Durante los últimos años, se ha practicado y debatido la idea de un «lugar seguro» en los campus universitarios. La idea es tener un lugar en el campus donde la persona esté a salvo de ser silenciada o acosada por aquellos que tienen más poder, donde alguien podría aislarse del escarnio o del dolor. En los lugares seguros, no hay vergüenza porque un estudiante está protegido, tanto ideológica como emocionalmente, de todo lo que pueda quebrantar sus buenos sentimientos.

Dejando de lado el debate acerca de los lugares seguros en las universidades, sugiero que las iglesias locales deben ser el «lugar más seguro» donde los cristianos puedan confesar sus pecados en general y los pecados vinculados a la pornografía en particular. Santiago nos ordena que confesemos nuestros pecados unos a otros (Stg. 5:16). El hacerlo debilita la tentación (Jn. 3:19-21; 1 Jn. 1:5-10). No es gravoso (1 Jn. 5:3), al contrario, nos permite compartir nuestras cargas y sentir alivio.

Sin embargo, no es natural que las personas confiesen sus pecados. Queremos agradar e impresionar a los demás. Esto es cierto en el mundo, y es cierto en nuestras iglesias. Como resultado, nuestras iglesias no se sienten como lugares seguros para la confesión. He sentido el bombardeo del pecado y el secretismo en mi propia familia de la iglesia.

No obstante, por la gracia de Dios, mi iglesia está aprendiendo a cultivar una cultura de gracia y confesión. He aquí dos pasos que han servido de ayuda para cultivar una cultura en la que los miembros pueden confesar más fácilmente el pecado del uso de la pornografía.

Paso 1: Reconoce y expresa que la iglesia es un lugar seguro

Tu iglesia no será segura si tu idea de seguridad es estar a «salvo» del peligro de ser ofendido, reprobado, corregido o de que tus sentimientos se vean perjudicados.

Los cristianos deberían buscar seguridad de un peligro mucho mayor: el pecado impenitente. Debido a esto, nuestras iglesias deben ser lugares donde los santos libren juntos la guerra contra el engaño del pecado (He. 3:12-13). La confesión debería ser algo normal, mientras que el rechazo, el chisme y el fariseísmo no.

¿Por qué? Porque (1) la iglesia es un grupo de pecadores conscientes, (2) la iglesia es un grupo de pecadores redimidos, y (3) Cristo estructuró a la iglesia para el crecimiento del cristiano.

La iglesia es el lugar más seguro para la confesión de pecados porque la iglesia es un grupo de pecadores conscientes que no pueden condenarte

Una iglesia no debería sorprenderse de que los cristianos pecan. Al contrario, se nos enseña que debemos esperar esto, y que debemos remover la viga en nuestro propio ojo, al ver nuestro pecado como el problema más grande, antes de remover la paja del ojo de un hermano que confiesa su pecado (Mt. 7:1-5).

La iglesia es el lugar más seguro para la confesión de pecados porque la iglesia es un grupo de pecadores redimidos que experimentan el crecimiento en la gracia

El Señor Jesús bendijo y restableció a la iglesia. La llenó con quienes son pobres de espíritu, con quienes deploran su pecado y los pecados de otros, con quienes son compasivos con el necesitado y con quienes son purificados de corazón por el nuevo pacto (Ex. 36:25-27; Mt. 5:3-8).

El pueblo de Dios espera llevar la carga de otros porque otros han llevado la suya. Debido a que son pecadores que han sido redimidos solo por gracia, el juicio farisaico y la vergüenza no tienen sentido. Los cristianos se enfocan en el cambio y en la transformación del corazón, no en la modificación de la conducta, esto significa que los cristianos renuevan constantemente su fe en Jesús; entendiendo que el fortalecer a los demás se logra mediante el quebrantamiento, el arrepentimiento y la fe en Cristo (Lc. 22:31-32).

Pero seamos honestos, ¿son las iglesias realmente así? Aunque imperfectas y en progreso, las iglesias deben serlo.

La iglesia es el lugar más seguro para la confesión de pecados porque Cristo estructuró a la iglesia para el crecimiento del cristiano

Jesús ordena a la iglesia compartir la responsabilidad mutua como un cuerpo de creyentes que ejercen las llaves del reino (Mt. 18:15-17). Él quiere que los pecadores redimidos vivan en medio de otros pecadores redimidos, que asumen la responsabilidad del discipulado y crecimiento de otros. En otras palabras, cada cristiano necesita a los miembros de su congregación. Y ellos también lo necesitan a él.

Además, Jesús da ancianos a las iglesias locales como regalos que dan ejemplo de madurez cristiana (Ef. 4:11-16; 1 Ti. 3:1-7). Los cristianos necesitan ancianos, así como las ovejas necesitan pastores.

Con respecto a esta disposición ordenada por Dios, un miembro de la iglesia me escribió recientemente: «No estarán de acuerdo con mi pecado, pero me seguirán amando y me ayudarán a confesarme ante otros, a pedir perdón y a lamentarme por mi pecado. Y sé que me ayudarán a tomar medidas prácticas para luchar contra la lujuria».

Debido a nuestro compromiso mutuo, no podemos huir cuando las cosas se tornan difíciles y el pecado es expuesto. Nuestra proximidad e interacciones regulares nos obligan a lidiar con el pecado (Fil. 4:21) o a cansarnos de fingir. Y cuando la gracia se ejerce con regularidad, esto «crea una base de confianza», como lo expresó uno de los miembros de mi iglesia. Los cristianos pueden sentir los peligros en los que se encuentran sus hermanos y hermanas cuando evitan a otros miembros.

Como pastor, debes repetir continuamente estas cosas a la familia de tu iglesia para que eventualmente echen raíces y den fruto.

Paso 2: Cultiva tu iglesia como un lugar seguro

Los pastores pueden fortalecer una cultura de confesión y restauración al orar, predicar, supervisar, capacitar y dar ejemplo de madurez cristiana.

Ora y predica la responsabilidad corporativa de llevar y compartir las cargas

Un miembro me dijo que es más fácil confesar pecados en nuestra iglesia porque existe un «hábito colectivo donde la mayoría de los miembros de la iglesia confiesan pecados específicos entre sí». Si, por otro lado, «la mayoría se abstuviera de compartir su propio pecado, esto reforzaría a que el pecado estuviera oculto». Sin embargo, «cuando más personas se abren, se establece un precedente para que personas más tímidas se liberen de la vergüenza de esconderse, y les permite confesar sus pecados, buscar apoyo y recibir ayuda».

Pastor, ora para que tu iglesia crezca en la práctica de confesar el pecado para obtener ayuda en la santificación. Cuando prediques, aplica el texto a la iglesia como cuerpo, no solo a cristianos individuales. Anímalos a ayudarse mutuamente a llevar las cargas que el texto aborda. Haz preguntas difíciles en el sermón para que las personas aprendan cómo hacerlo.

Supervisa las estructuras y otras prácticas de la iglesia que fortalecen la seguridad en la confesión

Como pastor, me aseguro de que cada domingo tengamos una oración corporativa de confesión donde los pecados sean confesados de manera directa, concreta y específica: «Señor, confesamos que, la semana pasada, permitimos que nuestros ojos dieran un segundo vistazo a una persona en la calle. Dejamos que nuestras mentes se desviaran al cónyuge de otra persona…». También renovamos nuestro pacto congregacional cada primer domingo del mes antes de conmemorar la Cena del Señor. En nuestras clases de membresía enseñamos las responsabilidades corporativas y personales de cada miembro. Y cuando entrevisto a alguien que desea unirse a nuestra iglesia, hago preguntas sobre algunas tentaciones.

También me aseguro de que las estructuras de nuestros grupos pequeños alienten la confesión y la rendición de cuentas. Todo esto clarifica la expectativa de que nuestra iglesia se preocupa por el pecado y las tentaciones que libran la guerra contra las almas de nuestros miembros (1 P. 2:11).

Capacita a los miembros para que se confiesen, hagan preguntas y apliquen el evangelio entre sí

Enséñale a los miembros de la iglesia cómo y por qué deben confesar el pecado: porque el pecado está siempre presente y quiere destruirnos. Diles que enfrenten esta realidad directamente, al abordar de manera abierta, pero discreta, los problemas necesarios que muchos consideran tabú.

Enséñales a formular preguntas difíciles. Compartí un artículo de Randy Alcorn acerca de los grupos de rendición de cuentas y lo envié a todos nuestros miembros.

Prepara a tus miembros para que escuchen la confesión de alguien y respondan de una manera que ayude al confesor a sentir la convicción bíblica, recordar a Jesús y pedir perdón. Capacita a tus miembros para comunicar la bondad de Dios en el evangelio, porque es la bondad de Dios y no nuestra culpabilidad o vergüenza, la que conduce al arrepentimiento transformador (Ro. 2:4).

Entrena a tu gente para que no definan a un hermano de la iglesia por un pecado en particular. Cristo Jesús lo define como parte de la familia de Dios, un santo en Cristo y el templo del Espíritu Santo.

Modela la necesidad del cristiano

Los cristianos siguen naturalmente a sus líderes. ¿Sientes tu necesidad por la familia de tu iglesia? ¿Sientes la necesidad de confesar tus pecados y arrepentirte en medio de tus relaciones con otros miembros de la iglesia? ¿Crees que esto es lo mejor, no solo para ellos, sino también para ti? ¿Crees que animas a los miembros de tu iglesia a encontrar fortaleza en Jesús y no en ti como el pastor perfecto? ¿Te ves a ti mismo primero como un cristiano en necesidad de rendición de cuentas y discipulado, o como un pastor que ayuda a otros a practicar estas cosas? ¿Predicas lo que no practicas?

Pastor, ¿sientes que tu iglesia es un lugar seguro para confesar tus pecados? ¿Confías en la familia de tu iglesia para tu propio crecimiento al ser sabiamente vulnerable? Deberías.

¿Alguna vez das ejemplo de tu propia necesidad de Cristo? Si no lo haces, no convencerás efectivamente a otros para que confíen en el cuerpo en el que tú no confías. Tu ejemplo de miedo minará tu enseñanza. Tu iglesia sentirá una mayor desconexión entro lo ideal y lo práctico. Y tu congregación continuará escondiéndose y buscando otros lugares donde aliviar su culpa y vergüenza.

Pero si das ejemplo de tu necesidad de Cristo, dirigirás y discipularás a otros para que confiesen sus pecados. Y por la gracia de Dios, con el tiempo, tu iglesia se convertirá en un verdadero lugar seguro, que protege a los santos del pecado impenitente y de la vergüenza innecesaria, y los miembros de tu iglesia progresarán en dar muerte a su pecado (Ro. 8:12-13). Las iglesias seguras son dirigidas por pastores seguros.

Escrito por J. Tibayan (MDiv, Master’s Seminary) sirve como pastor de Bethany Baptist Church en Bellflower, California, Estados Unidos. Él está casado y tiene cinco hijos. Actualmente estudia un doctorado en ministerio en el Southern Seminary.


Publicado originalmente en la Revista 9Marcas #9 | El Cristiano, La Iglesia Local y la Pornografía | Puedes descargarla gratis aquí