Vivimos ajetreadas, el trabajo en el hogar parece como si nunca parase. Siempre hay algo que hacer. Creo que muchas veces lo que mas nos frustra es que el trabajo en casa es repetitivo, como si no hubiese un propósito, un fin. Pensamos “Mañana tendré que lavar otra vez, tendré que doblar ropa y cocinar, etc.”. Añádele a esto el constante bombardeo por todos lados acerca de que nuestro trabajo es insignificante y tedioso. La posición y la influencia afuera del hogar es mas satisfactorio para la mujer moderna. ¿Qué hacemos entonces cuando como amas de casa nos sentimos abrumadas, cansadas y frustradas? Vamos a la Palabra a digerir verdad.

Míralo a Él

Realmente vivimos en tiempos difíciles por muchas razones obvias y he tenido el convencimiento que las mujeres debemos ser mujeres enraizadas en Su palabra para el llamado que se nos ha dado de ser fieles. Pero muchas veces el cansancio y la monotonía nos consumen y acudimos a fuentes rotas para tener un poco de
“descanso emocional y físico”. Acudimos a redes sociales, al teléfono y a cualquier otra cosa que no sea a la Palabra. Creemos que algo en nosotras nos va dar nuevas fuerzas para la tarea, pero entre más nos alejamos de nuestro Creador más agotadas nos sentimos.

Lo digo porque lo experimento cada vez que no recurro a la fuente de vida a Cristo. Amadas, tenemos que llegar al final de nosotras mismas y reconocer que nuestra fuerza es Él, nuestro Creador, Señor y Salvador. Si por gracia hemos recibido Su salvación, nuestra vida debe ser un constante recordatorio que ya no somos independientes, somos completamente dependientes del Fuerte y eso es algo muy bueno.

Isaías 40:29 nos dice que Él da fuerzas al cansado, es una promesa. Y, ¿cómo es posible esto? El versículo 28 dice que El es el Dios eterno que no se fatiga ni se cansa. Solo quien tiene todos los recursos de lo que necesitamos puede darnos y ser para nosotros lo que nosotros no producimos por sí solos.

Entonces, nuestro llamado primario es serle fiel a nuestro amo mirándolo a Él intencionalmente, buscando Su rostro en oración y conociéndolo por medio de Su Palabra que nos ha provisto para que lo conozcamos, lo atesoremos y le sirvamos dependiendo del Fuerte. Sé que muchas de nosotras estamos en diferentes etapas de vida con hijos de diferentes edades y también sé que en cada etapa que yo he vivido he podido aprender que tengo tiempo, sí lo tengo, pero debo depender de Su sabiduría y sus fuerzas para que mis días reflejen que la prioridad de mi vida es Él.

En pos de Él

Cuando entendemos que nuestra vida se trata de mirarlo a Él, entonces comprenderemos también que nuestro llamado como mujeres de Dios es a vivir en pos de Él. En 2 Crónicas 29:11 leemos que Ezequías queriendo seguir al Señor le mandaba al pueblo a ir en contra de la negligencia en sus vidas y a estar en pos de Él para servirle con corazones rectos. Ese es nuestro llamado hoy.

Ya que sabemos que estamos en Sus manos, que Él nos ha salvado para Su gloria, para perdonarnos y santificarnos debemos vivir con Cristo como nuestra más importante audiencia. En estos tiempos en los que somos tentadas diariamente a vivir en pos de otros a través de las redes sociales, miremos cómo eso nos tiende una trampa para distraernos de vivir en pos de Dios.

Queremos publicar nuestras actividades diarias, lo que comemos y hacemos, pero debemos cuidarnos de que nuestra energía y motivaciones sean consumidas por que otros vean el lado bonito de nuestra vida en lugar de estar más ocupadas sirviendo a nuestras familias con un espíritu de dependencia, amor y gozo en Cristo. Debemos suplicar al Señor que Él sea nuestro deleite, el que consume nuestros pensamientos y quien nos controla con Su amor para así dar en nuestros hogares lo que recibimos momento a momento de Dios.

Tu identidad en Él

Amada hermana, muchas veces nos sentimos cansadas y desanimadas porque vivimos queriendo probar a otros o a nosotras mismas que tenemos todo bajo control y podemos hacer mil cosas a la vez. Nos creemos nuestro propio salvador y el de nuestra familia. Vivir así es agotador.

Por eso, al mirar a Cristo en Su Palabra, debemos recordar una y otra vez nuestra identidad en Él, no por lo que hacemos o cómo nos vemos, sino por lo que nuestro Dios (Creador e Íntimo Salvador) dice de nosotras. Entonces miramos a la cruz (Efesios 1) y damos gracias a nuestro Padre, porque siendo rebeldes en nuestros pecados Él murió para sufrir el castigo que nosotras debíamos recibir. Sacrificó Su vida para darnos justicia delante del Padre, perdón de pecados y sellarnos con Su Espíritu Santo. Ahora, por esa maravillosa obra en la cruz nosotras sus Hijas somos adoptadas, aceptadas, perdonadas y amadas.

Mi posición y la tuya delante de Dios es segura de aquí a la eternidad no por lo que somos externamente y como otros nos ven, sino por lo que Jesús hizo a nuestro favor. Gloriémonos en Él solamente no en quien queremos mostrar que somos.

Para concluir, quiero animarte a ser una mujer que lo mira a Él, vive en pos de Él y entiende Su identidad en Él. Quizá tendrás que hacer ajustes en tu calendario diario, sacrificios en dejar algunas cosas, sustituir pensamientos y hábitos para que Cristo tenga tu atención primaria, pero Él ha prometido ayudarte, guiarte y sostenerte con Su poder para que vivas como Él te ha llamado a vivir, ¡no estamos solas!