La pornografía digital está en todas partes. Entonces ¿cómo preparamos a nuestros hijos e hijas para ganar la batalla en contra de la cultura pornográfica que los rodea? Es una pregunta excelente que nos hace una madre llamada Molly.

«Pastor John: gracias por este podcast y por todas las veces que usted trata el tema de la paternidad. Mi pregunta: ¿cuál es la mejor manera de preparar a nuestros hijos para vivir por sí mismos en nuestra cultura pornográfica?

Tengo dos varones pequeños y me entristece mucho cuando veo a tantos hombres piadosos caer víctimas de diversos tipos de lujuria y me lleva a pensar en cómo puedo ayudar a que mis propios hijos estén apercibidos de esto. Sé que al final de todo Dios es soberano; no obstante ¿hay algo específico que mi esposo y yo podemos hacer para ayudarlos a ver lo que realmente es valioso y para prepararlos para las tentaciones digitales que les esperan?».

No hay garantías

Bueno, dudo que yo tenga mayor sabiduría en este tema que Molly y su esposo, pero les daré una lista de cosas que ellos pueden al menos comparar con la suya propia y ver si tal vez encuentren una o dos cosas útiles en las que no hayan pensado.

Por supuesto, quiero dejar bien claro que cuando se hace una lista como esta, cada uno de los elementos es una realidad. Una realidad masiva. No es simplemente: «Oh, aquí hay otra cosa para marcar en la lista». Espero que seamos conscientes de que aunque iré sobre ellas rápidamente, cada una es una obra del Espíritu que requiere de todo el corazón.

No hay garantía de que nuestros hijos serán creyentes o que andarán en los caminos que quisiéramos que caminen. Elaboro la pregunta de esta manera: ¿Por qué algunos hijos confían en mamá y papá y en sus caminos, quieren conformar sus vidas a la visión de sus padres y hacerlo por sí mismos algún día; mientras que otros hijos, casi desde el principio, parecen tratar a sus padres como si estos fueran tontos o poco sabios o indignos de su confianza? Estos siempre están retando en lugar de decir: «Bueno, mamá y papá saben lo que es mejor. Son mayores que yo y han pasado por esto varias veces».

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué algunos hijos hacen esto, aun dentro de la misma familia? Así que queremos estrategias que Dios puede agradarse en usar para crear en nuestros hijos una profunda confianza personal, en primer lugar en nosotros como padres, y luego a través de nosotros sus padres, crear en ellos una confianza en el Dios vivo y verdadero, a medida que nuestros hijos van viviendo su fe como completamente suya.

Así que mantengamos eso en mente. Aquí no hay garantías. Hijos dentro de la misma familia, tratados de la misma manera pueden ser resistentes u obedientes, y nuestra meta no es la conformidad externa a reglas; es un amor interior por Dios y por Sus caminos.

Entonces, ahí va mi lista.

Once estrategias

  1. Los hijos necesitan un corazón humilde para obedecer a mamá y a papá y a las Escrituras, así que oro con fervor que sean humildes bajo la poderosa mano de Dios (1 Pd. 5:6). Oro que Dios les dé el regalo de una profunda humildad.
  2. Procura ser auténtico en tu propio amor por Cristo, tu propio gozo en Él y tu propio deleite en Sus caminos. Es difícil esperar que tu hijo esté satisfecho en Dios cuando no parece como si Él satisface a papá y a mamá.
  3. Satura a tu familia con la Escritura. Habla de ella mañana, tarde y noche. Habla de ella cuando te levantes, cuando vayas a comer, cuando estés en el carro. Habla acerca de la Palabra de Dios y procura ayudar a tus hijos a entenderla. Trata la Biblia como la autoridad absoluta en tu vida. Ora porque tus hijos crezcan creyendo que este libro es la autoridad más alta en el universo bajo el control de Dios.
  4. Resalta en la Biblia el gozo superior que viene de conocer a Cristo, contrario a todas las formas de pecado que puedan procurar. Haz de esto un tema recurrente en toda tu enseñanza. Únete a Pablo al decir que estimas todas las cosas como pérdida en vista del incomparable valor de conocer a Jesucristo (Fil. 3:8). Ayúdales a hacer esto real y a ver que “por esto vamos a obedecer. Hay una manera mejor, más gozosa, más duradera y más satisfactoria en Dios que en el pecado”.
  5. Cuenta historias una y otra vez—de la Biblia, de la sociedad, de la historia, de las misiones—acerca de jóvenes, hombres y mujeres jóvenes, que hicieron grandes cosas sacrificiales por el gozo puesto delante de ellos en Dios. Al final, la mayoría de nuestros hijos crecerán ansiando el verdadero sentido de las cosas, así como anhelarán otras cosas. Necesitan saber dónde encontrar ese sentido. Quieren hacer algo que en verdad cuente en sus vidas. Estas historias—las historias de David, Daniel, Timoteo, las historias de misioneros, las historias de militares de la Primera y Segunda Guerra Mundial, de la Guerra Civil, entre otras—los ayudan a ver esto. Así nuestros hijos escucharán historias de jóvenes que hicieron maravillosos actos de valentía.
  6. Haz del evangelio el lema constante de toda tu enseñanza. Es decir, de modo constante recuérdale a tus hijos que Cristo murió por pecadores y que Él provee la manera de preservar y restaurar la comunidad con Él mismo cuando todo lo demás ha fallado. Todos los hijos fallan. Todos hacen cosas malas. Sus conciencias los reprenden. Saben que son pecadores. Necesitan que se les recuerde una y otra vez la forma evangélica de lidiar con los fracasos y el pecado, no la forma mundana. De lo contrario, se volverán reservados y esconderán su pecado porque no saben cómo resolverlos con Dios, mucho menos con sus padres. Pero si los padres les recuerdan con constancia la forma evangélica de lidiar con el fracaso, entonces puede que ellos eviten que sus hijos oculten sus pecados.
  7. No asumas que todo está bien en sus corazones, indaga. Pregunta más que el breve «¿Cómo estás?». Procura momentos a solas con ellos en su habitación o en el carro o en un restaurante donde solo estén tú y tu hijo. Sondea sus corazones, sus sentimientos, sus miedos, sus esperanzas, los retos que experimentan en el colegio y con sus otros hermanos. No te conformes con una respuesta superficial de una palabra. Cuéntales historias sobre tus propios sentimientos cuando eras un niño, tus propios fracasos y pecados y luchas, de modo que se abran a contarte. Pienso que pocas cosas suavizan a un hijo y le dan esperanza como saber que mamá y papá no son infalibles.
  8. Ayuda a tus hijos a encontrar buenos amigos, cristianos y piadosos. La Biblia dice que la mala compañía corrompe la buena moral (1 Cor. 15:33). Claro, queremos que nuestros hijos crezcan y que sean buenos evangelistas, pero es un error pensar que tener un amigo cercano que sea un inconverso es una buena preparación para esto. Hay una diferencia entre amar a los inconversos y amar lo que ellos aman. Para mentes jóvenes, impresionables, las armas de la guerra espiritual contra los poderes de maldad aún no están desarrolladas por completo.
  9. Asegúrate, si puedes, de que tus hijos tengan una buena iglesia donde están formando los hábitos de la adoración corporativa y del discipulado. Permite que te vean a ti, a papá y a mamá, amando la iglesia, adorando, cantando, orando y siendo miembros activos de la iglesia. Si eso es lo que quieres que ellos sean, necesitan verte siéndolo.
  10. En tu casa, establece protecciones a todos los aparatos electrónicos de manera que tu hijo esté bajo el mismo escrutinio que papá y mamá o viceversa. No los trates como indignos de confianza al tiempo que pretendes que estás por encima de todo escrutinio. Permite que sepan que toda la familia entiende el peligro de la pornografía (así como de otras distracciones superficiales) y que es muy fácil acceder a esta. Asegúrate de que sepan que mamá y papá comparten la misma preocupación, la misma carga, la misma propensión y la misma rendición de cuentas.
  11. Sugiero que papá y mamá formen una relación con una o dos parejas para establecer un plan de ayunar y de orar juntos. Quizás una vez a la semana o algo similar. Se saltan el almuerzo, se reúnen y oran durante treinta minutos por sus hijos. Oren que Dios ejerza su poder sobrenatural para obrar en sus hijos todos los sueños que tienen acerca de su piedad.

Estoy seguro de que hay otras cosas importantes que no he dicho, pero menciono estas once con la esperanza de que puedan estimular a nuestra amiga Molly a profundizar y a buscar su propia manera con sus hijos.