Hace noventa meses, comenzamos un pequeño podcast titulado Ask Pastor John [John Piper Responde]. Hoy llegamos al episodio 1,500. Increíble. Esto solo es posible gracias al apoyo y compromiso de muchos escuchas alrededor del mundo —sus oraciones, sus reproducciones, sus correos electrónicos, sus sugerencias y su apoyo económico continuo. Muchas gracias. Y cuando tomas en cuenta todas las reproducciones —de diversos reproductores de podcast, la aplicación de APJ (disponible en inglés), las reproducciones desde el sitio web y todas las reproducciones en YouTube— estamos rápidamente avanzando hacia los doscientos millones de reproducciones totales. Eso me impresiona.

Es especialmente notable porque, como algunos saben, diseñamos este podcast para cubrir el año 2013 cuando el Pastor John estuvo en Knoxville por un año. Queríamos una manera de mantener su voz cerca de Desiring God. Funcionó. Y planeábamos llegar hasta el episodio 400. Pero el episodio 400 fue básicamente nuestro lanzamiento. Ese episodio épico provocó un impulso que siguió creciendo año con año.

Así que, Pastor John, aquí estamos noventa meses después. Demos un paso atrás y meditemos sobre esto. Háblenos acerca del trabajo, en especial acerca de su propio trabajo. La gente ve su ministerio y dice que ha escrito mucho, disertado mucho, logrado mucho. ¿Qué ha aprendido acerca de su propia productividad personal? ¿Qué consejos sabios sobre productividad o creatividad puede compartirnos en este episodio especial de John Piper Responde?

Bueno, tengo algunas cosas en mente. Dejaré a juicio tuyo y de otros si son consejos sabios o no.

La productividad es un trabajo en equipo

Tú sabes tan bien como yo, Tony, que los podcasts como este no surgen gracias a solo una persona. No existiría este podcast sin tu ayuda seleccionando preguntas, dominando los sistemas, editando los episodios, publicándolos en Desiring God. Y no existiría sin el equipo de expertos informáticos en Desiring God y de los expertos en mercadeo. Creo que la primera lección, la primera pizca de sabiduría es, tal vez, que cualquier persona productiva debe aprender que nadie es una isla.

Somos parte de un cuerpo y “el ojo no puede decir a la mano: No te necesito” (1 Corintios 12:21). Y si me encuentro andando por ese camino, escucho las palabras del apóstol Pablo: “¿Qué tienes, Piper, que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?” (ver 1 Corintios 4:7). Y entonces lo escucho decir: “He trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí” (1 Corintios 15:10). Pablo está siempre listo a no tomar el crédito por su productividad como apóstol.

Y si continúo por ese camino, me doy cuenta de que tengo una esposa que ha sido un apoyo espectacular durante 52 años, nunca quejándose. Me detengo aquí, Tony, para pensar: ¿Ahora, estás exagerando, Piper? Mi memoria es limitada, así que todos deberían tomar esto con un poco de cautela. Pero, hasta donde tengo memoria, no recuerdo una sola vez en que Noël Piper me haya encarado, de buena o de mala manera, acerca de todos mis estudios, escritura o conferencias. Así que no puedo imaginar mi vida sin ella.

Pero recientemente he estado meditando, especialmente con esta meta tan cercana y mirando cincuenta o sesenta años atrás, preguntándome: ¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo surgieron libros, sermones, lecciones, clases y episodios de John Piper Responde? Tengo algunas cosas en mente que podrían alentar a otros que van conmigo en el camino al cielo y que quieren ser fructíferos y productivos en el trayecto y no desperdiciar sus vidas. Así que aquí están algunos consejos.

1. Sabe por qué estás aquí

Ten una visión clara de por qué existe todo, incluyéndote a ti mismo. Hay pocas cosas que me han sido de tanta ayuda como descubrir lo que Jonathan Edwards llamaría el fin con el cual Dios creó el mundo, incluyendo el fin con el cual Él me creó a mí. Yo solía llevar en mi cartera un pedazo de papel que básicamente decía: “Tú existes para esparcir una pasión por la supremacía de Dios en todas las cosas para el gozo de todos los pueblos”. Nunca, nunca, nunca, nunca lo olvides. Llévalo en tu propia cartera. Si no, al menos en tu consciencia todo el tiempo. Sabe por qué estás en este planeta. Ese es el primer consejo.

2. Abraza tu papel como subcreador

Es de tremendo ánimo para mí el darme cuenta de que, como ser humano, he sido destinado para ser un hacedor. Yo descubrí esto cuando leí en la universidad La mente del Hacedor (The Mind of the Maker) de Dorothy Sayers. Dios es el Creador-Hacedor, y él creó a los seres humanos a Su imagen como creadores-hacedores secundarios. “Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2:15). Veremos cómo es eso sinónimo de hacer y crear en unos momentos.

“Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras” —hacer bien, elaborar bien (Efesios 2:10). Y no solo estoy hablando de artistas y escritores; estoy hablando de cada ser humano. La palabra griega poieō significa “hacer” o “elaborar”. ¿Por qué será eso? Y el griego no es el único idioma en el que eso es cierto. Hay muchos idiomas (como el español) en los que una palabra (hacer) refiere a los dos conceptos. ¿Por qué será esto? Y yo sospecho que es porque “hacer” es “elaborar” algo diferente que su original —enteramente.

Así que todos nosotros somos creadores, hacedores, en cierto sentido. Cada vez que actuamos, cada vez que hacemos algo, convertimos algo en otra cosa —transformamos una situación en algo diferente: un campo rocoso en un jardín, un palo en una lanza, una recámara en un hogar, una vaca en un bistec, harina y azúcar y fruta en una tarta de manzana, nieve en un mono de nieve, sonidos en melodía, fuego en lámparas y calentadores y movimiento, once hombres en un equipo de fútbol y así sucesivamente. Todos somos hacedores.

Y esa verdad me ha saturado de tal manera que encuentro un enorme placer creando cosas —en mi caso, principalmente con palabras: sermones, artículos, libros, poemas, episodios de John Piper Responde. Y, si le preguntaras a mi esposa, te diría: “Bueno, no solo con palabras, sino también con habitaciones desarregladas”. Piper tiene un nivel muy bajo de tolerancia al caos. De verdad; no me gusta. Dondequiera que veo caos, pongo manos a la obra. Tan pronto como veo caos en el pensamiento, o caos en una habitación, o caos en la manera como crece el pasto o como se esparcen las malas hierbas, pongo manos a la obra. No me gusta dejar el mundo como está. Tiene que ser un lugar mejor: más hermoso, más ordenado, más maravillosamente fructífero.

Así que, me encanta componer cosas, cosas que tienen un principio y una mitad y un final, y coherencia y belleza. Estoy enamorado de ser un hacedor desde hace mucho tiempo. Y creo que tiene que ver con que soy humano.

3. Descubre la diferencia entre pereza y descanso

Tenemos que descubrir y abrazar, celosamente, la diferencia entre pereza y descanso, desidia y esparcimiento. Escribí un poema hace siete años titulado “Pilgrim’s Conflict with Sloth” [El conflicto entre Peregrino y Pereza]. Puedes escucharlo completo en inglés en Desiring God. La pereza, personificada, me trata de seducir a mí, John Piper, mientras dejo el pastorado y me muevo de tiempo completo a Desiring God, con la verdad a medias de que Jesús dijo: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Permíteme leer un pequeño fragmento del poema, mi respuesta a Pereza, porque es absolutamente crucial que la gente aprenda la diferencia entre pereza y descanso. Esto es lo que respondí:

¡Vive Dios!

Oye, Pereza: Él da descanso

Bajo un yugo —un dulce legado,

Con sangre comprado y atado

Sobre cada santo fatigado.

La tregua de nuestro labrar:

Él sabe mi pena aliviar,

Él toma mi yugo y me quiere llevar.

Mis obras, mías propias no son;

De Jesús el Señor son un don.

Su gracia compró y empodera

Cada empresa. Y, escucha, Pereza:

Hecho fui y redimido por Él,

Cocreador en el mundo de Aquel

Que primero lo formó —para ver

El Cielo y luego a la tierra volver

Mas bella; aprender, conocer

Para hacer y formar y adornar

Componer y una vara transformar

En pluma que escribe y relata

Una nueva y hermosa sonata;

Para cantar, construir y pintar

Y de Su verdad al mundo llenar.

Por esto Dios habló y Jesús se entregó.

Este es mi yugo, mi alegre yugo.

Mi trabajo, Pereza, no quieras robar,

Pues yo fui creado para crear.

Yo sé, Tony, que todos aquí saben que hay un lugar —un lugar absolutamente crucial— para el descanso y esparcimiento. El principio del Sabbat sigue vigente. Debemos conocer la diferencia entre pereza y descanso, desidia y esparcimiento. Ese es el número tres.

4. Has las paces con la imperfección

Si vamos a realizar nuestro trabajo fiel y abundantemente (cuando digo abundantemente, tengo en mente 1 Corintios 15:58: “Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”). Trabaja mucho. No debemos ser paralizados por la perfección y el infinito. Tomé este artículo que archivé en 1970. Lo tomé y lo volví a leer. El historiador Arnold Toynbee dijo: “Todo trabajo del hombre es imperfecto, porque la naturaleza humana lo es; y esta imperfección intrínseca en los asuntos humanos no puede ser superada por la procrastinación”.

Eso es asombroso. Ese consejo es increíblemente fructífero. Muchas personas fallan en su productividad porque no dejan de ver su (inevitable) imperfección en la cara y dicen: “Bueno, esperaré otro día”, como si esperar otro día mejoraría las probabilidades de superar la imperfección. Este es un consejo increíble y asombrosamente fructífero.

Y después dice algo muy práctico. Él dice: “Sin darme cuenta, me había puesto en el cuadrilátero contra el infinito. Para lograr desenredarme, diseñé una manera para detener mi propia infinidad. En lugar de continuar adquiriendo conocimiento ad infinitum” y vaya que esa es una tentación al prepararnos para un episodio de John Piper Responde, ¿no? Cada pregunta debería tener un libro para responderla. Cada pregunta requeriría días y días de investigación. ¿Qué voy a hacer entonces? Él dice lo siguiente: “comencé a hacer algo con el conocimiento que ya poseía y este uso activo del conocimiento le dio dirección al futuro de mi adquisición de conocimiento”.

Y creo que una de las principales razones por las que he sido tan productivo es que hice las paces hace décadas con la imperfección y la finitud. No tengo ilusiones, Tony, de que pondré la última palabra sobre ningún tema. Mi trabajo, mientras viva, es hablar la verdad como la veo en la Palabra de Dios tan bien como pueda y dejar que Dios haga lo que Él quiera con esa imperfección.

5. Actúa sin demora

He escuchado esto de Arnold Toynbee, Martyn Lloyd-Jones, Jonathan Edwards y otros; es decir, actúa sin demora tan pronto como sientas que tu mente está lista para la acción. En otras palabras, las ideas influyentes, los pensamientos fructíferos trascendentales, nos vienen en la noche, mientras leemos, meditamos, oramos, caminamos, jugamos; y si no los capturas de alguna manera, por escrito, casi por seguro los perderás. Así que, como dice Toynbee: “Actúa sin demora cuando tu mente está lista con entendimiento”.

6. Tala un poco cada día

Rápidamente, dos más que tienen que ver especialmente con John Piper Responde y con el hecho de que estamos casi en 1,500 cuando en algún momento pensamos: Wow, llegar a 400 sería una locura. Debemos estar plenamente convencidos de que golpes continuos y pequeños con una buena hacha afilada tirarán, con seguridad y tras unos cuantos cientos de golpes, un árbol muy grande.

Le dije a Noël ayer por la noche:

—¿Sabías que estamos en el episodio 1,500 de John Piper Responde?

Se rio y dijo:

—Como tus 15 minutos al día de lectura.

Porque ella recordaba el hecho de que, durante varias temporadas en mi vida, siendo un lector lento, he dicho: “Muy bien, voy a leer una novel bien grande. Lo voy a hacer leyendo 15 minutos al día”. Y aún sigo haciendo ese tipo de cosas. Al hacer algo, doy un pequeño golpe cada día y el árbol terminará por caer. Toma una buena hacha, da golpes con regularidad y tendrás buen avance.

Si cada vez que tomas el hacha tienes que ver el árbol caer, te pasarás la vida en pequeños proyectos. Hay grandes árboles dignos de ser transformados en hermosas casas que solo pueden ser tirados con mil golpes pequeños pero fieles.

Cuando tenía 23 años en el seminario en 1970, Geoffrey Bromiley fue mi profesor de historia de la iglesia. Él tradujo los diez volúmenes complejos de Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament al inglés con el título Theological Dictionary of the New Testament [Diccionario teológico del Nuevo Testamento] —diez volúmenes azules bien grandes llenos de griego, hebreo, francés y alemán. Y, por cierto, es también profesor de historia de la iglesia. Le pregunté: “¿Escribirías un ensayo para nuestra revista estudiantil sobre cómo trabajas?”. Él escribió la siguiente oración: “Sería interesante notar que dos y media horas al día significan dos y media páginas del Diccionario al día, doce y media páginas a la semana y quinientas sesenta al año —un promedio constante que haría posible una publicación relativamente rápida”. “Relativamente rápida” probablemente significa un volumen cada dos años, como veinte años para el proyecto entero. ¡Qué lección para mí de 23 años! Sigue talando. Sigue talando hasta completar cualquier tarea que tengas que lo valga.

7. Emociónate por lo que viene adelante

Finalmente, Tony, creo que debo decirles a todos que hagan el principio del apóstol Pablo su lema: olvidando lo que queda atrás, prosigo a la meta (Filipenses 3:13-14). En otras palabras, nunca llegues al punto en tu vida donde estás más contento con lo que ya has hecho que emocionado con lo que falta por hacer. En cada etapa, ya sea que tengas 24, 44, 64, 74, 84, ora con todo tu corazón: “Oh, Dios, has que la siguiente temporada de mi vida sea la más fructífera de todas para la supremacía de Dios en todas las cosas para el gozo de todos los pueblos”.

Así que ha sido una buena carrera, Tony; 1,500 es una buena carrera. Pero ahora comenzamos los segundos 1,500. “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:15).

Amén. Yo sé que hablo por mucha gente cuando le digo: Gracias, Pastor John, por invertir tanto de su vida y pensamiento en los cientos de horas de su tiempo representadas en estos 1,500 episodios. Y si las preguntas que nos hacen son buen indicador, tendremos mucho de qué hablar hasta el episodio 3,000.

No pienso que vayamos a quedarnos sin preguntas. Pienso que sí nos quedaremos sin vida tarde o temprano. Pero el Señor gobierna eso.

Sí que lo hace. ¡Gracias, Pastor John!