Cada mes de marzo leo el libro de Proverbios. No estoy seguro de cómo surgió esta tradición, pero siempre la espero con anticipación. En los últimos días he estado terminando el libro, leyendo esos capítulos jugosos cerca del final. Me llamó la atención la aplicación constante y continua a mi propia vida. Empecé a pensar en todas las aplicaciones que podía hacer enfocadas en los blogs, como una persona que publica un blog y como uno que lee y participa en otros blogs como comentarista. Mientras me sentaba y reflexionaba sobre estas cosas, comencé a sentir como un deja vu, y no me tomó demasiado tiempo darme cuenta de que había tenido estos mismos pensamientos el año pasado. Y, como tiendo a hacer, había escrito muchos de ellos. Resulta que muchos de los versículos que saqué de la lectura de este año estaban entre los que me habían llamado mi atención el año pasado. ¡Me encanta cuando eso sucede!

Así que estoy volviendo a esta lista de sabiduría de Salomón y añadiendo a ella lo que he aprendido durante el año pasado. Aquí está la sabiduría de Salomón, y la manera como podría aplicarse a algo tan simple como los blogs.

Piensa antes de publicar.

“¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras? Más esperanza hay para el necio que para él” (29:20). ¿Cuántos argumentos se evitarían y cuántas relaciones se sostendrían si la gente fuera un poco menos apresurada con sus palabras? Antes de publicar un artículo o antes de responder a uno, siempre (¡siempre!) es una buena idea volver a leer lo que has escrito y considerar si tus palabras expresan con precisión tus sentimientos y si expresar tales sentimientos es necesario y edificante. Recuerda también que la comunicación en línea, porque no es cara a cara, y  porque el destinatario no puede ver la expresión facial y la expresión corporal, a menudo puede causar confusión. El sarcasmo se pierde a menudo y la adición de una pequeña cara sonriente no significa necesariamente que una persona va a entender tu intención. Y ya que hablo sobre el tema, un corrector ortográfico tampoco hace daño.

Evita al necio.

“No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él” (26:4). Hay momentos en los que es mejor dejar a una persona necia envuelta en sus propias tramas en lugar de tratar de cambiarlo. A veces es mejor simplemente dejarla sola en lugar de proporcionarle más municiones con que trabajar. Hay algunos blogueros y algunos comentaristas a los que simplemente no vale la pena responder. Cuando te enredas con ellos, tienes más probabilidades de caer en necedades que de crecer en sabiduría.

Ayuda al necio.

“Responde al necio según su necedad, para que no sea sabio ante sus propios ojos” (26:5). ¡Aquí está la prueba innegable de que la Biblia se contradice a sí misma! ¿Debemos responder al necio de acuerdo con su necedad o no? Evidentemente, esta “contradicción” es deliberada y está en la Biblia para mostrar que no hay una ley absoluta en esta situación. Hay momentos en que la necedad debe ser expuesta, ya sea si el necio es alguien que crees que honestamente está buscando sabiduría, o si su necedad dañará a otros. Si un necio está impactando a otros, atrayéndolos a su necedad, debe ser expuesto por el bien de la salud de la Iglesia. Se necesita sabiduría y discernimiento (y, a veces, un consejo externo) para saber cuándo una persona es alguien con quien debes comunicarte o alguien que debes dejar a sus propias tramas.

Sabe cuándo alejarte.

“Cuando un sabio tiene controversia con un necio, este se enoja o se ríe, y no hay sosiego” (29:9). Hay momentos en los que necesitas alejarte en lugar de tener una discusión. Los necios no tienen ningún deseo real de aprender ni de llegar a ser sabios. En cambio, solo buscan oportunidades para proclamar la necedad en voz alta. Aléjate para que puedas tener paz. No vale la pena tener que lidiar con una receta para la presión arterial alta basada en argumentos continuos con un completo necio.

Cuida lo que lees.

“Como el que ata la piedra a la honda así es el que da honor al necio” (26:8). Ten cuidado de a quién lees y en qué sabiduría confías. Los necios pueden parecer sabios, pero aún así conducirán a otros por mal camino. Si le das honor a un necio al leer y escuchar sus palabras, eres tan necio como una persona que ata su piedra a la honda, haciendo que el honda sea inútil y quedando indefenso. Si no estás seguro de si vale la pena leer un sitio en particular de forma continua, puede que valga la pena buscar el consejo de uno o dos cristianos.

Sé humilde.

“Que te alabe el extraño, y no tu boca;el forastero, y no tus labios” (27:2). “El orgullo del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde obtendrá honores“ (29:23). Deja que otros te alaben. Si nunca recibes elogios de nadie, especialmente de aquellos que son sabios, puede ser un buen momento para examinar tu corazón y examinar si estás caminando en los caminos de la sabiduría. Aquellos que son mansos y humildes de espíritu recibirán honor en contraste con los soberbios quienes serán humillados. Si eres un bloguero, esto puede significar volver a examinar la lista de endosos y palabras de elogio que han publicado en la página principal de tu sitio.

Evita al arrogante.

“¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio? Más esperanza hay para el necio que para él” (26:12). Así como debemos ser humildes, debemos tener cuidado de no estar demasiado cerca de aquellos que son neciamente arrogantes. Hay más esperanza para un necio que para un hombre que es tanto necio como arrogante. Trata de aprender de las personas que muestran un corazón sabio y humilde.

No te metas en los asuntos de los demás.

“Como el que toma un perro por las orejas, así es el que pasa y se entremete en contienda que no es suya” (26:17). Si alguna vez has agarrado a un perro por las orejas sabes que inevitablemente te dará problemas. Agarrar a un perro extraño por las orejas traerá aún más problemas. Mantente alejado de las peleas de otras personas en lugar de meterte en ellas como si fueran tuyas. Evita las peleas que no son asunto tuyo y solo te expondrán a problemas y necedad. Después de todo, es el prudente quien “ve el mal y se esconde, [pero] los simples siguen adelante y pagan las consecuencias” (27:12).

No seas un alborotador.

“El que cava un hoyo caerá en él, y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá” (26:27). Aquellos que existen solo para traer problemas a otros pagarán un precio. Y desafortunadamente, en Internet hay muchos así. ¡No seas uno de ellos! Trata de edificar a los demás y llevar gloria a Dios, ya sea que publiques un blog propio o si prefieres comentar en los sitios de otras personas.

Examina por qué escribes.

“Gotera continua en día de lluvia y mujer rencillosa, son semejantes” (27:15). El proverbio habla de una esposa pendenciera, pero podría aplicarse fácilmente a cualquiera. Si estás escribiendo simplemente para ser pendenciero o porque disfrutas de una discusión, tal vez lo mejor es buscar algo más que hacer. Ya hay suficiente negatividad en el mundo y en Internet. Si te encuentras continuamente deprimido por lo que escribes, puede ser mejor encontrar un pasatiempo más edificante. “Como agua fría para el alma sedienta, así son las buenas nuevas de una tierra lejana” (25:25). Así como las malas noticias pueden echar abajo a una persona, así las palabras alegres la pueden animar.

Ten cuidado con lo que enseñas.

“Él que extravía a los rectos por el mal camino, en su propia fosa caerá; pero los íntegros heredarán el bien” (28:10). Aquellos que eligen enseñar a otros aceptan una gran responsabilidad, porque si engañan a otros, deben esperar que haya consecuencias. Así que ten cuidado de que lo que escribes y lo que enseñas esté de acuerdo con las Escrituras. Ora continuamente pidiendo la sabiduría de Dios.

Sé un amigo.

“Fieles son las heridas del amigo,pero engañosos los besos del enemigo” (27:6). Cuando una persona a la que conoces y en la que confías expresa algo que va en contra de las Escrituras, corrígela humildemente, pero con firmeza. Hazlo en un espíritu de amor, paz y paciencia.

Medita en lo que escribes.

“Como el agua refleja el rostro, así el corazón del hombre refleja al hombre” (27:19). Es una buena práctica revisar lo que escribes semanal o mensualmente. Lo que escribes es probablemente un reflejo preciso de tu corazón. Si tus palabras están llenas de ira y amargura, lo mismo puede ser cierto de tu corazón. Si tus palabras son sazonadas, medidas y alegres, también lo es tu corazón.

Camina con el Señor.

“El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado” (28:26). Y aquí está la clave de todo lo demás. Confía en el Señor más que en ti mismo. Camina con el Señor y por los caminos de sabiduría que se enseñan en las páginas de la Biblia. Sé un hombre sabio o una mujer de la Palabra, en lugar de un necio que confía en su propia sabiduría (o falta de la misma).