Aunque muchos creen que la mejor herramienta para luchar contra la pornografía es otra persona, la gran mayoría dice no tener a nadie en sus vidas que les pueda ayudar.[1]

La terminología estándar para alguien que te ayuda en la lucha contra la pornografía es un compañero de rendición de cuentas, alguien con quien regularmente te ves para, bueno, rendir cuentas. Es bastante sencillo.

Sin embargo, las relaciones de rendición de cuentas son notoriamente frágiles y difíciles de mantener. Muchas veces se apagan y se pierden. Cuando duran, pueden fácilmente desviarse del objetivo. Por otro lado, pueden terminar en una mentalidad del tipo: “Yo soy culpable; tú eres culpable. Así que bajemos el estándar y no nos hagamos sentir mal el uno al otro”. También pueden tornarse legalistas rápidamente: “Si hago cosas buenas, Dios me ama; cuando hago cosas malas, Dios me aborrece”. Por eso, prefiero la idea de amistades llenas del evangelio. Jared Wilson observa:

La integridad no se desarrolla en un vacío. Se hace o deshace en una comunidad de amigos donde el evangelio es bien aplicado. Podríamos llamarles “grupos de rendición de cuentas”, aunque el término ha sido apropiado por grupos moralistas de varones en la iglesia y distorsionado hasta volverlo una versión evangélica de los ritos de confesión católicos.[2]

Pero estos peligros no niegan los beneficios potenciales de estas relaciones. Aunque no leemos sobre grupos de rendición de cuentas en la Biblia, sí vemos algo parecido descrito en muchos lugares.

Por mencionar uno, considera el famoso pasaje sobre motas y vigas en los ojos. Jesús no dice que nunca deberíamos ayudar a otros con sus problemas, como si hacerlo nos convirtiera en hipócritas. No, cuando nos vemos correctamente y luchamos contra nuestro propio pecado, entonces veremos “con claridad para sacar la mota que está en el ojo de [nuestro] hermano” (Lc 6:42). Observa la palabra hermano que se refiere a aquellos dentro de la familia de la fe. Esto suena como rendición de cuentas sin ponerle la etiqueta: la extracción quirúrgica del pecado en la vida de un hermano por alguien que también está luchando contra el pecado en su propia vida.

En un artículo titulado “Man Chooses Self as Accountability Partner” [“Hombre se escoge a sí mismo como compañero de rendición de cuentas”], el sitio web satírico The Babylon Bee expone la locura de no tener amistades llenas del evangelio de forma humorística. La parodia dice así:

Consideré todos los candidatos en mi vida —escribe McKenzie en su blog—. Pensé y oré profundamente sobre este tema […]; necesito a alguien piadoso y maduro. Así que, la elección de compañero de rendición de cuentas es muy clara: yo mismo.[3]

Muchas veces vemos más claramente nuestras locuras cuando llevamos nuestras tendencias al extremo. Además de ofrecer un momento gracioso, este artículo nos da una clara lección: no debemos luchar solos. No debemos aislarnos de aquellos que nos aman lo suficiente como para hacer preguntas difíciles. Debemos buscar amistades profundas y realmente rendir cuentas, no por lujo sino por necesidad. Más aun, si queremos este tipo de relaciones, debemos estar dispuestos a ser amigos y compañeros de rendición de cuentas para otros.

Una rendición de cuentas saludable generalmente establece las reglas de antemano. Debes comenzar la relación con un entendimiento mutuo de cuánto tiempo y qué tan seguido se verán (p. ej., cada semana durante seis meses).

La verdadera rendición de cuentas requiere de absoluta honestidad. Esto será difícil, pero por eso es tan importante el entrenamiento funcional que discutimos previamente. De verdad necesitas humildad, el temor del Señor y la habilidad para enfrentar el conflicto. Si no estás cultivando estos rasgos, la rendición de cuentas no funcionará. Así que, cuando alguien sea absolutamente honesto contigo, dales el beneficio de no sorprenderte ni escandalizarte. La Biblia dice en repetidas ocasiones que somos pecadores y nuestra propia experiencia lo confirma.

Finalmente, si estás casado, te sugiero fuertemente que este compañero no sea tu esposa. Si utilizamos una metáfora: ella no necesita saber cada vez que te golpeas el pie. Pero si te rompes un brazo, probablemente debas ir y contárselo.

Preguntas de diagnóstico

  1. ¿Has estado en rendición de cuentas antes? ¿Qué ha funcionado bien? ¿Qué no ha funcionado?
  2. Si te encuentras en una rendición de cuentas que no es saludable ahora mismo, ¿qué necesitas hacer para volverla saludable? Si no estás rindiendo cuentas a nadie, ¿a quién podrías pedirle?
  3. Aquí hay una lista de preguntas posibles para reuniones de rendición de cuentas:
  4. ¿Qué porciones de la Palabra de Dios has memorizado para ayudarte con la tentación? ¿Has orado consistentemente a Dios por ayuda?
  5. ¿Durante qué tiempos y situaciones eres más vulnerable? ¿Qué estás haciendo para tratar con estos patrones?
  6. Reflexiona sobre tus momentos de fracaso. ¿Con qué diálogo interno justificaste tus acciones?
  7. ¿Qué sucedió en los diez minutos previos a mirar pornografía o a participar en pecado sexual?
  8. Si estás casado, ¿cómo se relacionan las altas y bajas en tu relación con tu cónyuge con tu deseo por escoger la pornografía?
  9. ¿Tienes pensamientos de lujuria pensando en tus amigas o compañeras de trabajo?
  10. ¿Tienes fantasías con tener sexo con alguien que no es tu cónyuge, en especial si conoces a esa persona personalmente?
  11. ¿Te has involucrado en toqueteos sexuales inapropiados con alguien?
  12. Cuando miras pornografía, ¿cómo la obtienes (teléfono celular, computadora, revistas, películas, televisión, otros)? ¿Qué estás haciendo para impedirte el acceso a estas herramientas?
  13. ¿En qué áreas de tu vida has visto mejorías desde la última vez que nos vimos?
  14. ¿De qué maneras dijiste no a la tentación esta semana pasada?

 


[1] The Barna Group, The Porn Phenomenon [El fenómeno pornográfico], 108.

[2] Jared C. Wilson, The Pastor’s Justification: Applying the Work of Christ in Your Life and Ministry [La justificación del pastor: cómo aplicar la obra de Cristo a tu vida y ministerio] (Wheaton, IL: Crossway, 2013), 96.

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