En los círculos cristianos solemos tener un lenguaje propio que usamos ante las circunstancias que se nos presentan. Hacemos uso de frases o versículos dependiendo de la ocasión, ya sea para nosotros mismos o para otras personas.  

Cuando un creyente enfrenta una dificultad, una prueba o cualquier situación que le produce temor, sufrimiento o desesperación recurrimos a «El Señor es mi pastor, nada me falta» (Sal 23:1 NVI), «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4:13 NVI), «Dios está en control de todo» o «Dios no te dará algo que no puedas soportar».   

El problema muchas veces es que usamos estas frases o versículos en piloto automático, sin pararnos a pensar en el significado tan profundo que tienen, y en el peso tan importante para nuestra vida espiritual.  

Son palabras que entendemos e interiorizamos. Las repetimos en los momentos necesarios. Sin embargo, hasta que no hacen clic con esa parte de nosotras que las hace reales, que nos permite entenderlas en su totalidad, no tienen sentido para nuestra vida realmente. No cobran un valor verdadero hasta que conectamos con esas palabras, y las hacemos nuestras cuando las necesitamos. Es entonces cuando forman parte de nosotras.  

Las palabras cobran sentido

Algo así me ocurrió con un versículo muy conocido. Quizá uno de los más usados y recomendados cuando algo nos va mal. O cuando necesitamos dirección. O con cualquier otra circunstancia que esté fuera de nuestro control. Esas palabras son «Clama a mí y yo te responderé» (Jr 33:3 NVI). 

Esas palabras se han repetido en mi mente una y otra vez. He intentado desentrañar su significado y probado si realmente Dios respondería a mi súplica si clamaba a Él. He clamado muchas veces a Dios, casi siempre me ha tocado esperar su respuesta y, no suele hacerlo como imagino o planeo en mi cabeza.  

No era capaz de entender por qué se tarda tanto si lo que le pido no se sale de su voluntad. ¿Por qué no respondía pronto? No entendía por qué no me respondía. Así clamaba más esperando que Dios hiciera algo.  

Con el tiempo me he dado cuenta de cuál era el problema. El problema estaba en que no entendía lo que significaba clamar a Dios. Esas palabras se las dijo Dios a Jeremías, y en ese capítulo, después de mostrarle su grandeza a Jeremías, Dios le dice que clame a Él. Entonces Dios le responderá con cosas grandes y ocultas que no sabe. El tipo de cosas que solo Dios conoce. 

Lo verdaderamente importante

El punto importante es que Jeremías no es el centro de esas palabras. Dios no enfoca las palabras que le ha dicho en él, ni en sus problemas y dificultades y, sabemos que las pasó. El centro de esas palabras era Dios mismo. Cuando Dios dijo: clama a mí, el profeta necesitaba depender totalmente de la soberanía y la voluntad de Dios.  

Así que, todo el tiempo que yo clamaba a Dios realmente lo había estado enfocando en mí y en mis necesidades. En mis oraciones Dios no era el centro, sino solamente el medio para salir de mi dificultad o de mi sufrimiento. Yo no buscaba depender de Dios y de su soberanía, sino que buscaba que Dios me quitara mis problemas lo antes posible. 

Hubo un momento en el que reflexionaba en esas palabras, y las comprendí. Hicieron clic dentro de mí. Entendí que realmente Dios es el centro de «clama a mí». Comprendí que mientras espero, Dios quiere que dependa de Él por completo. Se trata de depender de Él y no de ir tachando mi larga lista de peticiones. Se trata de confiar en la voluntad de Dios y sus tiempos.  

Orar y clamar a Dios

En nuestra vida enfrentamos dificultades y sufrimientos con más frecuencia de la que nos gustaría. Puede que no tengas suficiente para alimentar a tu familia, o que tus hijos se alejen de ti, por mucho que intentes evitarlo. Tal vez tu matrimonio no enfrenta un buen momento, o la enfermedad ha llegado a tu vida o a la de alguien a quien amas. Quizá la soledad te embarga y no has encontrado una comunidad de apoyo. 

Sea lo que sea que estes enfrentando, te animo a que clames a Dios y esperes su respuesta. Clama, depende y espera en Dios. Ora y clama para que las maravillas de su Palabra sean manifestadas y veas cosas grandes y ocultas que solo Él conoce. 

En tiempos difíciles confía en Dios y clama a Él de todo corazón y te responderá. Puede que no lo haga de la manera que esperas, pero Dios siempre responde, porque lo ha prometido y, Él siempre cumple sus promesas. Te animo a que confíes en su amor y misericordia, porque su amor nos sostiene.  

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Patricia es española. Licda. en Teología con énfasis en Biblia y Teología (Seminario Teológico Centroamericano). Estudia un Grado en Historia en la UNED, en España. Ha desarrollado su labor como misionera en Redcliffe College (Inglaterra), Iglesia Centro Bíblico El Camino (Guatemala), y en la Misión Liebenzell (Ecuador). Actualmente reside en España con su esposo Diego y sus hijos Lucas y Noah.