Un tiempo atrás comentamos en el artículo “Estamos hechos para tener amigos”, acerca del libro de Vaughan Roberts, llamado “True Friendship” (Verdadera amistad), en el cual se dan algunas lecciones sobre la amistad, en este artículo y otro, estaremos conversando sobre estas.

Ten cuidado con las compañías que mantienes

“Él que anda con sabios será sabio, mas el compañero de los necios sufrirá daño” (Pro. 13:20). En otras palabras, es importante elegir con quienes estamos. La compañía que mantenemos tiene un impacto en nuestro carácter. El ejemplo bíblico más obvio de esto es cuando Moisés baja del monte y las personas ven que su rostro brilla porque ha estado en la presencia del Señor. Ésta era una imagen visible para las personas de que Moisés había estado con el Santo Dios. Ellos podían ver físicamente la compañía con la que él había estado (Éx. 34:29-30).

Si pensamos en las relaciones humanas, podemos ver cómo los cónyuges adoptan características y frases del otro. Lo vemos en niños que copian las formas de comportarse y de hablar de sus padres (¡las buenas y las malas!). Vemos esto con inconversos que comienzan a pasar tiempo con creyentes. De a poco, con el tiempo, podemos ver que dicen menos groserías y cambian el tema de sus conversaciones. Cuando esto ocurre, puede ser difícil discernir si es que en realidad se han vuelto cristianos o si sólo han comenzado a imitar a los cristianos con los que pasan tiempo.

Lo opuesto puede ocurrir también: Si pasamos más tiempo con no cristianos, fácilmente podemos resbalarnos en charlas inútiles y comenzar a aceptar cosas que no hubiésemos permitido antes. Todos somos influenciados. Cuando estamos pasando tiempo con otras personas, ya sea que sean cristianos o no, ¿las influenciamos para bien? ¿Glorifican a Dios nuestras palabras y lo que hablamos? ¿O nos vemos atrapados en el chisme, en las palabras deshonrosas y en un hablar dañino? Cuando piensas en tus amistades, ¿son éstas buenas para tu alma, o te arrastran lejos de Cristo?

Ten cuidado con las bases de la amistad

“La riqueza añade muchos amigos, pero el pobre es separado de su amigo… Todos los hermanos del pobre lo aborrecen, ¡cuánto más sus amigos se alejarán de él!” (Pro. 19:4,7). Estos proverbios nos advierten acerca de los peligros de las falsas amistades. La riqueza puede atraer personas hacia nosotros. Podemos pensar que las personas son nuestros amigos, cuando en realidad solo son nuestros “amigos” por lo que piensan que pueden obtener de nosotros. Oprah Winfrey dijo: “Muchas personas quieren andar contigo en la limusina, pero lo que querrás es a alguien que tomará el autobús contigo cuando la limusina se daña”.

Si bien muchos de nosotros no somos ricos, hay muchas cosas que pueden atraer personas hacia ti. Las personas pueden pensar que obtendrán algo de la amistad, aún si no tienes mucho dinero. Pueden ser cosas materiales, puede ser status, puede ser ayuda emocional.

Esto en realidad es algo para alarmarse cuando trabajamos en conjunto. Hay muchísimas personas que anhelan cualquier tipo de amistad, personas que son vulnerables, y personas que nunca han experimentado la verdadera amistad. Tenemos que ser muy cuidadosos en cómo comenzamos las relaciones con los demás; si empezamos siendo alguien que siempre dá, siempre paga, siempre da un aventón, siempre rescata cuando no tienen dinero, etc, entonces podemos fácilmente crear dependencia. Así es que podemos creer que tenemos una gran amistad con alguien, pero en realidad a ellos no podría importarles menos, sólo nos están usando por lo que pueden conseguir. Ésta es una trampa en la que he caído algunas veces, y ha sido una dura lección de aprender.

Ten cuidado con tus palabras

Hay muchos proverbios que enseñan acerca de nuestro hablar. Las mujeres aparentemente hablan 20.000 palabras al día. ¡Esas son muchísimas! Pero ¿son sabias, útiles y santas? Para ser amigo de alguien, ¡hay que hablar con la persona! Es la única forma de que te conozcan y que tú los conozcas. Por eso no es sorpresa que la Biblia tenga 400 versículos que mencionan el uso de las palabras, se ve que obviamente es importante para Dios también. Él es un Dios que habla, y que nos ha creado para hablar también. Entonces, ¿qué nos dicen los versículos en Proverbios acerca de nuestras palabras? Veremos algunos versículos rápidamente:

  1. El hombre perverso provoca contiendas, y el chismoso separa a los mejores amigos. (Pro. 16:28)
  2. El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos. (Pro. 17:9)
  3. El que anda murmurando revela secretos, por tanto no te asocies con el chismoso. (Pro. 20:19)

Todos estos versículos resaltan cuán dañino es el chisme. Ser un buen amigo significa no romper la confidencialidad. Estoy segura de que todos hemos tenido experiencias de primera mano en las que hemos compartido algo profundamente personal con alguien, para darnos cuenta que esa persona le dijo a alguien más. Esto es muy doloroso, y puede ocasionar daño, no solo a amistades actuales, sino a futuras.

Como cristianos debemos ser muy cuidadosos con esto. No somos inmunes a tener la lengua floja. Algunas veces hasta lo escondemos bajo el disfraz de “compartirlo para que puedas orar”. Esto no está bien a menos que primero le hayas preguntado a la persona que lo contó si puedes compartirlo también. Como personas involucradas a tiempo completo en algún aspecto del servicio cristiano, también tenemos que ser cuidadosas con esto. Muchas personas compartirán cosas muy personales con nosotros, y lo peor que podremos hacer será llamar a nuestra madre o a nuestro mejor amigo y contarle todas las cosas que se nos han dicho. Deberíamos amar y cuidar a la otra persona tanto que no querríamos hacer nada que lo hiriera o lo entristeciera. Obviamente que hay veces en que es apropiado compartir cosas con alguien más; en casos de abuso, o si alguien más está en peligro, por ejemplo. Pero aún en esas situaciones deberíamos decir que vamos a contarle a alguien más, y especificar la razón por la que lo haremos.

“Muerte y vida están en poder de la lengua…” (Pro. 18:21). Este versículo habla del poder de nuestras palabras. Vivimos en un mundo que nos dice que tenemos el derecho de decir lo que sea que queramos; pero cuando nos convertimos en cristianos, abandonamos ese derecho a medida que nos adentramos a una nueva comunidad y cultura. Proverbios 29:11 dice: “El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio la reprime”.

Nuestras palabras deben glorificar al Señor. No deberíamos sentir la necesidad de hablar o vociferar acerca de cosas que no son santas. Piensa en el daño que nuestras palabras insensibles pueden causar. Santiago nos dice en 3:5 “Así también la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosas. Mirad, ¡qué gran bosque se incendia con tan pequeño fuego!”. Nuestras palabras tienen peso, importan, pueden construir o destruir.

Como dice el proverbio aquí, pueden traer vida o muerte. En Proverbios 12:18 se nos dice que “…la lengua de los sabios sana”. Esto es porque la lengua de la persona sabia está más preocupada acerca de curar una herida que de ganar una pelea. Unas de las palabras más poderosas son “perdóname”. Nuestras amistades no crecerán ni madurarán si no estamos preparados para decir esas palabras. Necesitamos recordar que decepcionaremos a las personas. Diremos cosas sin pensarlas. Aún somos pecadores, pero tenemos la oportunidad de restaurar a aquellos que hemos herido.