salvos), 4. Solus Christus (solo a través de Cristo) y 5. Soli Deo gloria (solo para la gloria de Dios).

Estos postulados no solo fueron el andamiaje teológico que sostuvo la Reforma, sino que a su vez fueron un redescubrimiento de las doctrinas que siempre han estado en las Sagradas Escrituras, pero que muchos habían pasado por alto. El orgullo de los líderes religiosos, junto con la ignorancia del pueblo siempre generan un caldo de cultivo para la corrupción del cristianismo. Estas verdades no solo rescataron la soteriología bíblica (doctrina de la salvación), sino que demolieron el orgullo humano. Son doctrinas que, aunque hayan pasado quinientos años, son necesarias para la iglesia en la actualidad.

Es por esto por lo que en esta oportunidad quisiera compartir cinco formas en las que las “solas” de la Reforma protestante son de ayuda para combatir el orgullo de la iglesia actual.

 

  1. Sola Scriptura (solo por medio de la Escritura)

Solo la Escritura es la última y suprema autoridad sobre la fe y practica para la vida del hombre. La sola scriptura muele el orgullo humano pues nos recuerda que no somos Dios, y que todos y todo en este universo están bajo la suprema potestad de la Palabra de Dios. La Biblia es la palabra inspirada, inerrante, suficiente y autoritativa de Dios (2 Timoteo 3:16). En palabras simples, cuando la Biblia habla Dios habla.

Es importante enfatizar que la autoridad de la Biblia, no se restringe a los temas de salvación solamente. La Biblia debe ser la suprema autoridad en la vida completa del hombre. ¿Cómo debes manejar tus finanzas? ¿Cuál es el trato que debes dar a tu esposa? ¿Cómo debes criar a tus hijos? ¿Cómo debes tratar a tus empleados? Todas estas preguntas y todas las demás que dan forma a tu existencia deben ser contestadas desde la voluntad de Dios revelada en las Escrituras. El hombre orgulloso tomará su propio patrón de vida. En contraste, el hombre humilde se sujetará voluntariamente a la instrucción de las Escrituras.

De manera práctica, tus sueños o emociones no pueden regir tu vida, solo la Palabra de Dios tiene esa potestad. No es la cultura ni la tendencia actual la que debe dar forma a las decisiones que tomas como hombre en tu hogar, es solo la Palabra inspirada la que debe regirte. Tu corazón humano siempre intentará engañarte y hacerte creer que tus ideas son las mejores, pero debes acostumbrarte a filtrar tus pensamientos con la Biblia y podrás obedecer humildemente a Dios (Salmo 1:1-3).

Nuestro orgullo innato es de tal magnitud que para nosotros siempre somos justos, rectos, sabios y santos, hasta que somos convencidos, por claras evidencias, de nuestra injusticia, vileza, insensatez e impureza.

—  Juan Calvino

 

  1. Sola fide (solo por la fe Dios salva)

Solo la fe es el medio que Dios usa para llevar a pecadores a salvación (Romanos 3:21-22). No son nuestras buenas obras las que nos salvan (Romanos 3:28), es solo una fe genuina que viene en arrepentimiento (1 Juan 1:9), confiesa sus pecados y confía en Jesucristo como único medio de salvación (Romanos 10:9). La salvación por sola fide aplasta al orgullo humano, porque nos gusta sentirnos merecedores de la bendición de Dios. Nos agrada pensar que las cosas están saliendo bien, porque hemos sido muy obedientes y consagrados, pero este es un pensamiento diabólico. Toda buena dadiva y todo don perfecto, incluyendo la salvación provienen de Dios.

Fe en Jesucristo, esto es lo que necesitas para ser salvo. El orgulloso reclamará diciendo: “No puede ser tan sencillo, yo tengo que hacer algo”. La Biblia te dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

No existe persona más orgullosa en este planeta que aquel que se rehúsa a creer en Jesucristo como única fuente de salvación (Juan 3:18). Este es el pecado de mayor orgullo.

La fe no lleva nada nuestro a Dios, sino que recibe lo que Dios nos ofrece espontáneamente. De ahí que la fe, por imperfecta que sea, posee, sin embargo, una justicia perfecta, porque no considera nada más que la bondad gratuita de Dios.

—  Juan Calvino

 

  1. Sola gratia (solo por la gracia somos salvos)

Solo la gracia soberana de Dios por medio de su elección lleva personas a ser salvas. No se trata de quien quiere ser salvo, no se trata de quien corre o trabaja. Se trata de a quien Dios decide mostrar misericordia por el beneplácito de Su voluntad (Efesios 1:5). La doctrina de la elección solo por gracia es la verdad más demoledora del orgullo humano. Dios está en Su trono y Él decide a quien salvar. El apóstol Pablo supo que el engreimiento humano se levantaría a altercar contra esta verdad diciendo: ¿Por qué Dios enviará a alguien al infierno si Él no decidió elegirlo para salvación? Pablo contestó a esta altivez en Romanos 9:15-24:

Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia… De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? Porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?  ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,  y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?

Hay personas que se muestran con “humildad” ante los hombres; nunca quieren irrespetar a otro ser humano, son comprensivos y “tolerantes”, pero rechazan la idea de que Dios puede decidir hacer lo que quiera con Su creación. Este es un estado lamentable y de latente orgullo. Lo que me dice la Escritura y lo que he visto en la experiencia, es que solo la persona que acepta la plena soberanía de Dios sobre este universo puede realmente comenzar a caminar en humildad. ¿De qué sirve vivir en un estado de aparente humildad antes los hombres, cuando eres capaz de rebelarte a la autoridad del Creador? Me atrevo a decir que creer en la doctrina de la sola gratia, es la puerta de entrada para una vida de verdadera humildad.

 

  1. Solus Christus (solo a través de Cristo)

La doctrina de solus Christus enseña que la salvación solo puede ser obtenida por medio de Jesucristo. Nadie más puede ser un mediador efectivo entre Dios el Padre y los seres humanos. Solo el Hijo, el segundo miembro de la Trinidad, Dios hecho hombre, puede ser el perfecto sustituto y un efectivo intercesor (1 Timoteo 2:5).

Pero además de la posición de Cristo como mediador en la salvación, los reformadores lucharon por contestar la siguiente pregunta: ¿quién es la cabeza de la iglesia? Esta pregunta muchas veces se pasa por alto, pero realmente esta fue la pregunta que dio vida a la Reforma protestante del siglo XVI. ¿Es el papa la cabeza de la iglesia o es Jesucristo la cabeza? Por supuesto, sabemos la respuesta, solo Jesucristo tiene suprema autoridad sobre Su iglesia. Pero si Él es el supremo monarca del Su iglesia, entonces el funcionamiento, doctrina y practica de Su iglesia debe estar sujeto a Su autoridad y no a las tradiciones humanas o mandamientos de hombres.

Algunos temen ser orgullosos al defender la autoridad de Cristo en la iglesia, pero no es orgulloso querer que las cosas se hagan bíblicamente en nuestras congregaciones. Los hombres en la actualidad deben comenzar a perder el temor al hombre y levantarse con valentía como los reformadores lo hicieron. Con esto no estoy haciendo un llamado a los hombres de nuestra generación a creerse los “Luteros” del siglo XXI, y rebelarse ante sus autoridades eclesiásticas. Pero si no son los hombres líderes en las congregaciones quienes están atentos a la pureza doctrinal de la iglesia, ¿entonces quien más lo estará?

Un perro ladra cuando su amo es atacado. Yo sería un cobarde si es atacada la verdad de Dios y permanezco en silencio.

—  Juan Calvino

 

  1. Soli Deo gloria (solo para la gloria de Dios).

Si Dios es el soberano sobre la salvación del hombre, entonces la implicación lógica es que solo Dios puede recibir toda la gloria (Salmos 115:1). Ya que el hombre solo tiene sus pecados para presentar delante de Dios en el juicio celestial, no hay lugar para la jactancia y el orgullo. Estamos llamados como hombres a vivir en todo tiempo para la gloria suprema de Dios.

Cada acción en nuestro diario vivir tiene que reflejar una cosmovisión enfocada en traer gloria a nuestro Salvador, este es el verdadero camino de la humildad. A manera de ilustración histórica, vale la pena notar el aporte del reformador francés Juan Calvino quien con su teología de la gloria de Dios impactó a toda la sociedad occidental.

Juan Calvino fue un hombre plenamente comprometido con la gloria de Dios. El centro de su propia vida y el foco de su enseñanza se caracterizaron por guiar a otros a que vivieran cada instante para que Dios fuera supremamente exaltado. Las palabras de Calvino fueron la mayor influencia para que años más tarde se escribiera el catecismo de Westminster. La primera pregunta de este documento dice: ¿Cuál es el fin principal del hombre? A lo que el catecismo responde: El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre.

Lo impresionante de esta cosmovisión calvinista/reformada, esta idea sagrada de que todo lo que el ser humano hace debe hacerlo para traer gloria a Dios, tuvo una influencia más allá de las bancas de la iglesia e impactó la sociedad hasta nuestros días. Calvino reformó el pensamiento acerca de la vocación y el trabajo. Con audacia enseñó que ningún trabajo es más santo que otro. El reformador de Ginebra influyó en la ética del trabajo protestante y enfatizó que cada persona ha sido llamada divinamente para cumplir una tarea o trabajo en esta sociedad, y ya que este llamado era de parte de Dios, debía hacerse con toda pasión para exaltar al Creador. El médico, el granjero, el empresario, la madre o el profesor habían sido asignados divinamente para realizar esa vocación y debían hacerlo como para el Señor. Sin lugar a duda, esto trajo una revolución en la sociedad y economía de los países influidos por la Reforma. De manera paradójica para el sistema de pensamiento de este mundo, una cosmovisión centrada en Dios y no en el orgullo del hombre, en términos prácticos, será lo más beneficioso para la existencia humana.

Conclusión

Las cinco solas de la Reforma no solamente nos recuerdan las verdades históricas por las cuales hombres y mujeres dieron su vida, sino que también nos plantean cinco pilares de la verdadera fe cristiana que son fundamentales para la vida de todo hombre que quiere vivir en humildad  esforzándose en cada momento para la suprema gloria de Dios.