A través del celular intentaba consolar a Mary, una amiga con dos hijos
pequeños que acababa de perder a su marido por Covid-19. A unos cuantos
pasos de mí, bañado en lágrimas, mi esposo se tocaba la cabeza con ambas
manos. Su mejor amigo, su hermano, había muerto.

En ese momento de confusión, mis palabras de aliento parecían inútiles. Sentí
una extraña sensación de inmovilidad. Quería correr al aeropuerto, tomar un
avión y volar hacia Venezuela. Sin embargo, Mary se expresaba con una
impavidez gloriosa. Al escucharla, supe de inmediato que Aquel que está cerca
de los quebrantados de corazón la sostenía fuertemente en Su regazo.

Durante este año de suplicios, tres amigas cristianas sepultaron a sus esposos,
mi madre perdió a una de sus amigas más cercanas, y mi esposo perdió a su
más fiel y verdadero amigo. Estoy segura de que tú también tienes tu propio
inventario de familiares y amigos fallecidos.

Para una mente que no ha sido renovada por el poder del Espíritu Santo, dar
gracias a Dios en los momentos de profundo sufrimiento no tiene sentido. Pero
las personas que hemos depositado nuestra confianza en el inmenso amor de
Dios —un amor que lo llevó a sacrificar a Su propio Hijo por nuestra salvación—
, le damos gracias con sincera devoción tanto en los buenos como en los malos
tiempos.

Dar gracias a Dios es un mandato. El apóstol Pablo enseñó: “Den gracias en todo,
porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tes. 5:18). Te
has puesto a pensar ¿por qué Dios quiere que seamos agradecidas aun cuando
nos consumimos de dolor?

Todas las cosas que nuestro Padre bueno nos ordena son para nuestro bien. Lo
creas o no, lo entiendas o no, si eres hija de Dios tienes el llamado a agradecer
en toda circunstancia. Este mandamiento demanda un sacrificio.

Un sacrificio de gratitud

“El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra” (Sal. 50:23).
Un sacrificio siempre cuesta algo. Demanda un esfuerzo de nuestra parte,
algunas veces, enorme. Los sacrificios demuestran cuán grande es nuestro amor
y lo que estamos dispuestas a hacer por el ser amado. “Porque de tal manera
amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en
Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

Cristo es nuestro mejor ejemplo de amor sacrificial. Vemos Su amor claramente
en la cruz. Jesús se dio a sí mismo como ofrenda viva por nuestros pecados. Con
Su sangre pagó el precio de nuestra salvación. ¡Y lo hizo por amor!

En honor a Su sacrificio inmerecido, quiero animar a mis amigas viudas, a mi
madre que en su vejez le ha tocado vivir sola, a mi esposo que llora a su mejor
amigo y a todas mis hermanas cristianas que navegan por las turbulentas aguas
del dolor, a ofrecer por medio de Jesús un sacrificio continuo de gratitud.

He aquí 20 razones para despedir el 2020 con acción de gracias:

1) Demos gracias a Dios porque nada ocurre en el cielo y en la tierra sin que Dios
lo apruebe (Sal. 103:19).

2) Demos gracias a Dios porque “demuestra su amor para con nosotros, en que
siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8).

3) Demos gracias a Dios porque en Cristo “tenemos redención mediante Su
sangre, el perdón de nuestros pecados según las riquezas de Su gracia” (Ef. 1:7).

4) Demos gracias a Dios porque todo lo que nos sucede, tanto bueno como malo,
es para nuestro bien y para Su gloria (Rom. 8:28).

5) Demos gracias a Dios porque en nuestras aflicciones somos transformadas
conforme a la imagen de Jesucristo (Rom. 8:29).

6) Demos gracias a Dios porque Su poder se perfecciona en nuestra debilidad (2
Cr. 12:9).

7) Demos gracias a Dios porque está cerca, especialmente cuando tenemos
quebrantado el corazón (Sal. 34:18).

8) Demos gracias a Dios porque “nos consuela en todas nuestras tribulaciones,
para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier
aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por
Dios” (2 Cr. 1:4).

9) Demos gracias a Dios porque las pruebas purifican nuestra fe de la misma
forma que el fuego purifica el oro (1 Ped.1:7).

10) Demos gracias a Dios porque lo que hoy estamos soportando no es digno de
ser comparado con la gloria que nos ha de ser revelada (Rom. 8:18).
11) Demos gracias a Dios porque no hay condenación para los que están en
Cristo Jesús (Rom. 8:1).

12) Demos gracias a Dios porque el Espíritu Santo intercede por nosotras con
gemidos que no pueden expresarse con palabras (Rom. 8:26).

13) Demos gracias a Dios porque no hay nada ni nadie que nos pueda separar
de Su gran amor e infinita misericordia (Rom. 8: 35).

14) Demos gracias a Dios porque volveremos a reír y a lanzar gritos de alegría
(Job 8:21).

15) Demos gracias a Dios porque, aunque nuestro cuerpo físico se está
desgastando, por medio de Jesucristo nuestros espíritus se renuevan día tras
día (2 Cr. 4:16).

16) Demos gracias a Dios porque cuando partamos de este mundo iremos a vivir
en una casa eterna en los cielos (2 Cr. 5:1).

17) Demos gracias a Dios porque nuestro Redentor vive y un día nuestros ojos
lo verán (Job 19:25).

18) Demos gracias a Dios porque secará las lágrimas de nuestros ojos y nunca
más volveremos a llorar (Apoc. 21:4).

19) Demos gracias a Dios por nuestra familia y amigos salvos (2 Tim. 1:9).

20) Demos gracias a Dios porque llegará el día en que los salvos estaremos de
pie delante del trono y delante del Cordero; con vestimentas blancas y con ramas
de palmas en las manos, clamaremos al unísono: “La salvación pertenece a
nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero” (Apoc. 7:9-10).